En México, el 55.1% de las personas ocupadas trabajaba en la informalidad en el segundo trimestre de 2026 (INEGI).
No basta con generar empleo: necesitamos condiciones para acceder a seguridad social, mayor productividad y mejores oportunidades.
Eso también es bien común.
Una sociedad no se sostiene sólo con derechos; también necesita deberes.
Cumplir la ley, trabajar bien y cuidar lo que es de todos quizá no dé una recompensa inmediata. Pero el bien común empieza cuando hacemos nuestra parte sin preguntar qué recibiremos a cambio.
México cambia cuando dejamos de vernos sólo como habitantes de un territorio y empezamos a entendernos como miembros de una comunidad.
Pertenecer implica reconocer que lo que hacemos —y lo que dejamos de hacer— también afecta a los demás.
México necesita ciudadanos capaces de entender que el beneficio propio y el bien común no tienen por qué ser enemigos.
Una sociedad progresa cuando entendemos que cumplir nuestras responsabilidades también mejora la vida de alguien a quien nunca conoceremos.
Un país no se construye únicamente preguntándonos qué puede hacer por nosotros.
También exige preguntarnos qué responsabilidad tenemos con él.
El bien común empieza cuando hacemos lo que nos corresponde incluso cuando nadie nos premia, nos reconoce o nos devuelve el favor.
Hay una diferencia entre tener información y tener criterio.
Información es saber muchas cosas.
Criterio es saber cuáles importan y cuándo cuestionarlas.
En una época con acceso casi ilimitado al conocimiento, quizá el verdadero lujo intelectual sea saber pensar.
"Qué hombre no se goza de la castidad de sus hijas? Ama en ti mismo lo que amas en tu hija. Amalo en la mujer ajena, puesto que también tu hija será mujer de otro. Ama, pues, la castidad también en ti."
San Agustín. (Serm. 343, 7)