Cuando todo sale bien, no nos detenemos a reflexionar sobre ello. Solo cuando ocurre un contratiempo, nos detenemos, analizamos la situación y decimos:
¡Claro, es la Ley de Murphy!
Una vez que desaparezca por completo ese apego emocional, entenderás que nunca fue tan extraordinario. La chispa, el brillo que tanto admirabas... en realidad era tu propia luz reflejándose en esa persona.
Ya no soy el mismo de hace un mes, ni de hace seis. Hay algo en mi que ha cambiado. Lo que antes me desbordaba, ahora lo gestiono y lo que antes me desesperaba, ahora lo analizo. He evolucionado y este cambio me va a traer cosas buenas.