Imagínate estar hablando mal de mí, y yo en mi casa sola, sin hablar con nadie, sin hacerle daño a nadie, solo tratando de entretener mi mente para no volverme loca por todo lo que está pasando en mi vida y repitiéndome una y otra vez que si voy a poder..
te dediqué mi tiempo, te ayudé, te saqué sonrisas, te aconsejé, te quise, te di lo mejor de mí, quise ayudarte para que salieras adelante… y me dejaste ir, haciéndome sentir que no fue suficiente nada de lo que hice o que quizá simplemente tú no valías tanto la pena
Mejor sola, porque a mi si me afecta una nota, un compartido, el tono de voz, el trato que me das, que estés en línea y no me contestes, en fin el desinterés.
Hice todo el ruido que pude. Grité hasta quedarme sin voz, expliqué lo inexplicable, hablé cuando sentí que dolía demasiado. Pedí, insistí, me despedí una y mil veces pensando que tal vez, eso sería suficiente para que algo cambiara, pero física y mentalmente ya no podía más.