Cómo es que están dando la inauguración, los artistas cantando, hablando... y los comentaristas hable que hable!!
Mal educados, queremos oir lo importante no sus "comentarios"
Aún no se ha leído la condena. Pero para muchos de nosotros —ciudadanos, abogados, observadores de la política y del alma nacional— lo que viene es evidente. No por justicia plena ni por certeza probatoria, sino por un clima cuidadosamente ambientado desde que comenzó el día. Hoy no asistimos solo a una audiencia judicial: asistimos a la consolidación de una narrativa. A la formalización de un veredicto que, desde hace rato, venía escrito en el aire.
Lo que se juzga es al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero lo que se condena —desde la emocionalidad, desde lo simbólico, desde cierta cultura jurídica con sesgo ideológico— es su figura, su pasado, su forma de entender el país. Es la primera instancia de un proceso que apenas comienza, sí. Pero también es el momento donde la historia se empieza a reescribir a fuego lento, y donde los símbolos se reordenan.
Porque hoy, más allá de lo jurídico, Álvaro Uribe se ha convertido en algo que hacía mucho no era: el centro emocional del país.
Durante años fue el jefe del Estado, el estratega, el caudillo, el opositor, el senador, el presidente más influyente de nuestra historia reciente. Pero también fue, por momentos, una figura desgastada, criticada, vilipendiada. Como toda figura de poder. Sin embargo, lo que ocurre hoy no lo derrumba: lo consagra. No como un político cualquiera, sino como un hombre que ha entregado incluso su libertad por el país que dice amar.
Uribe no se escondió. No huyó. No pidió asilo. No grabó un video desde una finca en el exterior. Uribe dio la cara, entró por la puerta, y ha enfrentado el proceso con la misma dureza estoica con la que gobernó. Ha hecho algo que pocos en este país hacen: someter su nombre, su pasado, su vida entera al escrutinio judicial y público, sin pedir compasión y sin ceder principios.
Y eso, tiene un poder inmenso. Porque en un país donde abundan los discursos y escasean los gestos reales, jugarse la libertad no es un gesto político: es un acto histórico. Estamos ante el acto más alto de entrega política en la historia reciente de Colombia.
No, Álvaro Uribe no es una víctima. No es alguien que haya buscado conmiseración. Lo que es ahora, más bien, es algo mucho más potente: un testigo de época. Un testimonio humano de lo que significa vivir con y para Colombia, incluso a costa de uno mismo.
La jueza, incluso, lo dijo con sus palabras: que ha sido estoico, respetuoso, presente. Y lo ha sido. Su figura, hoy, no se achica: se eleva. Como símbolo, como punto de convergencia de una indignación, y también como piedra angular de una recomposición política que ya se siente venir.
Porque este fallo —que aún no se ha firmado, pero que ya muchos leemos entre líneas— no debilita a la derecha. La reactiva. No aplasta al uribismo. Lo relanza. No divide. Reunifica.
Con Uribe condenado —y eso sí, hay que decirlo con toda la fuerza: injustamente condenado— el país no lo entierra. El país lo transforma. Y en ese giro, la derecha, si actúa con inteligencia, vuelve al centro del tablero político. Pero esta vez, no desde el gobierno, sino desde el relato.
Uribe no logró todo esto cuando tenía a Duque en la presidencia. Porque entonces tenía el poder, pero no el alma política. Hoy, en cambio, desde su condición de acusado, recupera algo mucho más difícil de conseguir: legitimidad simbólica. Vuelve a ser el punto alrededor del cual gira el sentimiento de injusticia, de persecución, de defensa del Estado, del orden, de lo que muchos sienten como “la Colombia que se nos fue”.
Y eso, cuando se encarna con dignidad, es más fuerte que cualquier oficina presidencial.
Es claro que la batalla judicial apenas comienza. Pero la política, la historia y la narrativa ya tomaron un rumbo nuevo. Lo que está en juego ahora no es solo la suerte de un hombre, sino la dirección emocional del país. Y Álvaro Uribe, como nadie, sabe caminar sobre esa línea invisible entre la fuerza y la fe.
Hoy Colombia no lo está viendo caer. Lo está viendo resurgir.
El Calígula Zipaquireño otra vez hablando mierda para impresionar con frases vacías. ¿"Nube algorítmica del pensamiento humano"? ¿Productividad según el capital? ! Este tipo se cree un visionario, pero solo es un pobre hijueputa.
Jajajajajajajajajajajajaa
Esto es muy bueno
Su presidencia es una cosa desastrosa
Y por quedarse dice cualquier cosa 🎵
Felicitaciones a su autor 👌
A replicar en todas sus redes
Un niño japonesito llega a Estados Unidos y el papá lo inscribe en la escuela.
El primer día de clase, la maestra presenta a Suzuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado.
Luego la maestra les dice a los alumnos :
-"Hoy empecemos repasando un poco de historia de América.
-¿Quién dijo "Denme la libertad o denme la muerte"?
La clase se quedó callada, excepto Suzuki:
-"Lo dijo Patrick Henry, 1775"
-"Muy Bien!. Dijo la maestra
- ¿Quién dijo "el gobierno del pueblo para el pueblo, no debe desaparecer de la faz de la tierra"?
De nuevo, ninguna respuesta de la clase, salvo Suzuki:
- "Abraham Lincoln, 1863".
La maestra, asombrada, les dice:
- "Chicos, debería darles vergüenza. Suzuki que es nuevo en nuestro país, sabe más de nuestra historia que ustedes".
La maestra alcanza a escuchar un susurro:
-"¡A la mierda con los malditos japoneses!".
-¿Quién dijo eso?, preguntó la maestra.
Nuevamente Suzuki levanta su mano y dice:
-"Douglas Mc Arthur, 1942"
La clase queda muda y uno de los chicos alcanza a decir:
"Voy a vomitar".
La maestra trata de ver quién fue el irrespetuoso:
- "Ya basta… ¿quién dijo eso?
Y Suzuki dice:
-"George Bush padre, al Primer ministro japonés, 1991".
Uno de los alumnos, furioso, le grita al japonés desde el fondo:
-"Chupame ésta!".
Suzuki, casi saltando en su silla, le dice a la maestra:
- "Bill Clinton a Mónica Lewinsky.- 1997” .
El que era el número uno de la clase gritó:
-"Estaba primero hasta que llego este japonés de mierda. "
Y Suzuki Contesta: -"Mario Vargas Llosa - Elecciones peruanas, 1990".
La clase entra en un estado de histeria. La maestra se desmaya, cunde el caos.
Mientras los chicos se arremolinan alrededor de la desvanecida maestra, uno de ellos –exclama:
"¡Mierda, ¿ y ahora cómo salimos de este desastre sin que se den cuenta de que la cagamos ?"
.
Y Suzuki responde:
"Gustavo Petro. Bogota, 2024"
Re-Puto Ptro!
Putos gobiernos anteriores
Putos todos los que votamos sin conciencia
Re-Putos quienes no votan
Ahora que?
Alistamos tenis pa echar pata como los vecinos?
While all events come with their fair share of challenges, this event came with many extraordinary ones. It is the first time in over 100 years history of World Scout Jamborees to face such compounded challenges, from untimely floods to an unprecedented heatwave and now a typhoon!
Despite a bumpy start with organizational challenges of services and facilities, the Jamboree was starting to get into full swing and encompass the true spirit and nature of Scouting. It’s disappointing that these extreme weather events are impacting this unique gathering of 158 nations coming together to connect, learn new skills, and experience different cultures.
Putting the health and safety of all our participants first, we took the decision to relocate young people and volunteers to other locations. This is not an easy task to move over 40’000 people in one day. But if anyone can do, it’s Scouts!
The biggest takeaway is the true resilience of Scouts throughout all the challenges of the past week. This Jamboree is - probably more than any other before - about the persistence, creativity and resilience of young people in the face of adversity.
We will overcome this challenge as we overcame other challenges. Scouts will stay in Korea and will carry the spirit of this Jamboree with the aim of reuniting for a closing event that brings us all together before departing. Keep it up, Scouts!
𝐋𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐧𝐨 𝐯𝐚𝐥𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐚
Un hombre se levanta temprano porque, después de cuatro meses sin trabajo, por fin tiene una oportunidad laboral. Es lunes, su mujer lo encomienda a la Santísima Trinidad, 𝐬𝐞 𝐦𝐨𝐧𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐯𝐢𝐞𝐣𝐚 𝐛𝐢𝐜𝐢𝐜𝐥𝐞𝐭𝐚 y se va a toda velocidad.
A la misma hora, otro hombre deambula por la calle con un largo tubo al hombro. En la zona lo reconocen como un consumidor habitual de cualquier vicio. Lo que sea.
Cuatro minutos después de las seis de la mañana, 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐭𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐳𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐨𝐬. Sin pensarlo dos veces, el hombre del tubo lo agarra como bate de béisbol y cuando ve venir al ciclista lo derriba de un sólo golpe en la cabeza. El obrero no llegará a su cita de trabajo porque unos minutos después, fallecerá en plena vía pública. 𝐍𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐫𝐚́ 𝐧𝐢 𝐥𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐢́𝐬𝐢𝐦𝐚 𝐓𝐫𝐢𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝.
Nadie ha visto nada, excepto una cámara de seguridad que registra la crueldad del momento mientras graba cómo, con absoluta tranquilidad, el asesino alza la bici, la monta y huye a bordo de su botín, dejando atrás -herido de muerte- a su víctima. 𝐔𝐧𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐢𝐜𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐞𝐣𝐚.
La @PoliciaColombia inicia su trabajo. Rápidamente descubre que al sospechoso lo reconocen cerca a la escena del crimen. Lo identifican, saben cómo viste, le siguen el rastro, descubren que vendió la bicicleta (alguien la compró, esas manos también tienen sangre), que con el “producido” fue a comprar vicio, que volvió a consumir, que está cerca, 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐯𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐥𝐥𝐢́, 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐯𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐥𝐥𝐚́, que lo encontraron. Fue capturado doce horas después del brutal crimen.
Es una historia real. No he inventado media palabra. No tuve necesidad. Podría ser un crimen en cualquier país, porque la violencia ha llegado a todas las esquinas de este planeta. Pero debo decir que, tristemente, es en Colombia, en Villa del Rosario, al lado de Cúcuta.
Cerca de allí, en una modesta casa, los gritos llaman la atención. Una presurosa señora sale con el corazón roto, rogando a la Santísima Trinidad que nada sea cierto, que sea un error, una confusión, un mal sueño. Pero, 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐬𝐚𝐝𝐢𝐥𝐥𝐚. 𝐀𝐜𝐚𝐛𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐫𝐦𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐯𝐢𝐮𝐝𝐚 y su testimonio queda grabado en este video.
Óiganlo todo. Y cuéntele esta historia a todo el que pueda. Porque no debemos ignorar la violencia que nos acecha, o un día nos alcanzará. Porque necesitamos salir de esta anestesia, o asistiremos -de brazos cruzados- al completo derrumbe de nuestra sociedad. Porque 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫, 𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫𝐚́ 𝐢𝐠𝐮𝐚𝐥. Algo debemos hacer. Carajo, ¡algo!
Y porque he leído que compartir las penas las hace más llevaderas. Y ella lo necesita.
Es solo que la vida no vale nada. Desde hace mucho, 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐧��� 𝐯𝐚𝐥𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐚. Y menos, por estos lados.
𝐉𝐚𝐢𝐦𝐞 𝐇𝐨𝐧𝐨𝐫𝐢𝐨 𝐆𝐨𝐧𝐳𝐚́𝐥𝐞𝐳