@OUT0FT0VCH < el punto ajeno. Sólo era capaz de pensar en lo peor. Era otro truco para mostrarle su debilidad.
—¿A qué viene eso? —Quiso saber, o tal vez no. Por eso no lo miró a la cara—. Somos compañeros de trabajo... Me caes bien... Hacemos un buen equipo.
La cena entre los dos había terminado y había llegado el momento de limpiar todo. Aki lideró la acción como siempre, recogiendo los platos y los cuencos con cuidado y en silencio, para llevarlos hasta el fregadero. Abrió la canilla con agua caliente y colocó detergente en la >
@OUT0FT0VCH < ¿Qué veía él que Aki no podía? ¿Veía cómo sus propios sentimientos lo traicionaban? ¿Quería tomar ventaja de ello?
El cazademonios abrió y cerró la boca varias veces, la voz fallándole en cada una de ellas. No existía una contestación rápida, no cuando ni siquiera entendía >
@OUT0FT0VCH < baja. Aki jamás fue tan cobarde. No supo cómo mirarlo a la cara. No podía evitar cuestionarse varias cosas que creyó enterradas en su mente y que, por algún extraño motivo, Ángel escarbaba.
Ahora, en ese momento, después de todo.
—¿Por qué?
@OUT0FT0VCH < Sé lo que pasará.
Su inminente muerte. El desperdicio de las acciones del ángel. Nada de lo que hablasen iba a importar pronto.
Por eso pensó que se iría, que el asunto quedaría zanjado, pero Ángel sabía muy bien cómo jugar sus cartas y tomar al cazademonios con la guardia >
@OUT0FT0VCH < contrario.
Le iba a salir caro. Estaba seguro de ello.
—Te creo —admitió el cazademonios. Tardó varios segundos en continuar, sintiéndose extraño por sus palabras—. Tal vez hayas vivido más cosas que yo... Pero créeme que no he encontrado ninguna solución... porque no la hay.
@OUT0FT0VCH Meses atrás, Aki se habría enfadado por recibir un comentario así. Lo habría tratado de engaño, incluso, y no habría caído en los encantos de un demonio que fingía ser un ángel. Para su desgracia, la situación había cambiado. No sabía por qué, pero creía en las palabras del >
@OUT0FT0VCH < cazademonios, mientras retomaba su tarea en el fregadero—. Voy a evaluar todas las posibilidades que tenga. Desde las más lógicas... hasta las más descabelladas.
@OUT0FT0VCH El silencio de Aki fue respuesta suficiente, al menos en un principio. Tampoco era sencillo para él rechazar la manzana, la solución a su problema, por temor a que estuviese envenenada. Necesitaba tiempo... Precisamente lo que no tenía.
—Lo pensaré —dijo con sinceridad el >
@OUT0FT0VCH < él—. No te veo “solo” como un demonio, pero... Que me ofrezcas un pacto así me hace pensar en eso.
Desvió la mirada un instante, como si le costara cruzarse con los ojos ajenos.
—Confiar en ti no es el problema. El problema es que estás siendo ingenuo.
@OUT0FT0VCH Aki apretó la mandíbula, tenso. Un año... Un año compartiendo techo, rutinas, anécdotas. Angel se había convertido en un compañero inesperado, pero siempre fiel y agradable.
Y aun así, no podía sacudirse la desconfianza.
—No es tan simple —respondió al fin. Nunca lo era para >
@OUT0FT0VCH < ojos se mantuvieron fijos en los de Angel, buscando algo que le diera seguridad.
—No puedo simplemente confiar a ciegas en algo así. Y menos cuando lo pintas todo tan fácil. —Negó con la cabeza, con cansancio—. Lo sabes bien: nunca es fácil.
@OUT0FT0VCH Aki sintió cómo la distancia entre ambos se acortaba, demasiado, pero no retrocedió ni un centímetro.
—Claro que quiero vivir más tiempo —admitió, quedándose específicamente con esa primera pregunta. No tenía agallas para responder la segunda—. Pero no a cualquier precio.
Sus >
@OUT0FT0VCH < su deber, de su vida misma.
—No funciona así. La katana es parte de un contrato —dijo finalmente, su voz baja—. Cuando renuncié a mi vida para usarla fue por algo.
@OUT0FT0VCH La propuesta sonaba demasiado sencilla, casi ingenua, y eso mismo era lo que encendía en él una alarma. Los contratos nunca eran simples, nunca eran gratuitos. No podía reducirse todo a un apretón de manos.
Además, dejar la katana no era una opción. Esa espada formaba parte de >
@OUT0FT0VCH Aki detuvo el movimiento de sus manos bajo el agua. El plato que estaba enjuagando quedó suspendido en el aire un segundo antes de apoyarlo con cuidado en el escurridor.
Un contrato.
La idea le resultaba tan absurda como peligrosa. A veces se olvidaba que el ángel era, >