@uncuervillo tu hermano todo el tiempo. —después de superar la etapa infantil en la que una Magnolia de dieciséis años proclamaba a los cuatro vientos querer casarse con Howard Berrywood II, ahora lo ve como un hombre raro y reniega de sus palabras.— No creo tener tiempo para descubrir si +
@uncuervillo encantan. —educada y contenta, le muestra el atisbo de una sonrisa genuina. Tal es su alegría, que mientras presta atención a los binoculares, decide que puede ser amable en ocasiones.— Iré a ver un reestreno de una de las obras de Lorcan Mulrennan la semana que viene. Deberías +
@uncuervillo Descúbrelo tú misma.
—señala la mesa, con un gesto de barbilla, en la que de una bolsita cuelga una etiqueta que llama a Lenore. En ella se guardan un cuadernito con dos pajarillos voladores en su portada, y unos guantes de satén.—
@uncuervillo ella, sí que necesita hablar, interactuar, hacer cosas de viva.ㅡ
Asumo que no irás a la merienda en casa de Alba Fitzgerald. Que para ti será perder el tiempo.
@uncuervillo que ni siquiera ellos quieren estar con sus fantasmas. Magnolia revolotea con la posibilidad de alejarse, pero la pena y la pereza (por escuchar un sermón de su madre sobre la amabilidad, al llegar a casa) la hacen quedarse y caminar al lado de la muchacha. Y al contrario que
@uncuervillo de dirigirse a ella y de sacarla de quicio con una inocencia incómoda que Magnolia no se cree. Se aferra al mango del paraguas con algo más de fuerza.—
Sí que sé divertirme, pero yo no lo hago como tú. —el sacerdote está terminando su sermón, y dos muchachos comienzan a bajar +