@CristinaValido@coalicion@RTVCes ¿De qué tratamiento nos habla,señora? Seguimos siendo la comunidad autónoma con el mayor índice de paro, los salarios más bajos,una de las cestas de la compra más caras del estado y donde es imposible comprarse una vivienda. ¿Qué han conseguido ustedes,los de Coalición Canaria?
@RTVCCanarias Dejen de decir gilipolleces. Yo llevé la camiseta azul y sufrí la plaga igualmente. Es un tema de falta de mantenimiento,poda y limpieza de los árboles.El calor y la humedad de Siete Palmas ha hecho el resto.
@Paul_Tenorio Si en lugar de Vinicius, Mbappé o Konaté hubiesen sido Yamal,Raphinha o cualquier otro jugador del Barça, estarías ahora llamando insolidarios y no sé cuántas cosas más a esos jugadores.¿A qué sí, campeón?
@profsecundario Creo que los tres debieron ponerse esa camiseta. El que no se la hayan puesto,aparte de demostrar que estos tipos están endiosados,indica algo mucho más grave: la disciplina con los jugadores madridistas es cosa del pasado y eso se pagará con la falta de títulos.
Très TRÈS GRAND RESPECT !!!! 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
En 1936, devant les yeux d'Adolf Hitler aux Jeux de Berlin, un jeune homme de 20 ans fend l'eau à une vitesse phénoménale et fait taire tout le stade. Sept ans plus tard, en novembre 1943, il monte dans un wagon à bestiaux direction Auschwitz avec sa femme et leur fillette de deux ans. Ce soir-là, privé de son nom et réduit à un simple numéro gravé dans la chair, personne ne sait encore que cet homme brisé accomplira après l'enfer l'un des plus grands miracles de l'histoire du sport.
Son nom était Alfred Nakache.
Avant la guerre, Alfred est le roi des bassins, l'un des nageurs les plus rapides de la planète et le fierté de toute la France. Mais en 1941, sous l'Occupation, un article de presse le désigne publiquement comme « le Juif Nakache » et exige son bannissement immédiat des compétitions. Par solidarité, d'autres nageurs français refusent de plonger sans lui et se retirent des championnats. Ce geste magnifique ne suffira pas à le protéger de la haine.
Dénoncé, Alfred est arrêté avec les deux êtres qu'il aime plus que tout au monde.
Dès leur arrivée sur la rampe d'Auschwitz, sous un ciel gris et glacial, la sélection sépare la famille en quelques secondes. Alfred est envoyé aux travaux forcés. Sa femme Paule et leur petite Annie, âgée de deux ans à peine, sont exécutées dès le premier jour. Alfred l'ignore et continue d'espérer chaque matin, trouvant la force de survivre dans le seul souvenir de leurs sourires.
Il a perdu sa dignité.
Il a perdu sa femme.
Il a perdu sa petite fille.
Après avoir survécu aux travaux exténuants et aux marches de la mort en plein hiver, il est enfin libéré au camp de Buchenwald. Il n'est plus qu'un squelette vivant, pesant à peine 40 kilos, les yeux creusés par le chagrin lorsqu'il apprend la terrible vérité : il ne reverra plus jamais sa femme et son enfant.
N'importe quel homme se serait laissé mourir.
Mais un peu plus d'un an après sa libération, en 1946, Alfred s'avance au bord d'un bassin. Ses bras sont marqués par les cicatrices, son corps porte les traces de la faim, mais il plonge. Dans l'eau, il ne ressent plus la douleur des camps ni le poids de l'absence. Il bat le record du monde du relais. Deux ans plus tard, aux Jeux Olympiques de Londres en 1948, il est le seul survivant des camps de la mort à s'aligner au départ, nageant non pas pour la gloire ou la vengeance, mais simplement pour se sentir encore vivant.
Alfred a consacré la suite de sa vie à transmettre sa passion aux enfants de Toulouse, leur apprenant à flotter, à respirer, à ne jamais abandonner face au courant.
Un après-midi de 1983, alors qu'il effectuait sa traversée quotidienne dans la mer, son cœur fatigué s'est arrêté. L'eau, qui lui avait tout donné et qui l'avait aidé à traverser le pire, l'a emporté paisiblement.
On croit souvent que le courage consiste à se battre contre les autres, alors qu'il s'agit parfois simplement de trouver une raison de continuer à respirer quand on a tout perdu.
Si ce destin hors du commun vous a touché, partagez-le pour que le nom d'Alfred ne soit jamais oublié. On a tous en nous une force cachée pour surmonter nos plus sombres épreuves.
¿Puede un amor prohibido destruir un reino y cambiar una dinastía?
Esta es la historia de Leonor de Guzmán, la mujer más poderosa de la Castilla del siglo XIV, y de cómo su romance con el rey Alfonso XI desató una guerra mortal.
Corría el año 1330. El rey Alfonso XI "El Justiciero" estaba casado con María de Portugal. Un matrimonio político, frío y sin afecto. El rey estaba perdidamente enamorado de otra: Leonor de Guzmán, una joven viuda de la alta nobleza andaluza, inteligente y de una belleza cautivadora.
Leonor no fue una amante secreta; fue la reina en la sombra. Mientras la reina legítima sufría la humillación pública, Leonor le daba al rey 10 hijos bastardos (entre ellos Enrique de Trastámara).
Alfonso XI le concedió tierras, títulos y un poder político inmenso.
La corte se dividió. Por un lado, la reina legítima y su único hijo, el infante Pedro. Por el otro, Leonor y su numerosa prole, que actuaban como la verdadera familia real. El odio y los celos se cocinaron a fuego lento durante 20 años, pero en 1350, todo cambió.
Alfonso XI muere repentinamente de peste negra durante el sitio de Gibraltar.
El joven Pedro I (de solo 15 años) sube al trono, y su madre, la reina viuda María de Portugal, toma el control.
Llegó la hora de la venganza.
María de Portugal y los fieles al nuevo rey ordenan encerrar a Leonor. A pesar de los intentos de sus hijos por protegerla, Leonor es traicionada y encarcelada. En 1351, es ejecutada por orden de la reina viuda, pero la muerte de Leonor no apagó el fuego; lo convirtió en un infierno.
Sus hijos, liderados por el carismático Enrique de Trastámara, juraron venganza. Comenzó así una brutal Guerra Civil Castellana que enfrentó a dos bandos irreconciliables.
Por un lado, Pedro I, apodado "El Cruel" por sus enemigos y "El Justiciero" por sus partidarios, que intentaba centralizar el poder real. Por el otro, Enrique de Trastámara, apoyado por la nobleza que temía el absolutismo del rey.
El conflicto destrozó Castilla durante más de una década, involucrando incluso a Francia e Inglaterra (Guerra de los Cien Años). Todo culminó en 1369 en la Batalla de Montiel. Los dos hermanastros se enfrentaron cara a cara en el campo de batalla.
En una pelea a muerte, Enrique apuñaló a Pedro I. Cuenta la leyenda que el caballero francés Bertrand du Guesclin ayudó a Enrique pronunciando la famosa frase:
"Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor".
Con Pedro I muerto, Enrique II de Trastámara se coronó rey de Castilla.
La línea bastarda de Leonor de Guzmán había ganado.
Así nació la dinastía Trastámara, la misma que, un siglo después, llevaría al trono a los #ReyesCatólicos.
El fratricidio de Montiel no solo vengó la ejecución de Leonor de Guzmán; sepultó una dinastía y engendró a los Trastámara, la estirpe que cambiaría el destino de España para siempre.
#HistoriadeEspaña🇪🇦
#Trastámara
Hoy se cumplen 90 años de la muerte de Federico García Lorca.
Esto de Salvador Dalí en "Diario de un Genio" debería ser de obligada lectura en la paleo-izquierda de este país.