Te dirán que el dolor pasa. Que dejes pasar el tiempo. Y es verdad que aprende a hacer menos ruido.
Pero nadie te cuenta que, cuando alguien importante se va, tú tampoco vuelves a ser exactamente el mismo.
Hay ausencias que no se curan, solo se acomodan en algún rincón de la vida. Aprendes a seguir, a sonreír, a hacer planes, a vivir.
Pero una parte de ti se queda para siempre en el lugar donde tuvo que decir adiós.
Y aun así, sigues viviendo.
Porque a veces la valentía no consiste en olvidar, sino en aprender a caminar con la herida. Con los zapatos desgastados.
La vida no avisa.
No llama antes de cambiarlo todo ni espera a que estés preparado.
Por eso duele cuando se va tan rápido y parece tan injusta.
Por eso hay que vivir los momentos como si fueran únicos,
porque lo son.
No guardar abrazos para mañana,
no enfadarse por tonterías que no importarán dentro de un rato,
no perder tiempo en silencios que podrían ser palabras.
Di gracias más veces de las que crees necesarias.
Perdona antes de que el orgullo te quite lo que sí importa.
Y, sobre todo, perdónate tú,
que bastante dura es ya la vida como para pelearte también contigo.
Porque al final,
lo único justo que tiene la vida
es que los momentos que se disfrutan de verdad
son los que se quedan para siempre.
A veces la vida no se rompe de golpe,
se queda en silencio.
Nos enseñaron a vivir desde lo bonito,
desde lo que se muestra, lo que suma, lo que brilla.
Pero nadie nos explicó
cómo seguir cuando llega la pérdida,
cuando el dolor ocupa espacio,
cuando el vacío se sienta a tu lado.
Hay derrotas que no se cuentan,
ausencias que lo cambian todo
y cicatrices que marcan un antes y un después.
Si alguna vez sientes que la vida ya no vuelve a ser la misma,
no es que estés fallando.
Es que hay heridas
que no se cierran,
pero nos enseñan
otra manera de seguir aquí.
Muchas personas conviven con un estado de alerta sostenida sin darse cuenta. Estar pendiente de todo, anticipar problemas, no bajar la guardia nunca. El cuerpo interpreta ese funcionamiento como una exigencia continua. Aunque no pase nada malo, el sistema nervioso no descansa. Y cuando no hay descanso real, el cansancio emocional termina apareciendo.
me atrevo a decir que el peor tipo de tristeza es esa en la que no derramas ni una sola lágrima, solo te recuestas en la cama y parece que no hay nada dentro de ti, no sientes nada, estás ahí básicamente existiendo porque no tienes de otra y ya.
🤍 @flaviofdzz nos regala ‘En la oscuridad’, una confesión luminosa que transforma la fragilidad en fuerza, la caída en impulso y el simple acto de respirar en un gesto de supervivencia.
📝 @lunaaaaaa_02
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@flaviofdzz Ando despistado siempre que dices que es esta vida y la siguiente / Lo veo cuando lloras abierta en canal / Ando despistado siempre si en mi mejor momento estás presente ✨✨