—El codazo le deja interrogante, preguntándose qué interacción entre los dos ha merecido este nivel de camaradería, pero acaba sonriendo al concluir que da lo mismo—. Y que lo digas. Sabes encandilar al público; ¿eso también es por ser artista?
Todos tenemos control sobre nuestro propio destino. No controlo tus hilos. En este caso, en realidad, está en tus manos. Puedes cantar... o puedes morir.
¿Eso depende más de ti o de mi, estrellita? La huída está descartada, al menos hasta que cumpla mi parte del trato. Un Huckleberry siempre paga sus deudas.
[DISTRITO 11: Huck levanta los brazos y la grada responde con fuerza; un plano luminoso, con la espalda recta y la sonrisa abierta. Eglantine, encogida, mira al suelo; luego al cielo, con la boca entreabierta. El plano se sostiene en esa expresión mucho más de lo necesario.]