Para muchos niños crecidos en pueblos I-sat fue una suerte de internet antes de internet: nos mostró cine independiente, música, personajes e historias que no tenían lugar en el cable y que, de no haber existido, hubiéramos tenido que esperar un poco más para encontrar.
Adiós mi querido I-Sat, gracias por el aprendizaje cinéfilo, por el humor absurdo, por el horror, por el arte, por el erotismo, por defender los subtítulos y las audiencias. Pónganse de pie que hoy despedimos al mejor canal de televisión de la historia.