@SusanaAmestoy La sonrisa condescendiente era el contrato. Pidió vivir eternamente. Ella concedió. Olvidó preguntar como qué. La secuoya tardó un siglo en reconocerlo. Apenas era el comienzo de una vida demasiado larga para cualquier arrepentimiento.
Clara vio tres películas de Destino final sin pestañear. Cerró el portátil, abrió el manual de lengua y descubrió que «truhan» ya no llevaba tilde. El grito que dio fue mucho más largo que cualquier escena de terror.
Roberto terminó de aplaudir la bobería del director. En el ascensor se quedó mirándose las manos que habían aplaudido y se acordó de lo que le decía su abuelo: «Oye, mi nieto, yo machetié caña todo el santo día bajo ese sol que pela, pero jamás tuve que hacerle coro al patrón».
Encontrar el camino requiere sudar la gota gorda, verlo claro demanda un cerebro que funcione y lanzarse a por él pide agallas de verdad. Claro, como la mayoría carecemos de todo eso, no es de extrañar que andemos dando tumbos, perdidos en nuestra propia mediocridad.
Elisa decidió adoptar un cactus porque, según ella, «quería querer algo que no diera nada a cambio». Cada riego era un festival de pinchazos, pero ella, con lágrimas de éxtasis, susurraba: «¡Maravilloso, ahora dependes de mí!». Su madre, horrorizada, llamó al psiquiatra.
@ObservaParaiso —Maestro, ¿para qué sirve la literatura?
—¿La literatura? La literatura sirve…
—¿Para despertar conciencias?
—Con suerte, para ayudar a dormir a los insomnes.
@AzulesSon Buscaba entendimiento. El espejo ofreció la oportunidad. Sin consentimiento. La celebración fue breve. La esperanza, más.
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Nando Parrado: «Ya estaba muerto. Había nacido muerto y lo que creía que era mi vida era tan sólo un juego al que la muerte me dejaba jugar mientras me esperaba».
El gran soberano Min-jun, desde su trono dorado, admiraba con deleite el frenesí de sus consejeros. Jae-wook, incansable destructor de edictos obsoletos, tachaba pergaminos antiguos con furia revolucionaria, mientras Hye-jin, perfeccionista incorregible, los reemplazaba
@AzulesSon El dragón dormía en la cima, bajo una corona de huesos fundidos. La guerra había terminado siglos atrás. «Goza de salud», dijeron los sacerdotes. Su aliento seguía brillante. El rey pusilánime bebió su sangre. Despertó con escamas bajo la lengua.
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