Atletico selling Julian Alvarez to Barcelona is entirely their choice.
Sell him. Don't sell him. Ask for €200m if you want. He's your player and you're perfectly entitled to do what you think is best for your club.
But please, spare me the holier-than-thou act about "ethics", "professionalism" and Barcelona negotiating in bad faith.
Where was all this concern for good faith when Atletico had an agreement with Barca that would require them to pay €40m for Griezmann if he played 45+ minutes in 50% of the games he was available for?
Their solution?
Keep one of their best players on the bench and repeatedly bring him on around the 60th minute so those games wouldn't count towards the clause.
Everyone knew what was happening. Griezmann knew. Simeone knew. Barca knew. The entire football world knew.
And eventually Barca, who desperately needed the money at the time, settled for roughly half the original €40m fee.
Was it within Atletico's contractual rights? Sure.
Was it this wonderful display of "good faith" and sporting ethics that they suddenly seem so passionate about in 2026?
Come on.
Football clubs look after their own interests. Atletico did it then. Barcelona are doing it now. That's the game.
So keep Julian. Sell Julian. Send him to Arsenal. Do whatever you want.
Just drop the saint act while doing it.
You cannot spend years playing the transfer market with every trick available to you and then suddenly discover the moral high ground when the sword falls on the other foot.
#FCBarcelona #Barca #Atleti #JulianAlvarez #AtleticoMadrid
Piso de Atocha, 10 de noviembre, pasada la medianoche.
En la escena Ábalos ama locamente a un par de "colegiadas". En algún lugar del escenario se encuentra Koldo, atrapado sin poder irse y viendo el espectáculo, chateando con su mujer.
Esto ya es insuperable… o no.
Café con tu amiga la socialista.
Entre sorbo y sorbo, se queja:
—Me mudo de piso. He pedido presupuesto a empresas de mudanzas y son unos ladrones. ¡700€!
Hace una pausa, triunfal:
—He hablado con el conserje. Me manda a dos chicos sin papeles que hacen chapuzas.
—¿Y cuánto les vas a pagar? —pregunto.
—Unos 100€ a cada uno. Me sale tirado. Y oye, les hago un favor, esa gente necesita el dinero desesperadamente.
La miro a los ojos.
—O sea: se te llena la boca sobre derechos laborales y convenios, pero cuando te toca pagar… contratas en B, por debajo del salario mínimo, a gente vulnerable para ahorrarte dinero.
Se le tensa la mandíbula.
—¡No es lo mismo! Yo no soy una multinacional explotadora. Soy una ciudadana de a pie. El sistema está roto, no es mi culpa.
—No eres Amazon, no.
Pero en cuanto te tocan el bolsillo, te comportas igual que lo que dices odiar.
Tu solidaridad termina justo donde empieza tu cuenta bancaria.
Se levanta, ofendida:
—Eres una facha. No entiendes nada.
Se va antes de que llegue la cuenta. La pago yo.
Por la tarde, sube una foto a Instagram:
selfie con cajas, texto sobre la gentrificación y “las injusticias del mercado”.
La superioridad moral es el deporte favorito de quienes nunca pagan el precio de sus ideales.
Defender a los oprimidos con el dinero de los demás es barato.
La verdadera ética no se ve en una pancarta ni en un tuit,
se ve en cuánto pagas a quien está por debajo de ti cuando nadie te aplaude.
Cuando les enseñas el espejo, no corrigen su incoherencia:
te atacan a ti.
Porque no les duele la injusticia,
les duele dejar de verse como salvadores.