Esta afirmación del Museo es completamente falsa: “Los gobiernos represivos del Frente Nacional (1958-1974) y subsiguientes presidencias deslegitimaron la participación política de terceras fuerzas y desatendieron oportunidades eficaces para el bienestar de sectores menos favorecidos de la población. Enconó la radicalización y el crecimiento de las guerrillas. El ELN, las FARC y el M-19 crecieron durante la década de 1980 hasta obtener cobertura nacional”.
Transcribo unos párrafos de mi libro Magnicidios:
“Para refutar la noción de que las guerrillas marxistas colombianas surgieron de "condiciones objetivas" locales que obligaban a la violencia, es esencial destacar su carácter internacionalista, subordinado a directrices externas de Moscú.
El internacionalismo comunista, como se define en el Manifiesto de Marx y Engels (1848), proclama que "los proletarios no tienen patria", priorizando la solidaridad de clase global sobre lealtades nacionales. La revolución comunista quería ser una revolución mundial, ya que el capitalismo es un sistema planetario, y los intereses de la clase obrera internacional priman sobre cualquier interés nacional. Esta doctrina se institucionalizó en la Tercera Internacional (Comintern, 1919-1943), fundada por Lenin para dirigir la revolución proletaria como un partido mundial único.
Los "21 Condiciones de Admisión" de un partido comunista al Comintern, redactadas por Lenin y Zinoviev en el Segundo Congreso de 1920, exigían obediencia absoluta a las decisiones del Ejecutivo con sede en Moscú y eran vinculantes para todos los partidos o secciones nacionales (condición 16); los partidos debían purgar oportunistas y nacionalistas, promover la agitación revolucionaria en ejércitos y sindicatos, apoyar incondicionalmente a la Rusia soviética (condición 11), y prepararse para la insurrección armada ilegal cuando llegara la hora (condiciones 9 y 13).
Ese estatuto convirtió a los partidos comunistas en meros engranajes de una estrategia global, con autoridad centralizada para intervenir, disciplinar o disolver partidos “desviados”. El Partido Comunista de Colombia (PCC), fundado en 1930 como sección del Comintern, encarnó esta sumisión disciplinada y servil. Hasta 1943, siguió fielmente las directrices moscovitas; y de 1947 a 1956, se alineó con la Cominform (sucesora informal). En la Guerra Fría, adhirió al bloque soviético, enfatizando el internacionalismo comunista por encima de los "prosaicos y aldeanos problemas colombianos".
Los fundadores de las guerrillas —como las FARC, creadas por el Partido Comunista de Colombia— no respondían a coyunturas locales "objetivas", sino a mandatos leninistas que rechazan la vía pacífica al socialismo. Para los marxistas-leninistas clásicos, la violencia no ha sido ni es opcional: el materialismo histórico dicta que la lucha de clases es el motor inexorable de la historia, requiriendo el derrocamiento armado de la burguesía, que jamás cederá voluntariamente su poder. Una vez en sus manos, se impone instaurar la dictadura (usan esa palabra sin complejos, ¡quién lo creyera!) del proletariado —es decir, del Partido Comunista— para aplastar enemigos y forzar el socialismo.
Así, las guerrillas colombianas no fueron un producto de "las condiciones o factores objetivos" internos como aducen, alegan y aseguran los políticos y académicos amigos de la guerrilla, sino la ejecución local de una agenda internacionalista impuesta desde Moscú. Esto desmonta cualquier narrativa de "respuesta inevitable" a la realidad o las “condiciones objetivas” colombianas. Las guerrillas marxistas tuvieron su origen en una ideología transnacional militante, en unos dirigentes que creían que “la violencia es la partera de la historia” y que la revolución no se hace con guantes de seda”. Por eso, hasta la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS en 1991, el Partido Comunista Colombiano predicó y practicó la violencia como método legítimo, una “forma superior de lucha”, combinable tácticamente con formas legales como la participación en elecciones.
Cuando triunfó la Revolución Cubana en diciembre de 1959, Fidel Castro y el Che Guevara proclamaron que la lucha armada era el único camino para América Latina: “Crear uno, dos, muchos Vietnam”, fue la consigna que caló en todo el comunismo latinoamericano.
El Partido Comunista Colombiano, que ya llevaba una década de guerra sorda, vio confirmada su fe doctrinaria y la intensificó. ¡Sí! La guerra que comenzó, aparentemente, en 1964 y 1965 con los golpes de Simacota (ELN) y Marquetalia (FARC), es la continuación de la que se inició en 1948 después de la muerte de Gaitán.
El libro “Treinta años de lucha del Partido Comunista de Colombia”, 1960, editado por el Comité Central de ese movimiento, afirma que desde 1949 los comunistas proclamaron una “política de autodefensa armada contra la violencia oficial de los bandidos falangistas”. No hay tal. La verdad es que durante toda la década de 1950 existió una guerrilla explícitamente afiliada al Partido Comunista.
Como reseña James Henderson en el libro “Cuando Colombia se desangró”, los comunistas disparaban por todos los flancos: atacaban a la fuerza pública, pero también combatían a la guerrilla liberal. En la primera experiencia de paz tras la amnistía decretada por Rojas Pinilla en 1953, Tirofijo y otros comandantes comunistas intentaron sabotear la entrega de armas. Expidieron un comunicado y lo titularon así:
“La dictadura militar en Colombia, un nuevo complot reaccionario contra el pueblo”.
Ya para 1955, la guerrilla comunista había crecido en forma desmesurada, alimentada por exguerrilleros liberales perseguidos por Rojas Pinilla; llegaron a reunir hasta 500 combatientes en batallas como la de Villarrica, Tolima.
La política de Rojas fracasó por el sectarismo liberal-conservador persistente y por la estrategia comunista de combinar lucha armada con actividad civil y electoral. Al final del régimen de Rojas en 1957, el país ardía y el gobierno lanzaba una campaña anticomunista de “salvación”. Por eso, en su posesión como presidente en 1958, Alberto Lleras Camargo declaró:
«…mientras no se haya restablecido el orden y reducido la violencia, el gobierno no tendrá prioridad para ninguna otra preocupación…»
Lleras no convenció a los comunistas para desarmarse. Por el contrario, en 1960 el PC llamó a oponerse frontalmente al Frente Nacional, a derrocar al gobierno ‘oligárquico’, e insistió en “seguir combinando la guerra y la lucha electoral”. Nicolás Buenaventura, ideólogo comunista, definió esa “combinación” como “el rasgo principal de la vía revolucionaria en Colombia”.
Entre comunistas y liberales estalló también una campaña de aniquilamiento mutuo. Jacobo Prías, “Charro Negro”, mentor comunista de Tirofijo, murió tras ordenar el ataque a los cuarteles de José María Oviedo, ‘Mariachi’, comandante liberal; los comunistas ejecutaron prisioneros liberales en Gaitania, y ‘Mariachi’ se vengó matando a ‘Charro Negro’.
De ahí surgió el ascenso de Tirofijo a la comandancia, el envío desde Bogotá de Luis Morantes, ‘Jacobo Arenas’ como comisario político; y la incorporación de Jaime Bateman -futuro fundador M-19- y Pedro Vásquez Rendón -futuro fundador del EPL- como secretarios o ayudantes. De la ‘autodefensa’ pasaron a la guerra por el poder, inspirados en Fidel Castro y el Che Guevara. Así nacieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc.
En plena guerra fría los guerrilleros eran títeres manipulados desde el Kremlin, La Habana o Pekín. El Ejército colombiano, asesorado por Washington, lanzó campañas anticomunistas que, paradójicamente, alimentaron el fervor antiimperialista en universidades, sindicatos y sectores políticos como el Movimiento Revolucionario Liberal, MRL. El Plan Lazo del gobierno de Alberto Lleras Camargo, destinado a exterminar la guerrilla, lo que hizo fue fortalecerla porque la presentó como un ‘frente de liberación nacional’, apoyado por todo el bloque comunista mundial. Los escritores Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, por ejemplo, protestaron en 1965 contra la “vietnamización” de Colombia porque se estaban atacando las llamadas “repúblicas independientes”.
Con la división del bloque comunista surgieron múltiples focos: las Farc, leales a Moscú; el ELN fue entrenado en La Habana; y el EPL se alineó con Pekín y Albania. Las que empezaron como autodefensas campesinas en 1949, terminaron -por cuenta de la ortodoxia marxista-leninista y la combinación de todas las formas de lucha- en la mayor tragedia armada del hemisferio tras la de Cuba. Todo porque el Partido Comunista de Colombia —por convicción doctrinaria y fidelidad al materialismo histórico— nunca creyó en un socialismo sin sangre.
https://t.co/Q4dib4Sn3G
TREMENDA MASTERCLASS
Ni así lo entenderán los socialistas de todo tipo de pelaje... la envidia, el odio y el resentimiento que tienen supera a toda la razón del mundo...
CIAO!
Me infiltré en el paro nacional
Yo Daniel Maldonado me infiltraré con el mejor pudin en una marcha de izquierda en Colombia . ❤️🇮🇷🇨🇺🇵🇸 ver hasta el final.
El jaguar intergaláctico marcha hoy contra el desastre que dejó el jaguar intergaláctico.
Protesta con rabia contra la crisis de la salud que él causó, exige justicia por la corrupción de su propia administración y reclama por el déficit fiscal que él mismo dejó.
Un espectáculo político inédito: indignarse en las calles contra el legado que dejó en el Palacio. La culpa siempre es del gobierno anterior... aunque el gobierno anterior haya sido él.
🚨🇵🇸🇮🇱 | HIJO DE PUTA: Un musulmán palestino llevó a su hijo de apenas 3 años hasta un grupo de soldados israelíes, lo empujó hacia ellos y le ordenó que arrojara piedras mientras varias cámaras registraban la escena para victimizarse.
In Ben-Hur, there is a moment of extraordinary simplicity and grace. Judah Ben-Hur (Charlton Heston), exhausted and broken in the desert, is silently offered water by Jesus. We never see Christ’s face; only his figure and presence are revealed.
Not a word is spoken, yet Judah’s expression moves almost imperceptibly from despair to hope. William Wyler’s masterful cinematography gives the encounter an unmistakable sense of the sacred, suggesting that something far greater than an act of human kindness has taken place.
It is a brief gesture, a cup of water offered to a suffering man, yet it becomes the seed of Judah’s long journey towards mercy, reconciliation and forgiveness. In its restraint, silence and humanity, it remains one of the most moving scenes in the history of cinema.
Una reflexión de Ignatieff que ayuda a entender por qué líderes como Álvaro Uribe suelen derrotar a anti líderes como Enrique Gómez: “Tan pronto como la democracia pierda su vinculación con lo físico, tan pronto como el lugar de la política no sea el salón de actos, la sala de estar, el restaurante o el bar local y resida únicamente en la pantalla de televisión y en una página web, tendremos problemas, porque estaremos
totalmente en las manos de los asesores de imagen y de las fantasías que inventan. La política será un espectáculo orquestado desde la metrópolis, no
una realidad vivida en las localidades pequeñas y en las comunidades remotas que forman parte del país tanto como las grandes ciudades. A pesar de todos
los vaticinios acerca de Internet como instrumento facilitador de la democracia, en realidad podría hacer que perdiéramos el aspecto que hace de ella algo verdaderamente democrático: el contacto físico entre los votantes y
los políticos. Los vídeos de YouTube y los anuncios no pueden sustituir el encuentro entre seres humanos de carne y hueso. Si Internet sustituye a la política, desaparecerá todo contraste con la realidad y no habrá ya ninguna
ocasión para que un votante contemple en persona a un político y tome la decisión de confiar en él o no, de creerle o no. La política tiene que seguir
siendo algo corpóreo porque la confianza es corpórea.”
@CarlosCarrilloA Usted es muy purista , es un combatiente ideológico bárbaro se lo aplaudo , pero también se ha quedado en esa misma forma de lucha que denuncia , metase a bosa , a los mártires , , suelte el teléfono y busque el origen en el barrio , la localidad y aspire .
@CarlosCarrilloA X ,esta cloaca no es la que define elecciones , ustedes no van a los territorios , hablan de la Colombia profunda y nunca los ve uno por estos lados , el problema es que la izquierda pura y dura se queda en Bogotá y mira con desdén intelectual la provincia por eso fracasó.