Estimado expresidente, mientras sus trabajadores con hambre en el estómago le daban riquezas a usted, yo trataba se hacer una revolución para evitarlo.
Hacer revoluciones no es delinquir, pero.matar revolucionarios por la espalda, a sangre fría y por simple odio, sí.
En este mundo el hacendado que aún ve en sus trabajadores, esclavos negros, no tiene futuro.
Lo invito a una revolución: la revolución de la equidad social y la democracia profunda. La revolución de la vida