Cremas con vistas para Ayuso
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Ayuso está muerta, tardarán todavía un poco en enterrarla, pero hasta entonces camina zombi, demudada y balbuceante, visiblemente nerviosa intentando reprender a periodistas porque no le pregunten aquello que no está acostumbrada a responder. Todavía le queda un camino aciago antes de caer, con un novio al que le queda poco para dejar de ser presunto y sin el colchón de clase y formación que han tenido otras que la precedieron. Caerá con el regusto amargo de no haber podido tocar ese ascenso de clase al que aspiraba ocupar, temporalmente al menos, como una intrusa, en ese ático que en Madrid solo está reservado a gente de cuna rica como Astrid Gil-Casares y que en el modelo de sociedad que ideológicamente defiende jamás tendrá sitio para personas como ella, ganen lo que ganen, tengan el poder que tengan. Ayuso será fruto de aquello que defiende. Y se celebrará.