@felixbolanosg Hace unos meses los mismos españoles decidieron que se tenéis que someter a una cuestión de confianza.
No piensa cumplir con ese mandato de los españoles?
@ArcadiSD Disculpe, pero que hacía el estado con esa deuda que tenían las comunidades autónomas? La dejaba de pagar a los acreedores o pasaba a pagarla todos los españoles?
1/ Hace unos años, decir esto en Bruselas era casi una herejía.
Hoy es la propia Comisión Europea quien lo afirma: la ganadería es estratégica para Europa.
Y sí, ya era hora.
La nueva Estrategia Ganadera de la UE habla de competitividad, resiliencia, seguridad alimentaria y autonomía estratégica.
No de reducir censos.
No de demonizar al sector.
No de pedir menos carne.
Es un cambio de tono que merece ser reconocido.
@FrikiDeLetras@droblo Puede ser buena para el bien común, no sé lo niego. Pero no se hizo por eso, se hizo por poder, el mismo la negaba unos meses antes.
En el siglo XIV un rey francés necesitaba plata para financiar una guerra contra Inglaterra.
La solución fue poner un impuesto temporal sobre la sal.
Esa palabra, temporal, es la mentira mas repetida en la historia de la tributación.
Lo que Felipe VI creó en 1341 como medida de emergencia se convirtió en impuesto permanente antes de 1360.
Y no solo eso, se transformó en uno de los dispositivos fiscales mas perversos que haya inventado un Estado europeo.
La gabela no era un impuesto normal sobre la venta de sal.
Era un monopolio estatal de compra obligatoria.
En las provincias de la grande gabelle, el corazón fiscal de Francia, todo habitante mayor de ocho años estaba obligado por ley a comprar una cantidad mínima de sal al año, al precio que la corona fijara, en los depósitos que la corona controlara.
No importaba si la necesitabas o no tenías quw comprarla igual.
El Estado te vendía un producto a precio inflado y te amenazaba con cárcel si no lo comprabas.
En las zonas redimidas y en provincias exentas como Bretaña, esta cuota forzosa no existía, lo cual hacía la desigualdad entre regiones todavía mas obscena.
Eso ya sería suficientemente grotesco si el impuesto fuera uniforme.
Pero no lo era.
Francia estaba dividida en seis zonas fiscales con tasas radicalmente distintas.
En Bretaña, un minot de sal costaba entre 2 y 3 libras.
Cruzabas la frontera provincial hacia Anjou y el mismo minot costaba 591 sous.
En las provincias de la grande gabelle alrededor de París, el impuesto podía multiplicar el precio de la sal por diez.
Mientras tanto la nobleza, el clero y los funcionarios reales gozaban del franc-salé, una cuota anual de sal libre de impuesto calculada para el consumo de sus hogares.
Si necesitaban mas de esa ración, pagaban el impuesto completo por el excedente.
En la práctica seguía siendo un privilegio enorme, un campesino pagaba impuesto desde el primer gramo mientras que un noble cubría todo su consumo doméstico sin tributar.
Durante siglos la recaudación de la gabela se repartió entre contratos dispersos con recaudadores locales, cada uno negociando condiciones distintas con la corona.
En 1681, Colbert centralizó todo ese sistema bajo un único sindicato privado de financistas, la Ferme Générale.
Ahí el mecanismo de recaudación se volvió todavía peor que el impuesto mismo.
Cuarenta inversores pagaban al rey una suma fija por adelantado, y todo lo que recaudaran por encima de esa cifra se lo quedaban como ganancia.
Esto es lo que pasa cuando un monopolio estatal se combina con incentivos privados de extracción, no se genera eficiencia, se genera depredación sistémica.
La Ferme Générale controlaba entre el 40% y el 50% de los ingresos fiscales totales de la corona.
Tenía mas de 20.000 guardias paramilitares armados para hacer cumplir el monopolio de la sal y el tabaco.
Tenía poder casi ilimitado de allanamiento, requisa y arresto.
La diferencia de precios entre zonas convirtió el contrabando de sal en la actividad clandestina mas rentable de Francia.
Los contrabandistas se llamaban faux-sauniers.
Compraban sal barata en Bretaña y la vendían en las provincias de impuesto alto a un precio menor que el oficial.
La respuesta del Estado fue predecible, criminalizar a los que vendían sal mas barata.
Si te agarraban sin armas, galeras.
Si te agarraban armado, pena de muerte.
Te marcaban a fuego en los hombros con las letras GAL para identificarte si reincidías.
En 1783, un tercio de los seis mil prisioneros en los presidios franceses eran contrabandistas de sal.
Para fines del siglo XVIII, mas de tres mil hombres, mujeres y niños eran condenados a prisión o muerte cada año por delitos contra la gabela.
Tres mil personas al año castigadas por vender o comprar sal a un precio distinto al que fijaba el Estado.
Cuando se convocaron los Estados Generales en 1789, la gabela apareció en los cahiers de doléances de practicamente todas las provincias.
Era el impuesto mas odiado de Francia.
Porque condensaba todo lo que estaba podrido en el Antiguo Régimen, monopolio estatal sobre un bien esencial, compra forzosa, zonas de tributación arbitrarias, exención total para las clases privilegiadas, recaudación privatizada con incentivos perversos, y represión violenta contra quien intentara comerciar libremente.
La Asamblea Nacional abolió la gabela en marzo de 1790 y amnistió a todos los acusados de contrabando de sal.
El epílogo es perfecto.
En 1794, 28 fermiers généraux fueron llevados ante el Tribunal Revolucionario, condenados en juicio sumario y guillotinados el mismo día.
Entre ellos estaba Antoine Lavoisier, el padre de la química moderna, que había financiado sus investigaciones científicas con las ganancias de la recaudación fiscal.
Napoleón, por supuesto, reinstauró el impuesto sobre la sal en 1806 para financiar sus guerras.
La palabra gabelle no desapareció de los documentos oficiales franceses hasta 1945.
Cuatro siglos y medio de un impuesto temporal.
El patrón se repite en cada siglo y en cada continente.
El Estado crea un monopolio sobre un bien esencial, fija el precio por encima del mercado, exime a sus aliados políticos de pagarlo, criminaliza a quien intente competir, y cuando la resistencia popular se vuelve inmanejable culpa a los contrabandistas en vez de al monopolio.
Hoy no se llama gabela.
Se llama curso forzoso, se llama emisión monetaria, se llama encaje legal.
El bien esencial a día de hoy ya no es la sal, es el dinero.
@EnJarras@EnriVader@raulsanchezglez@eldiarioes Veo que no ha leído el artículo. También queda claro que usted tiene su idea en la cabeza y, por más información que se le dé, no va a cambiar de opinión.
Disfrute de sus anteojeras.
@EnriVader@raulsanchezglez@eldiarioes Esa sensación me da, más que nada por mezclarlo con otros y "alquiler en negro".
Más que nuestros abuelos, es la generación del baby boom, que tuvieron la fortuna de coincidir con una economía potente y un precio de la vivienda bajo.