El Universal publica una entrevista notoriamente falsa a Carlos Monsiváis.
Esa farsa es relevante no por lo que dice sino por quiénes la creyeron.
Y por lo que augura.
Aquí un par de reflexiones a bote pronto.
(Hilo breve)
Si yo cuando leo odio y mentiras contra AMLO, contra Claudia y contra la 4T, nunca digo:
"Ah, tienen razón, voy a comenzar a estar contra AMLO, contra Claudia y contra la 4T",
nadie lo hace.
Pero lo que sí me pasa, es que me enojo en contra de los que dispersan odio y mentiras
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Con el debido respeto a su trayectoria, permítame disentir con rigor sobre su columna de hoy “Año y medio en su escondite”.
Una columna de opinión tiene legítimamente un componente subjetivo y retórico, pero no está exenta de las reglas básicas del periodismo y del pensamiento crítico: las afirmaciones de hecho deben tener sustento verificable, y las especulaciones psicológicas o motivacionales (“no tiene a dónde ir”, “produce textos que pretenden reescribir la historia”) requieren al menos algún indicio más sólido que la mera interpretación personal del silencio o la reclusión voluntaria.
Decir que alguien se esconde porque “no tiene a dónde ir” es una conjetura sobre intenciones y estado anímico ajeno que, sin evidencia documental, testimonial o conductual concreta, se acerca más al deseo del columnista que a la realidad demostrable. Lo mismo aplica a atribuir a los textos de un ex presidente la pretensión explícita de “reescribir la historia de México” como si fuera un proyecto maquiavélico en lugar de una narrativa política legítima (discutible, sí, pero legítima) desde su visión del mundo.
A mis alumnos de tesis siempre les repetía: una buena tesis no se construye desde “la fuente de los deseos”. Una columna de opinión tampoco debería. Puede y debe tener estilo, posición y hasta ironía, pero cuando cruza hacia la especulación sin anclaje, pierde rigor ético y se convierte en mero ejercicio de confirmación de sesgo.
El silencio de un ex presidente no es prueba de cobardía, fracaso o “escondite”. Puede ser estrategia, cansancio, cálculo político o simplemente el derecho a una vida privada después de seis años de exposición total. Atribuirle motivaciones oscuras sin evidencia es tan problemático como cualquier hagiografía sin crítica.
La opinión gana fuerza cuando se sostiene en hechos, no cuando rellena con suposiciones los vacíos que el silencio deja.
Quedo atenta a su réplica, si así lo desea.
Héctor, dices que “desmantelaron prácticamente todos los órganos autónomos”… pero no nombras uno ni explicas qué hacían mejor que hoy. Así no es análisis, es panfleto.
Muchos de esos órganos no eran tan “autónomos”. Sus integrantes venían de los mismos circuitos: academia de élite, consultoras, think tanks, sector privado. Rotaban entre regulador, empresa y opinión pública. Eso no es neutralidad, es homogeneidad de intereses, hegemonía.
Y aquí viene la contradicción grande.
Defiendes “contrapesos” cuando se trata de instituciones operadas por ese mismo círculo…
pero cuando el gobierno usa un espacio como la mañanera para comunicar directo y disputar narrativa, entonces ya no es contrapeso, es “propaganda hegemónica”.
¿Entonces cómo está la regla?
Cuando el contrapeso lo ejercen tus redes, es democracia.
Cuando el contrapeso viene del Ejecutivo, es autoritarismo.
Las mañaneras no son un órgano autónomo, claro. Son comunicación política. Pero también son un mecanismo de respuesta frente a un ecosistema mediático históricamente concentrado en pocas manos y alineados a la hegemonía del poder económico/político que gobernó por 100 años.
No se sostiene llamar “hegemonía” a un espacio que convive todos los días con crítica abierta, medios opositores y voces como la tuya.
Porque si fuera hegemonía de verdad… tú no estarías escribiendo eso.
El problema no es que el gobierno comunique.
El problema es que ya no solo comunican los de siempre.
Y eso, Héctor… es lo que realmente te incomoda.
Ayer gritaban a todo pulmón que México necesitaba “mano dura”, intervención extranjera, marines gringos, drones yanquis, lo que fuera con tal de “limpiar” el país del narco. Pedían a gritos que Estados Unidos entrara de lleno, que se acabara el “abrazos no balazos”, que el Ejército mexicano era incapaz, corrupto, cómplice. “¡Intervención ya!”, vociferaban desde sus cuentas verificadas y sus programas de radio en la CDMX, como si el Tío Sam fuera el salvador y no el mayor consumidor y financista del tráfico.
Y ahora, tras el operativo del domingo 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco donde el Ejército Mexicano abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, en una acción confirmada por la Sedena con inteligencia complementaria de EE.UU., pero ejecutada por fuerzas mexicanas, el país amanece con narcobloqueos, quema de vehículos, enfrentamientos en al menos 20 estados, código rojo en Jalisco, alertas de la embajada estadounidense pidiendo a sus ciudadanos resguardarse.
¿Y qué hacen los mismos que ayer clamaban por fuerza externa? Hoy salen con que “México está incendiado”, que el país se desangra, que la violencia es peor que nunca, que todo es culpa de la 4T, que el operativo fue un error garrafal porque “desató el caos”. Algunos incluso tuitean que “fueron los gringos los que lo hicieron”, que fue una operación yanqui disfrazada, ignorando por completo el comunicado de la embajada de EE.UU. que deja clarísimo: “La operación militar fue planificada y ejecutada por las Fuerzas Especiales mexicanas”, con solo apoyo de inteligencia complementaria bilateral.
La contradicción les explota en la cara: ayer exigían intervención foránea porque “México no puede solo”; hoy lloran que el país arde por actuar con fuerza propia. Ayer minimizaban al CJNG o lo usaban para golpear al gobierno; hoy exageran la represalia para decir que “todo se descontroló por la torpeza de Sheinbaum y Harfuch”. Ayer pedían balazos a diestra y siniestra; hoy dicen que la confrontación genera más violencia (como si el narco se hubiera portado pacífico antes). Cambian el guion cada 24 horas, sin coherencia, sin pudor, solo para mantener la narrativa de fracaso del actual gobierno.
La constante es idéntica: opinan de seguridad nacional desde la comodidad del sillón, sin haber olido el riesgo real, sin entender el territorio, sin asumir que el narco no se derrota con tuits ni con llamados a la invasión. Expertos de ocasión que ayer eran geopolíticos de Medio Oriente, hoy son estrategas militares, mañana serán lo que convenga para atacar. En el fondo, la misma lealtad al viejo régimen que les dio impunidad y privilegios, disfrazada de indignación selectiva.
Desde esta trinchera clara: el que ayer pedía gringos y hoy llora por el caos que genera actuar sin ellos, solo revela su agenda. No buscan soluciones para el pueblo; buscan desgastar al que gobierna con soberanía. El abatimiento de El Mencho es un golpe duro al cártel más violento, ejecutado por mexicanos con apoyo técnico bilateral no intervención. El caos posterior es la respuesta esperada del narco, no prueba de fracaso, sino de que tocaron un nervio profundo.
El que distorsiona eso para fines políticos, solo alimenta al monstruo que dice combatir. Y el monstruo no cae con hipocresía de escritorio.
Hay caos en las calles, pero también en las redes: entre imágenes falsas, contenido manipulado y versiones distorsionadas, la desinformación amplifica el miedo; verifica antes de compartir. Aquí el 🧵 de las fake news de hoy:
Me llamo Chema y soy dibujante tradicional. Desde que llegó la IA casi no tengo trabajo, pero yo seguiré dibujando mientras pueda.
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