Una última mirada al principito da antes de tomar la cajetilla de cigarros del bolsillo de su chaqueta de cuero negra. Posa uno entre sus labios y cubre la punta al encenderlo, para que la brisa fría de la noche no apague la llama.
su escritorio.
Está tan cansado. Ni siquiera discutirá el hecho de que ha llegado hasta su habitación. Los pasos vuelven a su cama, tirándose boca arriba sobre esta.
“ Y tienes ropa ahí. Llévatelo todo si quieres, ya no importa. ”
Lo que menos desearía es lo que sucede. Debe estar pagando algún mal karma de una vida pasada para los horrores que está viviendo últimamente. Cordelia, lejos de una reacción explosiva característica de su personalidad, toma aire con profundidad, meramente⠀⠀⠀﹙⠀ ͟𖬺 ..⠀﹚
Como un regalo que se le fue arrebatado sin justificación alguna es que estira sus dos manos para alcanzar aquel anillo, acunando entre sus palmas las hábiles del chico. Oh, no solo tiene un rostro apetitoso, sino que una voz que⋯﹠̲
“ No creas que soy idiota. Conozco a los tuyos bien de cerca. ”⠀⠀ guarda el accesorio en el bolsillo interno de su bata de dormir.⠀⠀ “ No quieras endulzarme el oído. Si quieres llévate esas porquerías de ahí. ”⠀⠀ señala con el mentón un alajero en⠀⠀⠀﹙⠀ ͟𖬺 ..⠀﹚
No le deja ni respirar del insulto que le acaba de decir que quiere robarle. Así como el otro le arrebata el anillo, Cordelia rápidamente vuelve a quitárselo.⠀⠀ “ Escucha, chico lindo, vuelve a poner tus manos en mis joyas y tendré que desfigurarte. ”
¡Rodolfo el reno! Sabía que no era mentira esa histor─. . . ¿Qué es eso brillante que lleva en el bolsillo de su camisa? ¿Es de oro? Preste pa' aca, diamantes. Rápidamente ha decidió tomar lo ajeno para comenzar a analizarlo.