@OrlvndoA Creo que esa fue la mejor noticia que le pudimos dar a nuestros hijos. Mis hijos también hicieron lo mismo, uno de 12 años y otra de 18 años.
Ese par de joyas también estaban en Oslo. Leopoldo buscó ser entrevistado para decir que ese premio también era de ellos... El descaro de quien saqueó a Monómeros no tiene límites. Nunca estarán en el nuevo gobierno. Son corruptos ladrones.
🚨Venezuela. Este es Antonio.
Es venezolano.
Durmió 24 horas en la calle, bajo el frío de Cracovia solo para estar presente cuando @MariaCorinaYA reciba el Nobel de la Paz.
No tenía dónde quedarse.
Nadie le pagó. No le importó.
“Vale cada segundo”, dijo.
Porque para él, esto no es solo un premio…
es la esperanza de un país entero.
Venezuela te mira, Antonio.
Y te abraza fuerte. 🇻🇪❤️
#NobelDeLaPaz
Así es Venezuela: cuando el “hijo de Satanás” del poder se cree dios y no acepta una tarjeta roja. El árbitro le saca tarjeta roja al hijo de GranKo Arteaga… y al día siguiente amaneció con sus dos carros quemados. Impunidad absoluta.
Maduro, Delcy y Diosdado continúan asesinando presos políticos, deteniendo inocentes y sentenciado sin pruebas. Es hora de que la operación "Lanza del Sur" les dé su baja o los mande de vacaciones al norte.
🇨🇺 Yo no lo dejaré solo. Yosvany Rosell Garcia Caso, preso político que se plantó frente a la dictadura asesina en una huelga de hambre por 40 días, continúa delicado de salud. Hay que darle visibilidad. Exijo su liberación inmediata.
Dios mío dame paciencia para no mentarle la madre a todos los políticos que salieron a lamentar la muerte del señor Alfredo .
El grado de hipocresía no tiene límites
Señores ALACRANES sepan algo
USTEDES NO VUELVEN HACER POLÍTICA EN VENEZUELA
JAMÁS DE LOS JAMÁS DHSPM😡😡😡
🇨🇺 Mayelín Rodríguez Prado tenía 21 años cuando fue condenada a 15 años de privación de libertad por grabar una manifestación en #Nuevitas y publicarla en las redes sociales. No podemos dejarla sola.
𝐋𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐩𝐮𝐭𝐚𝐫: 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐫 𝐞𝐥 𝐍𝐨𝐛𝐞𝐥 𝐞𝐧 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay momentos, pocos, irrepetibles, decisivos, en los que la historia deja de ser una abstracción para reclamar la presencia física de quien la sostuvo con sus manos desnudas, aun cuando esas manos avanzaban sobre un país convertido en territorio minado por la persecución y el intento sistemático de borrarla de la esfera pública. Son momentos en los que un nombre no basta escrito en un pergamino: tiene que ocupar un lugar en el mundo, afirmarse frente a quienes intentaron silenciarla.
Para Venezuela, ese instante tiene un rostro y una dirección: María Corina Machado en Oslo, recibiendo el reconocimiento que ella no pidió, pero que inevitablemente la encontró.
Porque este Nobel no nace de un gesto diplomático ni de la aritmética del poder: surge de un camino largo y áspero donde el miedo, ese animal silencioso que acecha incluso a los más valientes, hizo titubear a muchos, como es natural cuando la oscuridad parece no tener orillas. Ella, sin embargo, avanzó por una vereda que nadie podía trazarle: eligió la palabra sin dobleces, la firmeza, la resistencia, la custodia de la libertad incluso cuando la libertad parecía apenas un eco. Esa coherencia profunda no se improvisa; se cultiva, se encarna y se paga con horas de desvelo y una entereza que se vuelve carne.
Y eso, conviene decirlo sin cortesías, tiene un precio que no se mide en cifras ni en discursos: cuesta vida, cuesta familia, cuesta la serenidad de abrir una puerta sin sobresalto.
María Corina asumió ese costo sin caer en el martirio ni en la complicidad; sostuvo una línea que casi nadie logra preservar cuando la presión se vuelve asfixiante. Ese equilibrio, inusual en tiempos desgarrados, es precisamente la razón por la cual este Nobel de la Paz no admite delegados, sustitutos ni presencias prestadas.
La ceremonia necesita a la persona, no a la sombra; necesita a quien encarna la historia: a ella.
Por eso su presencia en Oslo no sería un gesto personal, sino una reparación colectiva: la prueba luminosa de que la dignidad, cuando se ejerce con perseverancia, no puede permanecer confinada dentro de las fronteras que un régimen levanta para ocultar su propio miedo. Que ella cruce ese umbral, no para escapar, sino para representar a millones, enviaría un mensaje que ningún comunicado diplomático puede igualar: Venezuela sigue viva en quienes jamás aprendieron a rendirse.
Y el mundo lo necesita. Lo necesita porque está fatigado de ceremonias vaciadas de significado, de ver cómo las luchas morales se diluyen en tecnicismos, de observar a los opresores escapar mientras las víctimas quedan sin relato. Ver a María Corina caminar hacia ese podio sería recordarle a cada nación que las democracias se reconstruyen con seres humanos que sostienen la verdad incluso cuando la verdad amenaza con quemarles las manos.
Su viaje es una afirmación moral: ninguna dictadura tiene derecho a confinar a una ciudadana para impedir que el planeta la honre. Dejarla ir es un deber. Impedirlo sería una confesión explícita de temor.
Y hay algo más: María Corina no busca este Nobel para ella. Lo busca y lo merece, por quienes murieron esperando justicia, por los presos sin amanecer, por quienes dejaron su casa con la luz encendida, por los niños que solo han conocido la emergencia, por los millones que siguen creyendo, contra toda fatiga, que Venezuela renacerá.
Recibirlo en persona sería el primer acto público de ese renacer. Un ladrillo inaugural. Una señal de que, pese a un cuarto de siglo de devastación, aún existen venezolanos capaces de enfrentar la barbarie sin perder la ternura ni la claridad.
Quien tenga dudas, que la mire. Quien pretenda justificar su ausencia, que intente explicar, sin cinismo, por qué una mujer que ha hecho de la integridad una forma de respiración no debería ocupar el lugar que el mundo entero le reserva. Quien quiera impedir su viaje, que se atreva a escribir su nombre frente a la historia: verá cómo le tiembla el pulso.
María Corina debe recibir el Nobel de la Paz en persona porque el mundo necesita verla, necesita oírla, necesita recordar que aún existen líderes que no se compran ni se quiebran.
Y porque Venezuela, la dispersa, la herida, la que camina con su bandera guardada en el pecho, necesita ese instante de resurrección civil: verla cruzar el salón, pronunciar su discurso, levantar el galardón no como un punto final, sino como el preludio de lo que viene.
El 10 de diciembre, cuando la luz del escenario la rodee y el mundo contenga el aliento, no habrá propaganda capaz de opacarla ni sombra que logre esconderla. Ese día, el planeta entenderá algo que los venezolanos sabemos desde hace años: la paz verdadera tiene rostro de mujer.
Y esa mujer, que irá, sí, pero también regresará para reconstruir junto a su pueblo la tierra que la vio resistir, lleva un nombre que ya pertenece a la historia: 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐌𝐚𝐜𝐡𝐚𝐝𝐨.
@VenteVenezuela@VenEsVenezuela@MariaCorinaYA@NobelPrize@ConVzlaComando
En el Helicoide, según diferentes testimonios, hay celdas, muchas (porque cualquier pequeño lugar lo convierten en una celda). En una de ellas, de aproximadamente 12 metros cuadrados, estaban presos 50 venezolanos. ¿Se imaginan lo que eso significa? Rosmit Mantilla en un reportaje de la BBC mencionó que en ese lugar “era casi imposible moverse”, pero además “había cucarachas pequeñas, moscas, ratones y hacía mucho calor”. Recuerden, hablamos del sótano de una estructura construida en Caracas, donde la temperatura puede llegar a los 30°C. “No había luz, agua o baños, tampoco camas. Las paredes estaban manchadas de sangre y excrementos. Era un lugar diseñado para el maltrato físico y psicológico”, mencionó Rosmit, que estuvo preso allí durante mucho tiempo por protestar. Eso, solo por protestar.
A los torturadores les parece gustar mucho el uso de la electricidad, y los de Venezuela no son una excepción. Thamara Caleño, una ecuatoriana nacionalizada venezolana, quien fue detenida arbitrariamente en 2016 junto a su esposo Joshua Holt, era constantemente torturada con la intención de hacerla declarar en contra de Joshua. Como no accedía a ello fue electrocutada con una pistola Taser y sus dedos fueron colocados en un sacapuntas. Como Thamara hay decenas de casos, todos documentados en diversos informes. Y también cientos y cientos de casos como los que ocurría en la ESMA, de hecho, todavía hoy en Argentina se habla de la “Picana eléctrica” y muchos se asustan. Las dictaduras y sus torturadores dejan huellas imborrables.
Imborrable, también, son los informes sobre lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Venezuela. Uno de ellos lo hizo la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU. En el tercero que presentó (20 de septiembre de 2022) quedó plenamente establecido, además de la cadena de mando de los crímenes de lesa humanidad, los patrones de conducta en los métodos de tortura utilizados por funcionarios del SEBIN (cuya jefa principal es Delcy Rodríguez, aunque el @nytimes no lo sepa), es decir, los encargados de manejar lo que ocurre dentro del Helicoide.
¿Cuáles eran esos patrones?
- Posiciones de tensión denominadas la “crucifixión” (brazos extendidos y esposados a tubos o rejillas) y “el pulpo” (un cinturón metálico con cadenas atadas para inmovilizar la muñeca y los tobillos).
- Asfixia con bolsas de plástico, sustancias químicas o un cubo de agua.
- Golpes, a veces con un palo u otros objetos contundentes.
- Descargas eléctricas en los genitales u otras partes del cuerpo.
- Amenazas de muerte o de violencia adicional.
- Amenazas de violación contra la víctima y/o sus familiares.
- Desnudez forzada incluso en habitaciones mantenidas a temperaturas extremadamente bajas.
- Encadenamientos durante largos períodos de tiempo.
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El Helicoide y nuestro “nunca más”
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MADURO SE BURLA DE TRUMP!
Maduro está muy contento y ríe de las amenazas de Trump en televisión nacional. Sería una pena que esta publicación tuviera miles de retuits, millones de visualizaciones y que el presidente @realDonaldTrump la viera.
El problema de Venezuela no es solo Maduro. El Cartel de los Soles es un entramado criminal conformado por Maduro, Diosdado, Padrino López, Delcy y Jorge Rodríguez, y muchos más. Usan la droga como arma contra EE.UU., exportan delincuentes, torturan, violan y asesinan. No hay “moderados”: todos son criminales.