Ni Suiza ni Colombia le van a ganar a Argentina, Inglaterra va a pechear como siempre, el fútbol solo puede ser salvado por Mbappé o los putísimos españoles.
TEOTIHUACÁN: TIRADOR CON OBSESIONES GRINGAS Y FINAL PREDECIBLE
Lo que debía ser un paseo de historia y fotografías terminó convertido en un episodio digno de expediente psiquiátrico. El responsable del ataque en la Pirámide de la Luna ya tiene nombre: Julio César Ramírez Jasso, 27 años, vecino de la alcaldía Gustavo A. Madero, colonia La Purísima. No es un personaje de ficción ni de serie de streaming: es de carne y hueso, con dirección y pasado.
La identidad se confirmó con su credencial del INE, hallada en el sitio. El dato que hiela: cargaba consigo referencias a los multihomicidas de Columbine, tragedia ocurrida un 20 de abril de 1999. No fue un arrebato improvisado; era una obsesión cultivada, un fanatismo torcido que terminó en violencia real.
El saldo es brutal: una mujer extranjera muerta, varios lesionados y el agresor que decidió quitarse la vida. Un cierre cobarde y predecible: causar daño y escapar de toda consecuencia.
La Fiscalía del Estado de México abrió la carpeta de investigación para reconstruir el móvil. En términos claros: buscan entender cómo alguien pasó de la fascinación por masacres ajenas a protagonizar una propia en una zona arqueológica.
El escenario, que debía estar lleno de turistas, guías y vendedores de artesanías, se transformó en escena de crimen. La incredulidad y la rabia recorren a quienes presenciaron el ataque, mientras la pregunta se repite: ¿en qué momento una obsesión se convierte en detonador de violencia?
Lo único claro es que no se trató de un “loco solitario” surgido de la nada. Tenía identidad, domicilio y un historial marcado por fijaciones documentadas. El resto lo tendrá que desmenuzar la Fiscalía. En la calle, lo que queda es el miedo, la indignación y un recordatorio incómodo: la violencia también se alimenta de obsesiones que nadie detuvo a tiempo.