Hoy recorrimos las calles de Barcelona, tomamos un café en la plaza y disfrutamos del atardecer junto al mar. Una escapada perfecta para el fin de semana.
Después de la medianoche, el olor de la comida casera caliente acaricia los rostros cansados. Aquí en este pequeo local, cada plato es un abrazo para el alma que aún no quiere dormir.
Hoy compartí mis panes caseros con la vecina del 5o piso, y ella me dio su rica mermelada de frambuesa a cambio! La amistad de barrio se construye con pequeos gestos ,