Pensé que moriría sin ver un gobierno que subiera el salario mínimo en función de los trabajadores y le quitara un bono desproporcionado a los congresistas.
Eso sólo lo hace la izquierda, no hay conquista social en la historia que no tenga el sello progresista.
Adam Smith, ese gran simpatizante de las causas populares, e injustamente apropiado por los conservadores, decía que:
«Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los malos efectos de los salarios altos, porque elevan los precios y, con ello, reducen la venta de sus productos… pero no dicen nada acerca de los efectos negativos de las ganancias elevadas. Guardan silencio respecto de los efectos perniciosos de sus propias ganancias. Solo se quejan de las de otras personas.»
En un libre mercado, pensaba Smith, las ganancias deben ser modestas y, en momentos de mucha competencia, ser mínimas. Las altas ganancias son un síntoma de que los mercados funcionan a favor de unos pocos.
Y los bajos salarios, que son condición necesaria de ganancias récord, suelen tener la misma causa: la sofística de los capitalistas, capaz de guiar el gobierno hacia la reducción de los salarios.
¿Pero por qué le parecía que las altas ganancias tenían efectos perniciosos?
Porque para mantener esas altas ganancias hay que mantener artificialmente altos los precios de los productos que se venden, y artificialmente bajos los salarios de los trabajadores.
En una economía de libre mercado, los trabajadores deberían obtener fácilmente lo que hoy se llama salario vital, y los capitalistas deberían obtener con dificultad ganancias modestas. Esto le parece necesario a Smith para garantizar la virtud y la utilidad social de los capitalistas.
Podemos dudar de aspectos de la hipótesis de Smith. Yo no creo que esas condiciones se consigan con libre mercado, por ejemplo.
Lo claro es que bajo las condiciones actuales, los trabajadores difícilmente obtienen el salario vital, ��pero qué tasa de ganancia obtienen los capitalistas?
Tuve la fortuna de leer 41 libros este año. Aquí mi pequeño podio de los que más me gustaron. Gracias a la literatura por regalarme tanta vida. Que los libros nos sigan salvando del mundo (y de nosotros mismos).
Hay mala fe en establecer una relación entre el aumento del salario mínimo y la inflación. En realidad reducirá la concentración de la riqueza (ingresos Gini).
La obsesión por la inflación (bajo control) y el desprecio por la igualdad es herencia del neoliberalismo.
El argumento más fuerte del extremo centro y la derecha (se parecen mucho) es la descalificación del presidente. Ya lo graduaron de dictador y ahora se prendieron del bejuco moral de la presencia de la hija en su última alocución. No se detienen en el parteaguas que significa la cifra del salario mínimo. ¿Qué les pasa? Tengan aunque sea, pordiosanto, ¡UNA sola idea original! Es que no piensan con audacia; no pueden proponer nada que no parta de la persona del presidente. ¿A qué se debe esta miseria de su pensamiento? ¿A qué se debe su triste medianía, su resignación, su retrogradez, su cobardía, su pusilanimidad, su falta de carácter, su languidez vestida de rabieta, su moralidad de bachillerato, su bloqueo, su opacidad, su retórica aburrida y llena de lugares comunes, su falta de imaginación, su lenguaje tecnoescuelero, su normalidad, su…su…diosmío…su…? Ay, no. Sigan ustedes.
Mucho ruido y poca verdad.
Nadie está acabando con Colfuturo, se está corrigiendo un modelo que beneficiaba a pocos con recursos públicos.
Apoyo total a mi gobierno que decidió priorizar que miles de jóvenes puedan estudiar y no seguir financiando privilegios
Defender la educación pública y el acceso justo también es cumplirle al país.
Curioso, egresados de la Universidad del Antisubsidio que ayer eran self-made, hoy resulta que Colfuturo les pagó la carrera, Cuando el Estado apoya a otros: “asistencialismo”.
Cuando el Estado los apoyó a ellos: “oportunidad”.
Así funciona el privilegio.
Precisamente @isalondono
Durante décadas, en Colombia se financiaron con recursos públicos modelos de acceso a la educación avanzada, como el Programa Crédito Beca de Colfuturo, que no fueron diseñados para los más pobres, como usted lo menciona. Modelos que, aunque beneficiaron a algunos, sirvieron para mantener el statu quo, concentrar oportunidades y reproducir privilegios.
Cuando esos esquemas se presentan como “mérito”, muchas veces lo que opera es el privilegio: la capacidad de endeudamiento, el respaldo económico previo y el capital social.
Eso es especialmente problemático cuando se trata de recursos del Estado, que deben servir al interés general y no a la reproducción de élites.
Por eso, en 2023, @MincienciasCo inició la implementación de un nuevo modelo de becas doctorales, financiado con recursos públicos, con enfoque regional, étnico y de género, orientado a corregir desigualdades históricas y a generar impacto sistémico en el sistema educativo nacional.
Y en 2026, este modelo tendrá una nueva cohorte, ampliando oportunidades para todos los colombianos, no solo para quienes ya tenían ventajas de partida.
Sí, incomoda. Pero es una incomodidad necesaria si queremos una democracia real, participativa y con verdadera movilidad social.
¿No es indignante que solo el 6% de los recursos vaya para los estratos 1 y 2?
El modelo de COLFUTURO perpetúa las dinámicas desiguales y hace que con plata pública, que viene de los impuestos del pueblo, se financie el estudio de los más adinerados del país.
Esto es muestra del clasismo con el que se ha manejado el país por parte de banqueros y megarricos, como la propia junta directiva de COLFUTURO.
Ponen el negocio por encima de la gente. Por eso se oponen a democratizar el acceso a la inversión estatal para quienes más lo necesitan.
El Estado no debe estar al servicio de unos pocos. Debe estar al servicio de todo el pueblo colombiano.
@petrogustavo@PactoCol@ColombiaHumana_@YeseniaOlayaR
Adiós doctorados para las clases altas.
Solamente habrá beneficiarios de las clases bajas, pero deben comprometerse a que durante 20 años no cambiarán de estrato.
La pólvora en Colombia no significa un espectáculo de luces.
Se usa para tirarla a ras de piso, para asustar a la gente, para agredir a los animales, para que la manipulen los niños y, sobre todo, para hacer estruendo.
Al colombiano, que es violento, le encanta la detonación.
Es sencillamente increíble que todos los políticos –y analistas políticos colombianos– no rechacen, al unísono, una eventual agresión (con bombardeo incluido) contra Colombia.
Es sencillamente increíble que, incluso, les parezca bien.