El que un “viceministro” como Oliver Blanco, haya sido la única persona en recibir formalmente al general Dan Caine, Jefe del Estado Mayor Conjunto de los EEUU, a su llegada al Aeropuerto de Maiquetía en el Air Force Two, el 2do avión oficial más importante de ese país, despeja muchas dudas para los que aún no tienen claro, que es lo que en definitiva existe en nuestro país, que no es precisamente una Republica. Ese pequeño toque técnico hecho por el Gral Caine en el aeropuerto para luego ocuparse de temas mayores en la estrategia de 3 fases que para Vzla diseñó el binomio Trump-Rubio, con funcionarios y personas claves en el propio terreno tutelado, que fue lo que en definitiva vino a hacer, (en las que, por cierto no participó Oliver Blanco) justo en un momento en que la Administradora Interina se encuentra ausente en actividades internacionales, da cuenta de la magnitud del vacío que de nuestra institucionalidad legítima existe en nuestro país… Cuando se recupere la institucionalidad, visitas como está, la de una máxima autoridad militar de un país extranjero, serán autorizadas por el Presidente y recibidas por él o por el Vicepresidente o Canciller; y la autorización de una misión militar extranjera en suelo patrio, volverá a ser competencia exclusiva y excluyente de un poder legislativo nacional autónomo y soberano tal como reza el numeral 11 del Art. 187 constitucional…
𝐃𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐥 𝐟𝐥𝐨𝐫𝐞𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 🌺
El arco metafórico oculto del discurso de María Corina Machado en Oslo y lo que revela sobre su transición política
Por Elizabeth Sánchez Vegas
El discurso que María Corina Machado dio en Oslo no tiene un solo lenguaje. Tiene dos. Y la frontera entre ellos es la parte que casi nadie ha señalado.
Los analistas se han concentrado en el contenido declarativo: el Manifiesto de Panamá, el marco estratégico promovido por Estados Unidos, la mención explícita de una nueva negociación. Todo eso es real. Pero están leyendo el qué del discurso sin leer su arquitectura. Y la arquitectura lo cambia todo.
El primer tercio del discurso es de combate. Habla de guardianes del voto, de represión, de exilio, de actas que se convirtieron en evidencia de un mandato. El lenguaje es de resistencia militante: certero, acusatorio, apelando a la dignidad colectiva frente a la humillación. Es la María Corina que el mundo conoce.
Pero en el minuto 10:53, hay un giro. No lo anuncia. No dice "y ahora quiero hablar de algo distinto." Simplemente cambia de lenguaje. Y ese cambio es la noticia real del discurso.
𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒐 𝒓𝒆𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂. 𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂 𝒈𝒐𝒃𝒆𝒓𝒏𝒂𝒏𝒛𝒂. (𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒏𝒐𝒘 𝒏𝒆𝒆𝒅𝒔 𝒎𝒐𝒓𝒆 𝒕𝒉𝒂𝒏 𝒓𝒆𝒔𝒊𝒔𝒕𝒂𝒏𝒄𝒆. 𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒏𝒆𝒆𝒅𝒔 𝒈𝒐𝒗𝒆𝒓𝒏𝒂𝒏𝒄𝒆.)
Esta no es retórica. Es una declaración de transición de identidad política. Hecha públicamente, ante una sala llena de activistas pro-democracia de todo el mundo, ante las mismas personas que vieron a otros líderes hacer ese mismo giro generacional. María Corina les está diciendo, sin decírselo directamente: estoy pasando de página.
Y entonces, al final del discurso, llega la metáfora que lo sella todo.
𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒆𝒔𝒕á 𝒄𝒐𝒎𝒆𝒏𝒛𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓𝒆𝒄𝒆𝒓 𝒅𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐. 𝒀 𝒎𝒊 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒂𝒃𝒊𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒆𝒔 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒓 𝒍𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐 𝒑𝒂í𝒔 𝒑𝒓𝒐𝒔𝒑𝒆𝒓𝒆. (𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒊𝒔 𝒃𝒆𝒈𝒊𝒏𝒏𝒊𝒏𝒈 𝒕𝒐 𝒃𝒍𝒐𝒐𝒎 𝒂𝒈𝒂𝒊𝒏. 𝑨𝒏𝒅 𝒎𝒚 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒊𝒃𝒊𝒍𝒊𝒕𝒚 𝒊𝒔 𝒕𝒐 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒅𝒊𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔 𝒇𝒐𝒓 𝒐𝒖𝒓 𝒄𝒐𝒖𝒏𝒕𝒓𝒚 𝒕𝒐 𝒇𝒍𝒐𝒖𝒓𝒊𝒔𝒉.)
Florecer. Prosperar. Dos palabras botánicas. Dos palabras de jardín. Y en ellas está escondida la declaración más importante del discurso.
Hay una gramática moral del poder que los grandes líderes de transición han compartido a lo largo de la historia. No es la gramática de la victoria militar ni de la conquista política. Es la gramática del cultivo.
Quien cultiva no vence: prepara condiciones. No impone resultados: siembra y espera. No es el protagonista de la historia sino el que trabaja el suelo para que otros puedan crecer.
Nelson Mandela lo entendió desde la cárcel. En Robben Island, cultivar un huerto no era solo un pasatiempo. Era una preparación filosófica para el momento en que dejaría de ser líder de la resistencia para convertirse en estadista. Escribió que el líder también debe cuidar su jardín: sembrar semillas, observar, cultivar y cosechar los resultados; asumir responsabilidad por lo que cultiva, proteger lo que puede preservarse y eliminar lo que no puede prosperar.
María Corina no citó a Mandela. Pero usó exactamente su lenguaje. Venezuela está comenzando a florecer, el proceso ya comenzó y no depende de ella como factor único. Ella es testigo y cultivadora, no causa. Mi responsabilidad es crear las condiciones. El poder del jardinero no está en la fuerza sino en la paciencia.
Václav Havel, el dramaturgo checo que pasó de disidente encarcelado a presidente de Checoslovaquia, habló de zonas de verdad que crecen silenciosamente bajo la superficie de un sistema autoritario, como raíces que trabajan en la oscuridad antes de que nadie las vea. En el discurso de Oslo hay exactamente esa lógica. María Corina lo dice con una imagen que Havel hubiera reconocido de inmediato: una pequeña grieta se abrió y se volvió imparable. (A small crack opened and has become unstoppable.) La grieta. La semilla que rompe el cemento.
Lech Wałęsa, el electricista polaco que llevó a Solidaridad a doblegar al comunismo, dijo al asumir el poder: "no construiremos una casa nueva demoliendo la vieja con los puños. La renovaremos cuarto por cuarto."
Estos tres no se conocieron para coordinar su metáfora. Pero todos llegaron al mismo lugar: el momento en que la resistencia ya no alcanza, el momento en que gobernar requiere un lenguaje diferente, el momento en que hay que dejar de hablar de lo que se va a destruir y empezar a hablar de lo que se va a cultivar.
La resistencia tiene una lógica moral que admite la pureza absoluta. Puedes ser inflexible porque tu función es mantener viva la verdad frente a la mentira del régimen. No necesitas negociar con la realidad: tu trabajo es negarla como legítima.
La gobernanza es lo contrario. Exige compromiso, coalición, la valentía y ella usa esa palabra exacta, de sentarse a la mesa con personas que piensan diferente y aún así encontrar terreno común al servicio del país. Eso suena a alguien que ya está pensando en cómo va a gobernar.
Y eso es precisamente lo que hace el cambio de metáfora en Oslo: no es ornamental. Es un anuncio de fase. La primavera no se declara, se anuncia con los primeros brotes. Y los brotes son estas palabras.
Hay además una precisión temporal muy deliberada en la frase. No dijo Venezuela florecerá, promesa a futuro. Dijo Venezuela está comenzando a florecer, presente continuo. El proceso ya está ocurriendo. Esto no depende de una negociación exitosa ni de una elección ganada. Ya está pasando. Ella se está nombrando testigo y cultivadora de algo que el pueblo venezolano ya inició.
Esa distinción importa porque libera el discurso de la trampa binaria en la que tantos análisis la encierran: ¿ganó o perdió? ¿la negociación es capitulación o estrategia? ¿cuándo llega la libertad? El lenguaje botánico disuelve ese marco. El jardín no pregunta si ganó o perdió. Pregunta: ¿están las condiciones para crecer?
No es un detalle menor que este discurso haya sido en Oslo. Ella misma lo señala al comienzo: fue allí donde respiró libertad por primera vez tras dieciséis meses escondida en Venezuela, donde abrazó a sus hijos después de años de separación. Oslo es su lugar de renacimiento personal.
Pero Oslo es también el lugar donde se reúnen los combatientes de la libertad del mundo entero. El auditorio no es el pueblo venezolano. Es el club histórico de quienes han vivido estas transiciones en carne propia. Son ellos quienes pueden reconocer, en el lenguaje, no solo en las palabras, que algo ha cambiado.
Y al final, antes de anunciar que volverá pronto a Venezuela, les dice que la nueva Venezuela que ya está surgiendo será un faro de esperanza y libertad, y que su lucha también es la de ellos.
𝑨 𝒍𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒃𝒂𝒕𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒊𝒃𝒆𝒓𝒕𝒂𝒅 𝒆𝒏 𝒕𝒐𝒅𝒂𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒆𝒔, 𝒚 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒄𝒊𝒂𝒍𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕á𝒏 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒔𝒂𝒍𝒂: 𝒍𝒂 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒂 𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒚𝒂 𝒆𝒔𝒕á 𝒔𝒖𝒓𝒈𝒊𝒆𝒏𝒅𝒐 𝒔𝒆𝒓á 𝒖𝒏 𝒇𝒂𝒓𝒐 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒓𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒚 𝒍𝒊𝒃𝒆𝒓𝒕𝒂𝒅... 𝒔𝒖 𝒍𝒖𝒄𝒉𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂. (𝑻𝒐 𝒇𝒓𝒆𝒆𝒅𝒐𝒎 𝒇𝒊𝒈𝒉𝒕𝒆𝒓𝒔 𝒆𝒗𝒆𝒓𝒚𝒘𝒉𝒆𝒓𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒄𝒊𝒂𝒍𝒍𝒚 𝒕𝒐 𝒕𝒉𝒐𝒔𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒓𝒐𝒐𝒎, 𝒕𝒉𝒆 𝒏𝒆𝒘 𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒔 𝒂𝒍𝒓𝒆𝒂𝒅𝒚 𝒓𝒊𝒔𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒊𝒍𝒍 𝒃𝒆 𝒂 𝒃𝒆𝒂𝒄𝒐𝒏 𝒐𝒇 𝒉𝒐𝒑𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒍𝒊𝒃𝒆𝒓𝒕𝒚... 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒔𝒕𝒓𝒖𝒈𝒈𝒍𝒆 𝒊𝒔 𝒐𝒖𝒓𝒔.)
Es el cierre perfecto del arco. No les está pidiendo apoyo para la resistencia. Les está ofreciendo una alianza desde la nueva Venezuela que ya está floreciendo. Ya no habla como quien lucha por llegar al poder. Habla como quien está preparando las condiciones del poder que ya considera legítimamente suyo.
La historia, cuando quiere, tiene memoria larga. Y sabe reconocer ese lenguaje.
En abril de 1974, los soldados portugueses salieron a las calles de Lisboa con órdenes de disparar. No dispararon. En cambio, una vendedora de flores les ofreció claveles rojos y blancos, y ellos los pusieron en los cañones de sus fusiles. Sin una sola bala, una dictadura de cuarenta y ocho años se dobló como papel mojado. El mundo aprendió ese día algo que los libros de historia tardan en enseñar: que hay momentos en que una flor es más poderosa que un arma, porque el arma solo puede matar lo que ya existe, mientras que la flor anuncia lo que está por venir.
Cincuenta años después, en una ciudad nórdica donde la luz de mayo dura hasta la medianoche, una mujer que pasó dieciséis meses escondida en su propio país, sin ver a sus hijos, sin poder salir a la calle, sin saber si el día siguiente existiría, se paró frente a los combatientes de la libertad del mundo entero y pronunció, casi al pasar, dos palabras: florecer, prosperar. Nadie las subrayó. Nadie las citó en los titulares. Pero ahí estaban, quietas y ciertas, como están las semillas en la tierra antes de que nadie sepa todavía lo que van a ser.
Eso es lo que hacen las flores. No anuncian su llegada. Simplemente aparecen, y cuando aparecen, ya es primavera.
Es decir, que las únicas dos opciones en #Colombia son un exguerrillero camarada del actual presidente y el otro un examigo de Álex Saab que tiene nombre de estafador. #EstamosJodidos
CUANDO LOS PRESIDENTES DE VENEZUELA TENÍAN COJONES CON LOS GRINGOS
El incidente ocurrió en febrero de 1977, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP), y puso a correr a toda la diplomacia de Washington.
La bomba del New York Times
El 18 de febrero de 1977, el periodista Seymour Hersh soltó una exclusiva durísima en el New York Times: la CIA tenía una lista de pagos secretos a gobernantes extranjeros. El artículo embarraba directamente a Carlos Andrés Pérez, asegurando que había cobrado fondos de la agencia en los años 60, cuando era Ministro de Relaciones Interiores de Rómulo Betancourt (una época en la que el gobierno venezolano combatía con todo a las guerrillas apoyadas por Fidel Castro).
El ultimátum de las 24 horas
La reacción de CAP fue instantánea y colérica. No se lo tomó como un simple chisme de prensa, sino como un insulto directo a su honor y a la soberanía de Venezuela.
Mandó a llamar de inmediato al embajador estadounidense en Caracas, Viron Vaky, y le plantó un mensaje de texto impecable pero letal para el recién estrenado presidente Jimmy Carter:
La exigencia: El gobierno de EE. UU. tenía que desmentir la noticia de forma oficial, pública y rotunda.
El plazo: Les dio 24 horas exactas. Si el Departamento de Estado no sacaba el comunicado negándolo todo en ese tiempo, Venezuela rompía relaciones diplomáticas en el acto y retiraba a su embajador.
Correrías en la Casa Blanca
Para Estados Unidos, perder el flujo de petróleo venezolano (Caracas era de sus principales proveedores) y enemistarse con CAP —que pisaba fuerte como líder del Tercer Mundo— era una pesadilla geopolítica. Así que la administración Carter se puso en modo control de daños a contrarreloj.
Carter reaccionó dentro del plazo. Redactó una carta personal dirigida a CAP que se leyó públicamente para frenar el escándalo. En la misiva, Carter:
Lamentó profundamente la publicación y rechazó los señalamientos del reportaje.
Aseguró categóricamente que esas acusaciones no tenían pies ni cabeza ni reflejaban la realidad de la relación entre ambos países.
Reafirmó su total respeto por la trayectoria democrática de Pérez.
¿En qué quedó todo?
Con el desmentido oficial y firmado por el propio inquilino de la Casa Blanca en la mano, Carlos Andrés Pérez dio el asunto por cerrado y se evitó la ruptura. Después, CAP aprovechó el revuelo en el Congreso para darse un baño de masas, usando el episodio como bandera de su política exterior nacionalista e independiente frente a las superpotencias.
¡Una historia que eriza la piel y rompe el corazón!
En el infierno económico de Venezuela, donde la corrupción y la miseria han tocado fondo, un viejo profesor jubilado vende dulces en la calle para no morir de hambre.
Pero un día sus antiguos alumnos lo reconocen… y lo que sucede después es puro fuego: se organizan, corren la voz y deciden honrar al hombre que les enseñó a soñar. Lo que empieza como un gesto de gratitud se convierte en una ola imparable de solidaridad que le cambia la vida.
Esto no es solo una historia de pobreza, sino de dignidad, gratitud y justicia poética en medio del caos.
Un profesor que dio todo… ahora recibe todo de vuelta.
30 años con el ascensor dañado en el IVSS Dr. Renato Valera Aguirre. 30 años cargando enfermos y camillas por las escaleras. Hoy la tiranía hace una fiesta con globos para inaugurar LO MÍNIMO que debieron garantizar
hace décadas.
No es un logro, es la confesión grabada en video de su propia negligencia criminal. El socialismo te rompe las piernas y luego te celebra que te vende las muletas. ¡Sinvergüenzas! •
In Vinnytsia, Ukraine, a female stork was widowed when her mate died. She is incubating her eggs and is unable to feed herself.
Local residents have started feeding her.
Se regresó a su comunidad indígena 🏹 a enseñar gratis.
La historia de Corina de la comunidad Pemón en Bolívar, Venezuela 🇻🇪, anda enseñando el arte del modismo para que tengan habilidades que nunca puedan olvidar.
Empezó con sus dos máquinas de coser 🧵 y lo que le alcanzó el dinero para comprar telas, ya tiene 8 máquinas de coser y donaciones de cajas con telas, hilos y demás materiales 🪡 gracias a donaciones.
Hoy Venezuela despide a la señora Carmen Teresa Navas.
No murió solo una madre; se apagó una mujer que convirtió el dolor en coraje y la desesperación en denuncia.
Durante meses buscó a su hijo Víctor Hugo; recorrió cárceles, tribunales y oficinas de un Estado que le respondió con silencio, humillación y mentira. Nunca dejó de exigir verdad. Nunca se rindió. Nunca dejó de luchar.
Carmen nos deja una lección inmensa de perseverancia y dignidad. Una mujer de más de 80 años enfrentó, sola y sin miedo, a todo un aparato de terror que quiso borrar a su hijo y quebrar a su familia. No pudieron.
Su voz se convirtió en la voz de miles de madres venezolanas que hoy buscan a sus hijos desaparecidos, presos, perseguidos o asesinados por el régimen criminal.
La muerte de Carmen Teresa no puede separarse del sufrimiento, la crueldad y la impunidad que marcaron los últimos meses de su vida. Venezuela tiene el deber moral de recordar su nombre y el de Víctor Hugo. Porque un país que olvida a sus víctimas corre el riesgo de acostumbrarse al horror.
A su familia, mi abrazo infinito, y las oraciones de una nación que los acompaña.
Y a nosotros, una obligación: que exista justicia, memoria y reparación. Y que nunca, jamás, se repita este horror.