No tengan miedo de sembrar sin ver inmediatamente los frutos. A ustedes les corresponde sembrar; el crecimiento pertenece a Dios. Ningún gesto realizado en el nombre de Cristo es inútil.
Es lindo recordar la alegría. Volver a reírse y a sentir felicidad. Hay un gran alivio ahí: en sentir paz y poder mirar la tristeza a los ojos antes de despedirla. Hasta la próxima.