Es fabuloso el partido que jugó Colombia. Si uno no mira la tabla, pareciera ser Colombia el necesitado por ganar, y Portugal la que le bastaba el empate
Colombia no especuló y fue a buscarlo desde el comienzo. Superioridad total frente a una Portugal que no hizo nada.
Daniel Muñoz está siendo, hasta ahora, el mejor lateral derecho del Mundial.
La rompió también en la Copa America 2024.
No sé si lo podrá retener el Crystal Palace...
Qué absoluta desgracia. Qué absoluta tristeza. Y qué mierda es esta vida a veces. No sé ni que decir. Descansa en paz, Gaspi.
Un fuerte abrazo a toda la familia y amigos.
Ese Mane Diaz si es mera firma, no chimbea al hijo con las decisiones futbolísticas, es recochero cuando hay q serlo, se lleva bien con los compañeros del hijo y se deja secuestrar para q el hijo saque el ultra instinto
Salvador Dalí le encantaba cenar bien.
Grupos grandes.
Mesas largas.
Vinos caros.
Los mejores restaurantes de París y Nueva York.
Y siempre insistía en pagar la cuenta.
Nadie sospechaba nada.
Cuando llegaba el momento de pagar, rellenaba el cheque con el importe total, con calma y elegancia.
Firmaba.
Y entonces, antes de entregárselo al camarero, giraba el papel y hacía un dibujo en el reverso.
Un boceto rápido.
Elefantes.
Caballos.
Figuras surrealistas.
Firmaba debajo.
Y entregaba el cheque al restaurante.
Dalí sabía perfectamente lo que iba a pasar después.
El dueño del restaurante no cobraría el cheque.
Lo enmarcaría.
Lo colgaría en la mejor pared del local.
Un Dalí original, enmarcado, dentro del restaurante.
Valía infinitamente más que cualquier cena.
Todos esos cheques con dibujos fueron guardados.
Y hoy valen una fortuna.
Hay relatos de que hizo esto muchas veces a lo largo de los años, tanto en París como en Nueva York.
En una de las noches documentadas, en el Café de la Rotonde de París, Dalí le pidió una hoja de papel al camarero, dibujó rápidamente un elefante con la trompa levantada, firmó debajo y lo entregó con total naturalidad.
La cuenta estaba pagada.
Y el restaurante había salido ganando.
Lo que hacía Dalí no era solo excentricidad.
Era entender perfectamente que el valor de su presencia y de su firma ya había superado el precio de cualquier menú.
No necesitaba dinero para pagar.
Solo necesitaba un trozo de papel y saber cuánto valía.