López Obrador no fundó un movimiento: montó una agencia de colocación para políticos reciclados, con una prueba de ingreso muy clara: lealtad al jefe y talento para la simulación.
No podía construir su maquinaria con gente honesta; necesitaba piezas compatibles. Así fue al PRI y al PAN, reclutó sus residuos más útiles y los rebautizó como transformación.
La ironía: vendió limpieza con el inventario de siempre.