Ayer, en la lectura de su informe, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea anotó que un grupo de medios se prestaron a la campaña del falso fraude de Rafael López Aliaga y también se dedicaron a atacar sistemáticamente solo a Roberto Sánchez.
@acuariana_25 Aca un consejo nunca presto dinero cuando me pide alguien de mucha estima para mi, lo que hago lo ayuda con algo que pueda como auxilio y presto dinero a petsonas que quiero desaparecer de mi vida claro con montos menores
La batalla que están dando en redes P. Francke, G. Guerra-García, O. Dancourt, C. Eyzaguirre y F. Cuadros, el equipo económico de Nuevo Perú / Venceremos apoyando a Juntos por el Perú, es impresionante. Síganlos en facebook y twitter.
Me saco el sombrero.
La entrevista de @GGG_pe con @rmapalacios ha sido muy refrescante: una discusión con buen nivel técnico y perspectiva política. Así, JP cubre su flanco más debil: el económico. @FuerzaPopular__ no ha hecho un mínimo esfuerzo en cubrir su flanco débil: ddhh y democracia.
Vienen a Europa a disfrutar de su transporte público barato y eficiente, de educación y salud públicas accesibles, de jornadas de 8 horas y días de descanso conquistados gracias a sus sindicatos fuertes...pero cuando alguien pide lo mismo para América Latina, lo llaman comunista.
🚍 Gustavo Guerra García puso el dedo en la llaga: muchas de las zonas altas de Lima siguen abandonadas y sin un transporte público digno por decisiones tomadas en los 90 durante el fujimorismo.
Mientras Alberto Fujimori prometía “modernidad”, nos dejó un sistema caótico, informal y pensado para el negocio de unos pocos, no para la gente que pasa horas viajando todos los días.
Hoy millones de peruanos siguen pagando las consecuencias: tráfico, inseguridad y rutas precarias. El “milagro” del fujimorismo nunca llegó al transporte público.
BREAKING🚨 Trump spent all week bragging that he got Stephen Colbert “fired.” Less than 24 hours later, Colbert was back on TV with Jack White, Eminem, Steve Buscemi, and Jeff Daniels — flipping him the bird from a tiny public access studio in Michigan.
Thursday night, after 11 years, The Late Show with Stephen Colbert ended on CBS. Trump immediately took a victory lap, posting an AI video of himself grabbing Colbert and throwing him into a dumpster, then dancing on the lid.
He ranted that Colbert was “talentless,” celebrated that he was “finally finished,” and basically declared himself the man who got a critic taken off network TV.
The party lasted about 23 hours.
Friday at 11:30 p.m., Colbert popped back up — not on a major network, but on Monroe Community Media 1 in Monroe, Michigan, hosting the local public‑access show “Only in Monroe.” He read goofy local news, roasted his former bosses at CBS, and welcomed surprise guests Jack White and Jeff Daniels.
Then came cameos from Steve Buscemi and hometown legend Eminem, who wandered onto the set just to show they were in on the joke. All that star power, crowding into a community‑access studio, just to send one message: you can’t cancel someone who won’t shut up.
“It’s been an excruciating 23 hours without being on TV,” Colbert deadpanned, before thanking Monroe Community Media for having him “before they get acquired by Paramount.” That’s the whole story in one line: Trump can lean on billionaires and corporate bosses. He can post his little AI cartoons.
But he cannot actually make a voice disappear if that person is determined to keep talking — even if it’s from the most bare‑bones cable channel in Michigan.
This is what authoritarian types never understand. Censoring a critic doesn’t kill the criticism. It amplifies it. By gloating over Colbert’s finale and literally sharing a fantasy of throwing him in the trash, Trump turned a late‑night host into a free‑speech folk hero.
Instead of quietly exiting the stage, Colbert got a new, bigger story: the comic who went from CBS to public access overnight just to prove that comedy doesn’t belong to corporations or presidents.
Now the clip that’s going viral isn’t Trump’s AI dumpster video. It’s Colbert sitting in a cramped local studio with Jack White and Eminem, laughing about how fast he bounced back. Everyone’s talking about the comedian Trump tried to erase — and how small, petty, and thin‑skinned the president looks in comparison.
Whatever Colbert does next, he’s going to be living rent‑free in Trump’s head the entire time. And the more Trump tries to silence him, the louder that little public‑access studio in Monroe is going to sound.
Carranza mintió descaradamente hoy. Durante la gestión de @pedrofrancke el 2021, la inversión privada real creció 35% respecto a 2020 y 13% en relación a 2019, mientras que la inversión pública lo hizo en 25% y 6%. Se generaron 250 mil empleos formales privados (creció 7,5%).
Debate en salud. No fue un error: fue un mensaje
Indignación. Esa es la reacción que se generó al ver que Fuerza Popular eligió a José Francisco Recoba para representarla en el bloque de salud del debate técnico.
En una segunda vuelta presidencial, cada vocero comunica una prioridad. O la ausencia de ella.
🩺 El Perú llega a esta elección con un sistema de salud profundamente deteriorado: primer nivel debilitado, EsSalud en crisis, hospitales con listas de espera, medicamentos que no llegan, epidemias mal controladas, anemia infantil persistente y una ciudadanía obligada a enfrentar colas, maltrato, desabastecimiento y gasto de bolsillo.
Frente a ese cuadro, Fuerza Popular pudo mostrar seriedad. Pudo convocar a alguien con experiencia en gestión pública sanitaria: una persona que hubiera conducido una posta, un centro de salud, una red, un hospital, una dirección regional, un programa nacional o una política pública. Alguien que conociera el sistema desde dentro.
No lo hizo.
Eligió a Recoba, un médico pediatra sin trayectoria relevante en conducción del sistema público de salud. Pero el problema no termina allí. Su perfil público está asociado a posiciones que chocan con pilares básicos de la salud pública: la promoción de sucedáneos de la leche materna, la oposición a los octógonos nutricionales y la difusión de dudas sobre la pandemia, a la que llegó a calificar como un “psicosocial”.
⚠️ Estos no son detalles menores.
Proteger la lactancia materna, regular productos dañinos, defender el etiquetado frontal, comunicar con responsabilidad en emergencias y sostener políticas basadas en evidencia son tareas centrales de cualquier sistema de salud serio. No son adornos. Son políticas que salvan vidas.
Por eso, la elección de Recoba no puede leerse como una mala decisión comunicacional. Es una definición política.
El Perú tiene miles de profesionales con experiencia en salud pública, gestión hospitalaria, atención primaria, epidemiología, logística sanitaria, medicamentos, inmunizaciones y regulación. Gente que trabaja en el MINSA, EsSalud, gobiernos regionales, hospitales, institutos, redes y centros de salud. Gente que sostuvo el sistema durante la pandemia y conoce sus heridas.
¿Fuerza Popular no pudo encontrar entre ellos a una persona capaz de representar su propuesta sanitaria? ¿Ni una sola?
La respuesta parece evidente: no quiso.
Y el debate lo confirmó. No hubo una propuesta articulada. No hubo una ruta clara para recuperar el primer nivel. No hubo respuesta seria frente al desabastecimiento de medicamentos. No hubo visión consistente sobre EsSalud. No hubo comprensión del sistema. Ni siquiera hubo una defensa solvente del propio plan de gobierno.
🚨 Lo ocurrido muestra algo más profundo: para el fujimorismo, la salud sigue siendo la última rueda del coche.
Sirve para la foto, para el eslogan, para vestir de blanco una campaña. Pero no para convocar a los mejores, respetar la evidencia, regular mercados, defender la salud colectiva o asumir que gobernar exige experiencia.
La salud pública no puede seguir siendo tratada como accesorio electoral. No puede quedar en manos de la improvisación, el marketing o los intereses privados.
Cuando una candidata presidencial no puede —o no quiere— presentar a una persona calificada para hablar de salud en el momento más importante de la campaña, está enviando un mensaje brutalmente claro:
la salud de la gente no está en el centro de sus prioridades.
Y eso debe indignarnos.
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