Cuando veas a un hombre cerrar los ojos y bajar la cabeza, levanta una plegaria por él.
En ese momento, ya aceptó su destino. Sabe que lo que viene lo hará sufrir.
Y no... No es valentía. Solo es resignación; la resignación de un hombre que fue educado para sacrificarse.
En 1992, Diego Maradona viajó a Tres Arroyos. La Asociación de Padres y Amigos del Discapacitado “Caminemos Juntos” necesitaba construir un Centro de Día. Se jugó un partido a beneficio, pero lo realmente mágico fue lo que sucedió después... 🔟❤️
Recién me di cuenta de algo:
1. Cita a Hemingway.
2. Cierra con: "es muy fácil tirar tiros con escopeta ajena".
3. Hemingway se suicidó de un escopetazo en la boca.
Es realmente la cabra.
Diego Maradona en Bariloche, 1996: “Yo defiendo los bosques, el verde. Hay que decir: ‘Aquí hace falta esto, señor Presidente’. Quiero venir con mi familia, mostrarle lo lindo que es el paisaje. Luchemos por una prevención para apagar los incendios. Es criminal cuando se quema”.
“Hay que romperles el orto. Tenemos una oportunidad increíble, hermano. Se está dando todo. Hoy es el partido.
Miren afuera muchachos. Miren afuera. TODO EL PARTIDO VAN A ESTAR CAGADOS ESTOS”.
Lo grita Dibu. Lionel asiente. Qué momento… 🥶🇦🇷
Sandro Aluisio Bosco, junto a su hijo -quien grabó el video- habían comprado los pasajes a Perú y las entradas para la final de la Copa Libertadores ante Palmeiras… pero una complicación del cáncer lo obligó a ver el partido desde una habitación de hospital.
Esa semana vio cómo un sueño estuvo a nada de resquebrajarse. Apenas el Flamengo aseguró su lugar en la final, empezó a organizar la travesía con la ilusión intacta: quería ver a su equipo en una final de Libertadores, ahí, en vivo, respirando cada instante.
Buscaron pasajes, entradas, paseos.
Todo quedó en orden: valijas listas, expectativas altas, y el viaje en marcha. Sandro viene peleando contra un cáncer desde 2022. Cuatro años de resistencia silenciosa. La última cirugía había sido un año atrás, y el médico -sereno- les aseguró que el riesgo era bajo, que podía viajar, que valía la pena perseguir el sueño.
Pero al llegar a Perú, el destino giró con crudeza.
La cicatriz, que llevaba meses cerrada, empezó a hablar en señales: enrojecida, dolorosa, con fiebre.
Los paseos se transformaron en idas y vueltas al hospital.
Y el diagnóstico cayó sin anestesia: la última cirugía se estaba “abriendo” por efecto de la altura.
El sueño tambaleó.
Aun así, desde la cama del hospital, él vio la final. No había estadio ni tribuna, pero había algo más potente: la obstinación de un hincha que, incluso en el silencio áspero de una habitación, sigue alentando con el alma entera.
NUNCA SERÁ SOLO FÚTBOL 🏆❤️