Gracias @PaulinaAstrozaS por invitarme a participar como moderador en la presentación del libro “Impacto, riesgos y oportunidades del populismo en Europa y América Latina”
📍 La #OPINIÓN de @SariasDavid | "La suya era una opción enteramente alineada con la política de contención emprendida por los norteamericanos tras 1945"
✍ Kissinger y el siglo de América https://t.co/FH3V8j38ni
La llamada “teoría realista” de las relaciones internacionales, según la cual los Estados quieren maximizar su poder en base a las leyes inalterables de la geografía o el acceso a recursos, enriquece el debate sobre las raíces de la invasión de Ucrania. Es legítimo resaltar que EEUU hizo promesas vagas que no tenía intención o posibilidades de cumplir, por ejemplo, y apuntar que, dados los antecedentes del imperialismo ruso, hubiera sido inteligente buscar fórmulas que evitasen la catástrofe actual respetando la soberanía de Ucrania.
Pero los realistas suelen cometer el error imperdonable de ignorar, en sus análisis aparentemente fríos de las dinámicas de poder entre los Estados, la idiosincrasia de esos mismos Estados.
Al fin y al cabo, los Estados están formados por personas, y las personas estamos hechas de carne y hueso y prejuicios. Factores que no se pueden medir como un río en un mapa o un dato de producción de misiles.
Las consideraciones geoestratégicas del tipo “ampliación de la OTAN” no pueden explicar por sí solas la actitud de Rusia hacia Ucrania, ni su actual invasión.
Cuando la URSS de Stalin provocó una hambruna que mató a unas 4 millones de personas en el sureste de Ucrania, repoblando después esos territorios con rusos, o cuando ejecutó sumariamente a buena parte de la intelectualidad del país, o cuando erradicó el idioma ucraniano del espacio público, la OTAN aún no existía.
Cuando los bolcheviques se aprestaron a amarrar Ucrania por la fuerza de las armas, entre 1918 y 1921, aún quedaban tres décadas para que se fundase la OTAN.
Cuando el zar Pedro I conquistó Kyiv, o cuando se decretaron los matrimonios mixtos entre ucranianos y rusos para rusificar estas nuevas provincias, o cuando Catalina destruyó el Sich (gobierno cosaco) de Zaporiyia, ni siquiera existía Estados Unidos.
Buena parte de las razones de esta actitud hacia Ucrania hay que buscarlas dentro de Rusia, no en la OTAN o en Estados Unidos. Hay que buscarlas en la parte de la historia rusa que está siendo invocada y manipulada por Putin. En la arcaica concepción etnonacionalista de sangre y tierra, en el hueco entre la inmensa ambición de Rusia y sus limitadas capacidades, o en el derecho que se arrogan sobre la vieja Rus de Kyiv, un territorio del que las ciudades rusas originales estuvieron separadas 400 años.
A los realistas les encanta sonar técnicos y hablar de “profundidad estratégica”, “infraestructura militar” o “proyección al mar”. Razones, como digo, a tener en cuenta.
Pero esta concepción aparentemente técnica y desapasionada no explica por qué los rusos, en los territorios ocupados, han prohibido el uso del idioma ucraniano y quemado los libros de las bibliotecas. No explica la práctica sistemática de la tortura, ni el secuestro de niños que acaban en familias rusas, ni la continua falsificación de la historia para justificar la eliminación de toda una nacionalidad.
Una cosa es tratar de controlar política y militarmente Ucrania, que ya de por sí es una violación criminal de todas las leyes internacionales que la propia Rusia había ratificado, y otra es incurrir abiertamente en prácticas genocidas.
Sin intención de presentar esto como algo inevitable (los países cambian y Rusia podría haber elegido otro camino), lo cierto es que ya se hizo antes. Los antecedentes se remontan, por los menos, 300 años. Cuando George Washington aún no había nacido.
La teoría realista funcionó bien para navegar la Guerra Fría, cuando dos súperpotencias movían sus activos más o menos en igualdad de condiciones a lo largo y ancho del planeta. Pero en el caso que nos ocupa, en 2023, se queda bastante corta.
Hoy termina el proyecto “Impacto, riesgos y oportunidades del #populismo en Europa y América Latina”. Es un proyecto @EUErasmusPlus#JeanMonnet del que me siento muy orgullosa de dirigir. Un equipo académico fantástico! Logramos cumplir con más de lo prometido en la propuesta
Después de lo ocurrido en las elecciones en 🇪🇸 ayer y las preocupantes declaraciones de Friedrich Merz, líder de la CDU alemana en que abrió puerta posible a alianza con AfD a nivel local, imprescindible escuchar el podcast #LasMilCarasDelPopulismo 🎙️@Welpita y @fdelledonne
1) Si mañana Arabia Saudita enfriara sus relaciones con Occidente, apuesto que Twitter se llenaría de gente con banderitas en el perfil contando que el wahabismo es una respetable alternativa a la globalización neololiberal y que el desarrollismo de MBS es una vía al socialismo.