a la cafetería y luego regresar al trabajo.
Rápidamente echó un vistazo a la ropa de ambas, aparentemente todo estaba en orden y nadie había resultado empapado de café.—
—Saya negó al instante, después de todo al final en parte había sido su descuido por distraerse de mirar su frente.—
I'm okay, don't worry. Ya volveré a comprarme otro~
—Dijo aquello último con pesar, pues ahora tendría que volver a hacer el camino »
Bajo la lluvia no distinguía muy bien lo que había sucedido, solo supo que esa mujer (a juzgar por el sonido de su voz) la había atrapado a tiempo para no caerse de culo a un charco.
Lo que sí le sorprendió un poco fue el idioma escogido para referirse a ella. Y pensando que quizás no la comprendería al hablar el suyo, decidió que lo mejor era responderle a iguales.
— I'm fine. Sorry for making you drop your coffee. Can I buy you another one to make up for it?
vuelto un charco color latte en la acera.
Saya no pudo reprimir una maldición, sin embargo había tenido el rápido reflejo para sujetar una manga contraria.—
Hey, are you ok?
—Preguntó al enfocar la mirada en la persona que tenía delante, una chica al parecer.—
—Apenas tuvo tiempo de reaccionar tras el sorpresivo choque. Y es que ya estaba acostumbrada a desplazarse por las calles atestadas de gente, pero la hora pico siempre había sido su mal.
Un simple descuido y su café ya había sido historia, »
@SavageResilient El sonido de unas botas pisando suelo húmedo bajo la lluvia podía escucharse a través de las oscuras calles, ya desiertas no solo por las altas horas de la noche si no por el temporal que se había desatado.
El paso era ligero, acelerado incluso. No estaba huyendo; no tenía por qué, pero sí prefería no ser notada por nadie dentro de lo posible. Lo que no se había esperado era que al cruzar otra esquina y girarse, se comiera de frente el cuerpo de otra persona y que eso, le provocara tambalearse y casi caer sobre un charco.
Sorprendida por la presencia trató de acomodarse sus ropajes de color beige lo mejor posible, el cabello rubio caía sobre sus ojos dorados, resplandeciendo cuando la luna se hizo hueco entre los nubarrones negros para iluminar a ambas.
Entonces, habló.
—Disculpa, no miraba por donde iba.
Esa voz sonaba quizás demasiado tranquila, había practicado innumerables veces cómo controlarla para no parecer sospechosa.
Resulta inquietante mi facilidad para intimidar a quienes se acercan a conversar conmigo. Perdón por divagar tanto... Tal vez sea mejor callar durante un tiempo.
— Sigh.