En el 90 se rieron de las lágrimas del Diego, en el 94 fueron todos la rubia enfermera, en el 14 se hicieron los pelotudos en el penal a Higuian, por eso ahora nos pueden chupar bien la ch0t4 los uruguayos, mexicanos, españoles todos los que ahora se convirtieron en moralistas!!!
No era Perruzzi: era San Lorenzo mirándose al espejo
Por Marrero
En la vida hay caminos, hay momentos y también hay algo que se llama razonar. No mucho, apenas lo suficiente como para no convertir una bronca legítima en una estupidez colectiva.
Ayer San Lorenzo jugó más de noventa minutos con diez jugadores. Y no lo hizo con un plantel descansado, ancho, millonario, armado con bisturí europeo. Lo hizo con un equipo que viene jugando cada tres días, con piernas cargadas, con pibes, con sobrevivientes y con un club que vive en estado de emergencia permanente.
Entonces leo la furia contra chicos de 19 o 20 años porque patearon mal un penal, porque se equivocaron, porque sintieron el peso de una camiseta que a veces parece pesar más que el propio club. Y ahí aparece la pregunta verdadera:
¿el problema es el pibe?
No.
El problema es un plantel armado a los ponchazos.
El problema es una economía destruida.
El problema es una dirigencia transitoria.
Y esa dirigencia no es transitoria por poesía institucional: es transitoria porque San Lorenzo llegó al absurdo de tener que ordenar el club después de otro papelón dirigencial, otra interna, otra cama, otro audio, otros 25 mil dólares y otra escena en la que el club queda de rehén de sus propios protagonistas.
Vamos por partes.
Ayer el arquero fue excelente. En el gol, la pelota hace un efecto criminal, una de esas parábolas hijas de puta que parecen escritas por el destino para arruinar cualquier análisis sereno.
Romaña fue excelente. Y hay que renovarle ya, porque si llega julio y puede negociar con cualquier club, San Lorenzo puede perder otro activo sin ver un peso. Montenegro estuvo muy bien. Herrera también. Ayer enfrente no había un cuco metafísico: había un equipo que te tiró encima el presupuesto. Juanfer, Salas, Kendry, Galoppo. Después discutiremos si valen lo que dicen que valen. Pero River maneja en fútbol profesional cifras que, tristemente, se parecen a la deuda total de San Lorenzo más el estadio en Avenida La Plata.
Y aun así, tampoco la plata garantiza nada. Porque a veces te desequilibra el Perrito Barrios y se termina el PowerPoint.
Ahora, entiendo la calentura. Lo que no entiendo es contra quién la descargan.
¿Contra Perruzzi?
¿Contra Gulli?
¿Contra Montenegro cuando se equivoque, porque tiene veinte años y los de veinte años se equivocan?
¿Contra los pibes que hace seis meses eran los activos más importantes del club y hoy algunos quieren prender fuego porque patearon mal una pelota?
A ver si alguien les avisa: si el primero de junio agarrás San Lorenzo como dirigente, aunque seas vocal, asambleísta o figurita decorativa de lista, esos pibes son tus activos. Y a los activos se los defiende. Te gusten o no. Te parezcan cracks o no. Porque un club quebrado, sin caja, sin plantel largo y sin ingresos genuinos, no puede darse el lujo de destruir lo poco que tiene.
Es incomprensible, sí, que manden a patear a un pibe nervioso. Ahí hay un error grave del cuerpo técnico, que en casi todo lo demás hizo un gran partido. También es absurdo leer gente preguntando por qué salió Auzmendi. Salió porque estaba al borde del desgarro. Porque venía fajándose. Porque San Lorenzo corre con lo que tiene, no con lo que sueña.
Y acá viene la parte que molesta.
A toda la fauna de las cinco listas —cinco listas, ninguna en condiciones de sentirse dueña de la verdad ni del club— les propongo algo simple: si van a dejar la vida personal, si van a trabajar 24x7 gratis porque San Lorenzo es una asociación civil sin fines de lucro, si van a explicar desde Twitter cómo se maneja una institución fundida, entonces júntense y compren a Auzmendi.
Un palo por lista.
Y tenemos nueve.
“Pero pidieron cuatro palos.”
Sí. Los nueves valen plata. Los jugadores que sirven valen plata. Los aciertos valen plata. Auzmendi no lo iba a traer nadie y fue un acierto. Si queremos dejar de llorar por los pibes, hay que traer jugadores.