Lula acaba de prohibir de raíz las apuestas online. Sin medias tintas. Lo que hizo es verdaderamente heróico. Le quitó a los traficantes de la miseria la libertad de lucrar con la ludopatía y la desesperación. Hay que prohibir todas las fuentes de enfermedad y sufrimiento que usa el poder económico para expoliar a nuestros pueblos. Qué lejos estamos de eso en Argentina. Por lo menos, pongámosle límites. Basta de publicidades. Basta de ventajas impositivas.
@GabrielGruber El enfoque de los bancos tradicionales será dejar el retail y enfocarse en el mercado pyme y corporativo, donde los bancos modernos hacen un poco de agua hasta ahora
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Carta abierta al Presidente de la Nación.
Señor Presidente:
Le escribo no como un dirigente político, sino como lo que soy hoy: un ciudadano del sector privado. Uno más de los millones de argentinos que producen, que generan trabajo, que arriesgan su capital todos los días y que en su momento decidieron acompañar un cambio que parecía imposible.
Le escribo justamente porque creo en el modelo económico y las reformas que su gobierno está llevando adelante. Y porque creo en él, no puedo quedarme callado ante lo que está pasando. Confío en el cambio cultural que decidimos encarar los argentinos.
Hay una situación que usted conoce mejor que nadie y que no necesito nombrar. Una situación que viene desgastando al gobierno desde hace meses: ocupa la agenda, tapa los logros y erosiona lo más valioso que tiene este proyecto, que es la palabra. Los argentinos no votaron solamente números. Votaron la promesa de terminar con los privilegios, con los acomodos y con la idea de que hay funcionarios que están por encima del resto. Ese fue el contrato. Y ese contrato hoy se está poniendo en duda.
Acá está el punto que quiero dejarle, con todo el respeto: este proyecto no es suyo. No le pertenece a una persona, ni a una familia, ni a un círculo de confianza. Este proyecto es de la enorme mayoría de los argentinos que decidimos, democráticamente y en las urnas, dejar atrás décadas de malos hábitos. Usted es el representante de ese cambio y el principal responsable de cuidarlo. Pero no es su dueño. Y cuidarlo, muchas veces, significa tomar decisiones que duelen.
Porque las ideas y los proyectos valen más que cualquier relación personal o familiar que un presidente pueda tener. Más que cualquier afecto, cualquier lealtad y cualquier confianza individual, como la que en algún momento tuve en usted. El día que una relación personal pesa más que la coherencia del proyecto, el proyecto empieza a morir por dentro, aunque la economía siga funcionando.
Se lo digo con autoridad moral, porque a mí me tocó vivirlo del otro lado. Fui de los que fundó este espacio. Lo construí desde el principio, cuando casi nadie creía. Y un día me sacaron, de manera unilateral, sin preaviso, a través de un tuit, con excusas ridículas. Me dolió, claro que me dolió. Pero supe callar. No salí a romper nada, no le hice daño al proyecto y no me convertí en bandera de la oposición. Entendí que el proyecto era más grande que yo, y que mi orgullo personal no podía estar por encima de lo que millones de personas estaban esperando.
Si esa misma vara se aplicó conmigo —un fundador, apartado injustamente—, lo único que pido hoy es que se aplique con la misma firmeza con cualquier funcionario. Sin distinciones, sin blindajes y sin excepciones por cercanía. La coherencia no se reclama solo cuando es cómoda.
No le pido que me dé la razón. Le pido que tome la decisión que corresponde. La que cuida el modelo, la que protege la palabra empeñada y la que le devuelve al gobierno la fuerza moral que le dieron los argentinos.
Este cambio es más grande que cualquiera de nosotros. Más grande que yo, que ya lo viví en carne propia. Y más grande, también, que usted, Señor Presidente. Cuidarlo es su responsabilidad. Y todavía está a tiempo.
Con respeto, y con la sinceridad de quien quiere que esto salga bien,
Ramiro Marra.
La que hoy se cagó en el sufrimiento de toda una familia, tiempo atrás lloraba pidiendo responsabilidad a los medios. No podes ser tan hipócrita y basura.
Insoportable la lentitud de los kioscos en Argentina en el siglo XXI. Les falla el cerebro, a todos los kiosqueros modernos, son una manga de inservibles. Ninguno sabe el precio de nada y lo tiene que ir a consultar a una computadora. Además, registran la venta y después viene el trámite ridículo para cobrar. La tarjeta cuando no hay efectivo, y si hay efectivo los boludos se marean porque tienen incapacidad motriz para manipular billetes. La bancarización de los últimos 30 años ha creado una sociedad de inútiles, retrasados en sus movimientos y además comunistas que tienen que seguir procesos comunistas. Ningún chico de esta época puede imaginar la velocidad supersónica a la que el comercio giraba a mitad del siglo XX, donde las personas eran rapidísimas, sin computadoras, sin celulares y sin bancos para cualquier trámite de morondanga.
Buen día. Al que diga que perdimos porque a la gente le gusta vivir en calles de tierra y no tener cloacas hay que echarlo. Al instante. Siempre que perdes es por culpa tuya. Tenemos que hacer la autocrítica, cambiar lo que haya que cambiar, profundizar el rumbo económico y ganar