Ya es hora de irme...
Pero antes quiero que sepas que te equivocaste un montón conmigo. Si ese era el trato que realmente creías que me merecía, gracias. Solo así pude soltarte.
Un día toqué fondo. No tenía fuerzas, sentía que estaba solo y sin esperanza. Pensé que todo estaba perdido y que ya no había salida. Pero en el fondo, ahí donde más dolía, Dios me estaba esperando para darme fuerzas, consolarme y sanar mi corazón herido.
A todos nos han decepcionado algunas personas en nuestra vida, pero eso no tiene una única dirección. Hay que ser conscientes de que nosotros también hemos decepcionado a otros. Y no necesariamente por algo que hayamos hecho mal, sino por las expectativas de esas otras personas.