Mi abuela se llama Olga, pero le decimos Lucy. Tiene 90 años, y fue pianista y profesora de piano. Hoy se confunde a las personas y no reconoce su propia casa. Pero se sienta en el piano y pasa esto. El cerebro humano es increíble.
Ahora ya sabemos que la vida es comer con un amigo en una terraza, ir de librerías, tomar el sol, ver una película, perderte por una calle desconocida, coger un tren. Por eso, cuando la vida regrese, le pediremos menos cosas. Y tendrá sentido esto.