¡Ay presidente! Quien tiene que darse cuenta es usted, que con sus contradicciones, sus desvaríos y su irresponsabilidad está propiciando un caos que puede llevarnos directamente a la violencia.
Por una vez, recapacite. Perdieron las elecciones, acepte la derrota, respete la democracia. A partir del 7 de agosto puede hacer oposición. Es su derecho.
No acabe con Colombia.
¡Ay presidente! Quien tiene que darse cuenta es usted, que con sus contradicciones, sus desvaríos y su irresponsabilidad está propiciando un caos que puede llevarnos directamente a la violencia.
Por una vez, recapacite. Perdieron las elecciones, acepte la derrota, respete la democracia. A partir del 7 de agosto puede hacer oposición. Es su derecho.
No acabe con Colombia.
¡Ay! Sergio, ¿hasta ahora se dió cuenta? Era una lucha entre la democracia y el fascismo como la hay en el mundo.
En Colombia hicieron ganar con fraude el narcoparamilitarismo.
Nuestra misión ahora es evitar la violencia pero sin arrodillarse al narcoparamilitarismo. La Alianza por la Vida es la forma de juntar a todas y todos los que no aceptan que Colombia sea fascista y se acabe la soberanía nacional y quieran defender la democracia.
Colombia eligió hoy presidente a Abelardo De la Espriella, felicitaciones. El resultado de la votación deja en claro una realidad indiscutible: Colombia está profundamente dividida. Reconocer y aceptar esta realidad es la primera gran responsabilidad que tiene el presidente electo.
Es el momento de la serenidad de los líderes, empezando por el presidente Petro, para convocar a la sensatez y evitar que la división se traduzca en violencia. Es también responsabilidad de todos nosotros desarmar los espíritus. El camino de la reconciliación tiene que comenzar esta noche.
Toda la solidaridad con el pueblo venezolano, que hoy sufre las consecuencias del terremoto que ha causado grandes daños. En particular, con los venezolanos que viven en Colombia y que, en la distancia, sufren por la suerte de sus familiares.
Toda la solidaridad con el pueblo venezolano, que hoy sufre las consecuencias del terremoto que ha causado grandes daños. En particular, con los venezolanos que viven en Colombia y que, en la distancia, sufren por la suerte de sus familiares.
Colombia eligió hoy presidente a Abelardo De la Espriella, felicitaciones. El resultado de la votación deja en claro una realidad indiscutible: Colombia está profundamente dividida. Reconocer y aceptar esta realidad es la primera gran responsabilidad que tiene el presidente electo.
Es el momento de la serenidad de los líderes, empezando por el presidente Petro, para convocar a la sensatez y evitar que la división se traduzca en violencia. Es también responsabilidad de todos nosotros desarmar los espíritus. El camino de la reconciliación tiene que comenzar esta noche.
Este domingo llegamos a las urnas con una Colombia llena de miedos y rabias, dividida
hasta lo más profundo. Gane quien gane, no sabemos cómo vamos a amanecer el lunes
22 de junio.
El 21 de junio elegimos al presidente para los próximos 4 años. Y al día siguiente empieza un nuevo compromiso con el país.
En mi perfil puede leer el texto completo.
El 21 de junio elegimos al presidente para los próximos 4 años. Y al día siguiente empieza un nuevo compromiso con el país.
En mi perfil puede leer el texto completo.
Este domingo llegamos a las urnas con una Colombia llena de miedos y rabias, dividida
hasta lo más profundo. Gane quien gane, no sabemos cómo vamos a amanecer el lunes
22 de junio.
El equipo programático de la campaña de @Sergio_Fajardo y de @EdnaBonillaSeba pone a disposición de las y los colombianos y de las campañas de @DELAESPRIELLAE y de @IvanCepedaCast nuestras propuestas mediante esta carta abierta…
Hacemos un llamado a respetar la Constitución del 91 a través de un debate de ideas y propuestas, deponiendo el lenguaje del odio y la polarización.👇📄 #EleccionesColombia2026
1. Un presidente para todos. Gane quien gane, recibirá un país completamente dividido. El próximo presidente no puede gobernar para una parte, por más que tenga más votos. Su responsabilidad será representar y proteger los intereses de todos los colombianos y colombianas, sin excepciones.
2. Con capacidad de diálogo. El nuevo Congreso estará hiper fragmentado. El presidente, sea quien sea, no tendrá mayoría propia. Le va a tocar dialogar, escuchar y consensuar. Con transparencia y de cara al país. Así es la democracia.
3. Con manos limpias. La honestidad aparece en todas las encuestas como un atributo del presidente ideal. Colombia necesita un mandatario íntegro, que predique con el ejemplo y que no admita nada de corrupción en su gobierno. La autoridad moral no se proclama: se demuestra.
4. Con pragmatismo. El mundo navega en medio de tormentas y huracanes que lo hacen impredecible y complejo. Necesitamos un presidente pragmático, que piense en Colombia y no en sus intereses personales o partidarios. Que sea capaz de dejar la ideología de lado. Que se entienda con cualquier gobierno del mundo. Porque los aliados de Colombia no se eligen por afinidad: se eligen por conveniencia nacional.
5. Con capacidad de ejecución. Los eslóganes, las promesas y los discursos pueden ser útiles en campaña, pero en el gobierno hay que actuar y cumplir. Colombia ha acumulado suficientes frustraciones. Necesita resultados. Y más pronto que tarde. El próximo presidente deberá demostrar que sabe convertir las palabras en acciones. Menos retórica. Menos marketing. Más gestión.
6. Que premie el mérito. Ningún presidente gobierna solo. Colombia necesita un mandatario que escoja a los mejores, no a sus amigos. Que ponga el mérito por encima de la lealtad y el interés del país por encima de cualquier compromiso político. Armar un equipo sólido, competente e impoluto será una de sus primeras responsabilidades.
7. En lo urgente y en lo importante. Colombia tiene que atender muchas urgencias. Muchas. Pero gobernar no es —o no debería ser— solo administrar crisis. También implica preparar al país para los desafíos de la próxima década. Necesitamos a alguien que se atreva a señalar el horizonte. Un presidente que no piense únicamente en los próximos cuatro años, sino en los próximos veinte.
8. Que inspire confianza. Colombia necesita recuperar la confianza. La de los ciudadanos en sus instituciones. La de los empresarios para invertir. La de los jóvenes en el futuro. La de las regiones en el Estado. La confianza no se hereda ni se compra. Se gana con trabajo, con resultados, con coherencia. Hoy la confianza no es una virtud más. Es una condición para gobernar.
9. Que respete las reglas. La democracia no es solo ganar elecciones: es respetar a la justicia, a la constitución, a la prensa y a quien piensa distinto. La democracia es aceptar resultados, sin rencores. Colombia no necesita un presidente que amenace, insulte o prometa castigos. El que gobierna desde la rabia, divide. Y Colombia ya está suficientemente dividida.
10. Inflexible contra el crimen. Colombia necesita recuperar la seguridad, con el Estado de derecho funcionando a pleno. La seguridad no se construye con shows, ni con mano dura para la cámara, ni copiando recetas ajenas. Se construye con inteligencia, con recursos, con transparencia, con una justicia que funcione y con presencia del Estado en los territorios. El que ofrece atajos por fuera de la ley no ofrece seguridad: ofrece otro problema.
11. Un presidente, no un espectáculo. Gobernar no es un reality ni una tarima. Colombia no necesita un justiciero, un salvador ni un caudillo. Necesita un presidente que entienda que el poder tiene límites, que las instituciones no son enemigas y que la historia juzga por los resultados, no por los aplausos.
Este período, el más difícil, será el momento para que, por fin, aprendamos a construir una verdadera cultura ciudadana para la convivencia.
El panorama de confrontación, caos, e incertidumbre que estamos viendo en la campaña presagia lo peor. Es urgente reclamar sensatez y responsabilidad de parte de los candidatos.
Hoy no sabemos cómo amaneceremos el 22.
El próximo gobierno será el más difícil de la historia de Colombia. El país necesita un presidente que esté a la altura del desafío. Los candidatos actuales seguro tienen muchas cualidades, pero hay otras que van a tener que aprender, desarrollar o ejercitar.
1. Un presidente para todos. Gane quien gane, recibirá un país completamente dividido. El próximo presidente no puede gobernar para una parte, por más que tenga más votos. Su responsabilidad será representar y proteger los intereses de todos los colombianos y colombianas, sin excepciones.
2. Con capacidad de diálogo. El nuevo Congreso estará hiper fragmentado. El presidente, sea quien sea, no tendrá mayoría propia. Le va a tocar dialogar, escuchar y consensuar. Con transparencia y de cara al país. Así es la democracia.
3. Con manos limpias. La honestidad aparece en todas las encuestas como un atributo del presidente ideal. Colombia necesita un mandatario íntegro, que predique con el ejemplo y que no admita nada de corrupción en su gobierno. La autoridad moral no se proclama: se demuestra.
4. Con pragmatismo. El mundo navega en medio de tormentas y huracanes que lo hacen impredecible y complejo. Necesitamos un presidente pragmático, que piense en Colombia y no en sus intereses personales o partidarios. Que sea capaz de dejar la ideología de lado. Que se entienda con cualquier gobierno del mundo. Porque los aliados de Colombia no se eligen por afinidad: se eligen por conveniencia nacional.
5. Con capacidad de ejecución. Los eslóganes, las promesas y los discursos pueden ser útiles en campaña, pero en el gobierno hay que actuar y cumplir. Colombia ha acumulado suficientes frustraciones. Necesita resultados. Y más pronto que tarde. El próximo presidente deberá demostrar que sabe convertir las palabras en acciones. Menos retórica. Menos marketing. Más gestión.
6. Que premie el mérito. Ningún presidente gobierna solo. Colombia necesita un mandatario que escoja a los mejores, no a sus amigos. Que ponga el mérito por encima de la lealtad y el interés del país por encima de cualquier compromiso político. Armar un equipo sólido, competente e impoluto será una de sus primeras responsabilidades.
7. En lo urgente y en lo importante. Colombia tiene que atender muchas urgencias. Muchas. Pero gobernar no es —o no debería ser— solo administrar crisis. También implica preparar al país para los desafíos de la próxima década. Necesitamos a alguien que se atreva a señalar el horizonte. Un presidente que no piense únicamente en los próximos cuatro años, sino en los próximos veinte.
8. Que inspire confianza. Colombia necesita recuperar la confianza. La de los ciudadanos en sus instituciones. La de los empresarios para invertir. La de los jóvenes en el futuro. La de las regiones en el Estado. La confianza no se hereda ni se compra. Se gana con trabajo, con resultados, con coherencia. Hoy la confianza no es una virtud más. Es una condición para gobernar.
9. Que respete las reglas. La democracia no es solo ganar elecciones: es respetar a la justicia, a la constitución, a la prensa y a quien piensa distinto. La democracia es aceptar resultados, sin rencores. Colombia no necesita un presidente que amenace, insulte o prometa castigos. El que gobierna desde la rabia, divide. Y Colombia ya está suficientemente dividida.
10. Inflexible contra el crimen. Colombia necesita recuperar la seguridad, con el Estado de derecho funcionando a pleno. La seguridad no se construye con shows, ni con mano dura para la cámara, ni copiando recetas ajenas. Se construye con inteligencia, con recursos, con transparencia, con una justicia que funcione y con presencia del Estado en los territorios. El que ofrece atajos por fuera de la ley no ofrece seguridad: ofrece otro problema.
11. Un presidente, no un espectáculo. Gobernar no es un reality ni una tarima. Colombia no necesita un justiciero, un salvador ni un caudillo. Necesita un presidente que entienda que el poder tiene límites, que las instituciones no son enemigas y que la historia juzga por los resultados, no por los aplausos.
Este período, el más difícil, será el momento para que, por fin, aprendamos a construir una verdadera cultura ciudadana para la convivencia.
El panorama de confrontación, caos, e incertidumbre que estamos viendo en la campaña presagia lo peor. Es urgente reclamar sensatez y responsabilidad de parte de los candidatos.
Hoy no sabemos cómo amaneceremos el 22.
El próximo gobierno será el más difícil de la historia de Colombia. El país necesita un presidente que esté a la altura del desafío. Los candidatos actuales seguro tienen muchas cualidades, pero hay otras que van a tener que aprender, desarrollar o ejercitar.
1. Un presidente para todos. Gane quien gane, recibirá un país completamente dividido. El próximo presidente no puede gobernar para una parte, por más que tenga más votos. Su responsabilidad será representar y proteger los intereses de todos los colombianos y colombianas, sin excepciones.
2. Con capacidad de diálogo. El nuevo Congreso estará hiper fragmentado. El presidente, sea quien sea, no tendrá mayoría propia. Le va a tocar dialogar, escuchar y consensuar. Con transparencia y de cara al país. Así es la democracia.
3. Con manos limpias. La honestidad aparece en todas las encuestas como un atributo del presidente ideal. Colombia necesita un mandatario íntegro, que predique con el ejemplo y que no admita nada de corrupción en su gobierno. La autoridad moral no se proclama: se demuestra.
4. Con pragmatismo. El mundo navega en medio de tormentas y huracanes que lo hacen impredecible y complejo. Necesitamos un presidente pragmático, que piense en Colombia y no en sus intereses personales o partidarios. Que sea capaz de dejar la ideología de lado. Que se entienda con cualquier gobierno del mundo. Porque los aliados de Colombia no se eligen por afinidad: se eligen por conveniencia nacional.
5. Con capacidad de ejecución. Los eslóganes, las promesas y los discursos pueden ser útiles en campaña, pero en el gobierno hay que actuar y cumplir. Colombia ha acumulado suficientes frustraciones. Necesita resultados. Y más pronto que tarde. El próximo presidente deberá demostrar que sabe convertir las palabras en acciones. Menos retórica. Menos marketing. Más gestión.
6. Que premie el mérito. Ningún presidente gobierna solo. Colombia necesita un mandatario que escoja a los mejores, no a sus amigos. Que ponga el mérito por encima de la lealtad y el interés del país por encima de cualquier compromiso político. Armar un equipo sólido, competente e impoluto será una de sus primeras responsabilidades.
7. En lo urgente y en lo importante. Colombia tiene que atender muchas urgencias. Muchas. Pero gobernar no es —o no debería ser— solo administrar crisis. También implica preparar al país para los desafíos de la próxima década. Necesitamos a alguien que se atreva a señalar el horizonte. Un presidente que no piense únicamente en los próximos cuatro años, sino en los próximos veinte.
8. Que inspire confianza. Colombia necesita recuperar la confianza. La de los ciudadanos en sus instituciones. La de los empresarios para invertir. La de los jóvenes en el futuro. La de las regiones en el Estado. La confianza no se hereda ni se compra. Se gana con trabajo, con resultados, con coherencia. Hoy la confianza no es una virtud más. Es una condición para gobernar.
9. Que respete las reglas. La democracia no es solo ganar elecciones: es respetar a la justicia, a la constitución, a la prensa y a quien piensa distinto. La democracia es aceptar resultados, sin rencores. Colombia no necesita un presidente que amenace, insulte o prometa castigos. El que gobierna desde la rabia, divide. Y Colombia ya está suficientemente dividida.
10. Inflexible contra el crimen. Colombia necesita recuperar la seguridad, con el Estado de derecho funcionando a pleno. La seguridad no se construye con shows, ni con mano dura para la cámara, ni copiando recetas ajenas. Se construye con inteligencia, con recursos, con transparencia, con una justicia que funcione y con presencia del Estado en los territorios. El que ofrece atajos por fuera de la ley no ofrece seguridad: ofrece otro problema.
11. Un presidente, no un espectáculo. Gobernar no es un reality ni una tarima. Colombia no necesita un justiciero, un salvador ni un caudillo. Necesita un presidente que entienda que el poder tiene límites, que las instituciones no son enemigas y que la historia juzga por los resultados, no por los aplausos.
Este período, el más difícil, será el momento para que, por fin, aprendamos a construir una verdadera cultura ciudadana para la convivencia.
El panorama de confrontación, caos, e incertidumbre que estamos viendo en la campaña presagia lo peor. Es urgente reclamar sensatez y responsabilidad de parte de los candidatos.
Hoy no sabemos cómo amaneceremos el 22.
El próximo gobierno será el más difícil de la historia de Colombia. El país necesita un presidente que esté a la altura del desafío. Los candidatos actuales seguro tienen muchas cualidades, pero hay otras que van a tener que aprender, desarrollar o ejercitar.