No puede haber una ley para el ciudadano común y otra para el sector que presiona y viola la ley.
Sin investigación seria, el arresto de bloqueadores se vuelve espectáculo. La impunidad posterior convierte el operativo realizado en teatro.
#JaimeDunn#AlianzaPorLaLibertad
The spiral of silence means that some people choose not to express their disagreement because they fear social consequences.
It is often misunderstood as agreement or consensus, but it is neither.
Para todo el zurdaje caviar extranjero que tuitea sobre #Bolivia sin tener ni idea de lo que sucede acá.
La gente aplaude a la policía porque está en contra de ese puñado de terroristas. Queremos ORDEN.
Lo ocurrido en San Julián marca una línea roja para Bolivia y confirma lo que venimos advirtiendo: los bloqueos no son protestas sociales legítimas. Son acciones violentas, destituyentes y antidemocráticas que buscan imponer por la fuerza lo que no pudieron obtener con el voto.
Un bloqueo que responde con balas a un operativo legal, no es una protesta. Es una provocación armada contra el Estado. El derecho a protestar no incluye el derecho a disparar, agredir, bloquear ambulancias ni secuestrar al país.
Defender la ley no es defender a un gobierno. Es defender la vida, la democracia, la Constitución y el derecho de millones de bolivianos a trabajar, circular y vivir en paz.
Con protestas legítimas se dialoga. Con violencia armada se aplica la ley.
Si el Estado retrocede frente a quienes disparan, no pacificará al país: lo entregará al miedo, al vandalismo y a la ley del más violento.
#JaimeDunn #Bolivia #AlianzaPorLaLibertad
https://t.co/cS1Sc0m65N
ALERTA AL MUNDO #Bolivia
Dos policías heridos por armas de fuego en enfrentamiento para desbloquear una vía en Santa Cruz. Las fuerzas del orden no hicieron uso de ningún arma, sólo gases lacrimógenos. Asi que sería irracional que "aparezcan" heridos del lado de los movilizados.
🛑SALA CONSTITUCIONAL ORDENÓ LEVANTAR BLOQUEOS
Recordemos que existe una resolución de acción popular vigente que es una orden constitucional.
Los bloqueadores deben levantar toda medida que afecte alimentos, medicinas, oxígeno, ambulancias y libre circulación y el Gobierno está obligado a hacerla cumplir.
Porque si los bloqueadores incumplen y el Estado también incumple, entonces ya no gobierna la ley: gobierna el bloqueo.
https://t.co/wwGLi99k2O
"Cuanto más se acostumbraban los ciudadanos a obedecer órdenes injustas, menos recordaban que antaño habían sido libres. Y así, con la excusa de la paz y la estabilidad, aceptaban sin protestar imposiciones que en otro tiempo habrían considerado intolerables".
(Tácito. Anales)
El país más tecnológico de Europa acaba de gastar cien millones de dólares en comprar libros de papel para sus escuelas.
Suecia era el laboratorio perfecto: país rico, hiperconectado, progresista. Hicieron lo que todos pensábamos que era el futuro: digitalizar la educación desde el jardín de infantes, cada chico con su tablet, cada aula conectada y cada libro reemplazado por una pantalla. Si algún país iba a demostrar que la tecnología mejora el aprendizaje, era este.
Sin embargo, y para sorpresa de todos, los resultados de comprensión lectora empezaron a caer. Las pruebas PISA mostraron algo que nadie esperaba: más horas de pantalla en la escuela no estaban generando mejores alumnos, sino peores.
Los que menos pantalla usaban rendían un año y medio por encima de los más expuestos, y dos de cada tres estudiantes con laptop terminaban dedicando la mayor parte de la clase a cualquier cosa menos a aprender.
¿Por qué pasa esto? Porque el cerebro no aprende igual en una pantalla que en papel. Un estudio con 256 sensores cerebrales midió qué pasa cuando escribís a mano vs. cuando tipeás: escribir a mano activa al mismo tiempo redes de memoria, visión y procesamiento motor. Todo encendiéndose junto. Tipear no genera prácticamente nada de eso. La fricción de trazar cada letra es justamente lo que fuerza al cerebro a consolidar lo que aprende.
Suecia escuchó la evidencia: el Instituto Karolinska —el que decide el Nobel de Medicina— declaró que las pantallas perjudican el aprendizaje. El gobierno eliminó dispositivos para menores de seis años, prohibió celulares en toda la jornada escolar y destinó cien millones de dólares a volver a los libros.
Mientras tanto, Estados Unidos gasta treinta mil millones al año en más dispositivos como laptops y tablets, a pesar de que las encuestas indican que distraen incluso más que los celulares.
La generación con mayor acceso a conocimiento de la historia es la primera que sabe menos que la anterior. La tecnología es maravillosa: aprendamos a usarla cuando suma, y no simplemente porque está de moda.
DISCURSO DE MARCO RUBIO EN MUNICH
De vez en cuando aparece un discurso distinto, uno que no busca convencer a la audiencia del día, sino hablarle a la posteridad. Uno que no pretende ganar una elección, sino reordenar la manera en que una civilización se mira a sí misma. Este ha sido el discurso del Marco Rubio, Secretario de Estado americano, en la cumbre de seguridad de Munich.
Principales mensajes:
- El libre comercio sin reciprocidad no es modernidad sino suicidio industrial. La falta de reciprocidad en el libre comercio ha permitido a China y otros paises subsidiar sus industrias, desindustrializar Occidente, y “transferir” millones de empleos a sus territorios, dejando las cadenas de suministro críticas de occidente en manos de adversarios.
- La cesión de soberanía a organismos internacionales no es cooperación sino rendición: Ha habido una excesiva delegación de soberanía en instituciones supranacionales, mientras Europa desarrollaba sus estados de bienestar a costa de su capacidad defensiva.
- El control de fronteras es un acto básico de soberanía, no xenofobia. La migración masiva sin límites es una amenaza existencial a la civilización. La apertura de fronteras ha amenazado la cohesión social, la continuidad cultural y la supervivencia de las sociedades occidentales. Estos errores, según Rubio, fueron decisiones políticas conscientes que debilitaron a Occidente y deben reconocerse para avanzar.
- El culto climático y la imposición de restricciones han empobrecido a occidente, mientras sus competidores (sin mencionarlo, China) explotan combustibles fósiles sin restricciones y los usan como arma. [El primer ministro belga, Bart De Wever, acaba de hacer también una llamada de atención brutal sobre esto: “La descarbonización de Europa será sinónimo de su desindustrialización y, en última instancia, de su pobreza e irrelevancia”. https://t.co/jqhvYpoDpw]
- La descarbonización irracional, la inmigración ilegal y la deslocalización de la producción no son políticas “humanistas”, sino instrumentos para el debilitamiento deliberado de Occidente.
- EE.UU. y Europa forman parte de la misma civilización occidental, unida por historia compartida, fe cristiana, cultura, herencia, idioma y sacrificios comunes. Rubio enfatiza que los desacuerdos estadounidenses con Europa provienen del profundo cariño y preocupación por su futuro compartido.
- Rubio cierra recordando que, tras 1945, muchos creyeron que la cultura occidental había terminado, pero la generación de nuestros padres eligió rechazar su declive. Hoy, EEUU busca lo mismo: una alianza vigorosa, orgullosa y proactiva de EEUU con Europa que defienda su civilización única, no una que gestione su “decadencia ordenada”. Reafirma el lazo transatlántico como algo espiritual y cultural, no solo económico o militar, y concluye que EEUU siempre será "hijo de Europa, recordando sus raíces desde [el descubrimiento de América de los españolas con] Cristóbal Colón hasta los colonos ingleses.
Rubio no ha hecho una crítica más a un modelo económico: ha clausurado toda una era ideológica proponiendo un nuevo modelo, dejando sin discurso a la izquierda radical hipócrita que habla de “justicia social” mientras entrega el empleo, la seguridad y la identidad nacional a intereses espurios transnacionales.
Su discurso no es una postura conservadora más, sino la exposición de una nueva doctrina: un soberanismo social basado en el sentido común, donde la nación vuelve a ser el escudo del ciudadano, la industria y la tecnología vuelve a ser el corazón de la dignidad colectiva y el Estado recupera su razón de ser original: proteger a sus ciudadanos antes que ser políticamente correcto para complacer a los radicales y globalistas.
Hoy en día el nacionalismo barato y el fanatismo cochino están más fuertes que nunca
La gente ya no escucha, defiende, Ya no analiza idolatra,
Ya no piensa… repite.
El pensamiento crítico se fue al carajo.
Si algo se pone de moda, hay que aplaudirlo, Si millones lo consumen, hay que decir que es bueno.
Y si te atreves a cuestionarlo, te quieren linchar en la plaza pública como si pensar diferente fuera un delito.
Pero qué quieren que haga.
Yo no nací para aplaudir por presión social Y aunque me quieran caer arriba, aunque me digan viejo, amargado o lo que sea… esto es lo que pienso.
Antes para que millones escucharan a alguien,
ese alguien tenía que cantar bien y escribir mejor, decir algo importante.
Hoy, para que millones te escuchen,
solo necesitas marketing, escándalo y algoritmo.
Ese es el verdadero récord.
No de talento , sino de embrutecimiento masivo ,
Porque romper récord de audiencia con contenido vacío
no habla grande del artista…
habla pequeño de la época ,
“si ese tipo rompe récords… entonces el problema no es él… es la cantidad de cerebros vacíos que hay consumiendo basura ,
Hay noticias que no celebran nada.
Se anuncian como triunfo,
pero en realidad son diagnóstico , Récord de audiencia.”“Cientos de millones escuchándo al cantantaso de la epoca ”“Fenómeno global.”
Y la prensa aplaudiendo
Yo no.
Porque cuando un producto mediocre convoca multitudes históricas,
eso no habla grande del artista
habla pequeño de la época,
Nunca antes hubo tantos cerebros conectados.Y, tristemente,
nunca antes hubo tantos cerebros pensando tan poco.
Ese es el verdadero récord.
No el de Bad Bunny.
El récord es la cantidad de gente dispuesta a tragarse cualquier cosa si viene envuelta en luces, premios y propaganda
Antes, para que millones te escucharan,
tenías que cantar De verdad,
Tenías que decir algo, Tenías que doler, amar, denunciar, contar la vida del barrio, la injusticia, el hambre, la esperanza.
Un cantante era un comunicador social.
Hoy basta con balbucear dos frases,
poner un ritmo repetido,
y tener un ejército de marketing gritando “genio”, Y millones obedecen, Sin preguntar, Sin comparar ,Sin pensar
Eso no es éxito artístico
Eso es domesticación cultural
Porque cuando la mediocridad rompe récords,
no estamos frente a una cima…
estamos frente a un hundimiento colectivo,
Es como aplaudir que la Mier.. huela fuerte y llamarla perfume,
Como premiar el ruido de una obra en construcción y decir que es sinfonía.
Como confundir volumen con talento, Y lo peor , no es el artista , El artista solo vende lo que le compran.
Lo preocupante es la multitud,
La multitud que ya no exige poesía, Ni mensaje, Ni alma,
Solo distracción ,Solo anestesia, Solo algo que haga mover el cuerpo
mientras el cerebro se queda sentado, Así que no,
yo no felicito récords así.
Porque no son logros culturales,
Son estadísticas del deterioro,
Si eso es lo más grande que puede producir nuestra generación,
entonces el problema no está en la música.
Está en la cabeza.
Y duele decirlo,
pero nunca antes hubo tantos cerebros… tan llenos de nada.
Por: Michel Miguel
En 2018, Henry Kissinger planteó que la inteligencia artificial podía reordenar la relación humana con la verdad
En junio de 2018, Henry Kissinger publicó en The Atlantic un texto que, leído hoy, resulta menos futurista que premonitorio. Bajo un título deliberadamente provocador —“Cómo termina la Ilustración”— Kissinger no se propuso analizar la inteligencia artificial como innovación tecnológica, sino como un fenómeno civilizatorio capaz de alterar los fundamentos mismos del conocimiento humano.
Desde el comienzo, el planteo es radical: “La Ilustración definió la era moderna al confiar el descubrimiento y la comprensión de la verdad a la razón humana”. Ese pacto —razón, explicación, causalidad— estructuró la ciencia, la política y la moral modernas. La inteligencia artificial, sostiene Kissinger, introduce por primera vez un quiebre en ese acuerdo histórico, porque produce conocimiento sin reproducir el camino cognitivo humano que le daba sentido.
El núcleo de la inquietud no es que las máquinas piensen como personas, sino precisamente lo contrario. Kissinger advierte que los sistemas de IA “operan mediante procesos que no son transparentes ni necesariamente comprensibles para la mente humana”. El conocimiento deja de ser algo que se entiende para convertirse en algo que simplemente funciona. Y esa diferencia, aparentemente sutil, tiene consecuencias profundas.
En un pasaje central del texto, Kissinger señala que “la capacidad de la mente humana para establecer causalidad ha sido la base de su dominio intelectual”. La IA, en cambio, no necesita comprender causas: detecta correlaciones masivas, aprende de ellas y produce resultados efectivos sin ofrecer explicaciones inteligibles. El riesgo, escribe, es que “la verdad deje de ser algo que los humanos puedan verificar mediante el razonamiento”. No porque sea falsa, sino porque se vuelve opaca.
Kissinger subraya que “el juicio humano ha sido siempre el elemento decisivo en las grandes decisiones históricas”. Si ese juicio es reemplazado —o incluso solo condicionado— por sistemas que superan la comprensión humana, la noción misma de liderazgo entra en crisis. ¿Quién responde por una decisión correcta pero inexplicable? ¿Dónde se aloja la responsabilidad moral cuando el proceso decisorio es una “caja negra”?
A lo largo del texto, Kissinger sugiere que la inteligencia artificial no solo desafía instituciones, sino lo que podría llamarse el tejido de la realidad moderna: el conjunto de supuestos compartidos que permiten a una sociedad entender qué es conocer, decidir y gobernar. En una frase particularmente significativa, advierte que “la tecnología está avanzando más rápido que la capacidad humana para formular los principios que la gobiernen”. Ese desfasaje, históricamente, ha sido el preludio de crisis profundas del orden.
Lejos de un tono apocalíptico, Kissinger adopta una preocupación clásica: la pérdida de sentido precede al colapso del orden. La IA, escribe, puede llevarnos a un mundo en el que “los seres humanos ya no sean los principales explicadores de la experiencia”. No se trata del dominio de las máquinas, sino de algo más inquietante: la progresiva irrelevancia del entendimiento humano como árbitro último de la verdad.
El texto culmina con una advertencia que trasciende la tecnología. Kissinger plantea que la pregunta decisiva no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino “si la civilización humana puede preservar un concepto de significado en un mundo que ya no se explica a sí mismo”.
Leído en perspectiva, el artículo de 2018 anticipa debates que hoy atraviesan la democracia, la guerra, el periodismo y la ciencia. Kissinger no propone frenar la inteligencia artificial, pero insiste en algo más exigente: integrarla sin destruir los marcos humanos de comprensión que sostienen la responsabilidad, la legitimidad y el sentido histórico.
Las 10 ideas de Kissinger sobre IA
La humanidad no está preparada intelectual ni filosóficamente para la inteligencia artificial.
El desarrollo de la IA avanza más rápido que nuestra capacidad para comprender sus implicancias históricas, morales y cognitivas.
La IA inaugura una ruptura histórica comparable —o superior— a la imprenta.
Así como la imprenta dio origen a la Ilustración, la IA puede poner fin al marco mental que esa Ilustración creó.
La inteligencia artificial no automatiza medios: redefine fines.
A diferencia de las tecnologías previas, la IA no solo ejecuta objetivos humanos, sino que aprende, optimiza y define sus propios caminos.
El conocimiento deja de ser comprensible para los humanos.
Los sistemas de IA producen resultados correctos o eficaces sin poder explicarlos en términos humanos, erosionando la idea de comprensión racional.
El proceso cognitivo humano se debilita en la era digital.
Internet y los algoritmos priorizan información inmediata sobre reflexión, contexto y sabiduría, debilitando la introspección y el pensamiento profundo.
La verdad se vuelve relativa y personalizada.
Los algoritmos adaptan la información a preferencias individuales, disolviendo consensos comunes sobre lo verdadero o lo relevante.
La política pierde capacidad de reflexión estratégica.
La microsegmentación y la velocidad digital empujan a los líderes a reaccionar ante presiones fragmentadas, reduciendo la visión de largo plazo.
La IA puede cometer errores más rápido y con mayor impacto que los humanos.
Su capacidad de aprendizaje acelerado implica que también puede amplificar fallas, desviaciones o malas interpretaciones a gran escala.
La IA transforma los valores humanos sin proponérselo.
Al optimizar exclusivamente para “ganar” o “ser eficiente”, la IA altera actividades humanas (como el juego, el aprendizaje o la toma de decisiones) y cambia su sentido.
Estamos creando una tecnología dominante sin una filosofía que la guíe.
El desarrollo de la IA está impulsado por incentivos técnicos, comerciales y estratégicos, sin un marco ético o humanista equivalente al que sostuvo la modernidad.
La nota completa: https://t.co/eW1Ukkqq4W
El fallido homenaje laico a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz ha sido un error de cálculo político y, sobre todo, una demostración más del dogmatismo inveterado del gobierno socialista y de su incapacidad para entender el país al que dice gobernar. La pretendida aconfesionalidad estatal no es más que el desarrollo institucional de una alergia selectiva a lo católico, un continuo desprecio a la fe mayoritaria en España.
No hace falta ser un fino sociólogo para prever que un "homenaje laico" a las víctimas no iba a entusiasmar a nadie. En un país donde la inmensa mayoría de los ciudadanos sigue identificándose cultural, emocional y, en muchos casos, religiosamente con el catolicismo, pretender borrar cualquier referencia espiritual solo traduce un fanatismo estatista tan ciego como peligroso. Especialmente cuando hablamos de tragedia, de muerte y de consuelo, ámbitos donde la tradición religiosa ha cumplido históricamente una función insustituible.
La hipocresía gubernamental resulta aún más hiriente cuando se observa la docilidad con la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez atiende las demandas de la minoría musulmana en determinados territorios. La prohibición del cerdo en centros educativos públicos de Ceuta y Melilla, decidida por el Ministerio de Educación de Pilar Alegría, se presentó como un ejercicio de respeto cultural. Curiosa coherencia: lo que se niega a la mayoría católica se concede sin reparos a la minoría musulmana.
La izquierda presume de pluralismo pero practica una laicidad militante solo cuando se trata del catolicismo. Invocan continuamentr a las mayorías para legitimarse, pero las ignora cuando esas mayorías expresan una identidad religiosa incómoda para el relato oficial. El homenaje oficial a las víctimas, aplazado sine die, materializa la distancia, el abismo insondable que separa a los ciudadanos de aquellos que solo representan a sus propios intereses.