un día te das cuenta que ya no te gusta lo mismo que antes, que ya no te cae bien la misma gente, que ya no piensas igual, que hay cosas que antes aceptabas y ahora no, cambias, te abres otros caminos, te despides de lo que eras y empiezas de nuevo, es bonito y está bien.
Me preguntaron qué éramos tú y yo y de inmediato respondí: fuimos las ganas que se quedaron cortas. Somos un testimonio de anhelos no consumados, de promesas suspendidas en el limbo del casi, pero no lo suficiente. Diría que somos el susurro de una tragedia.