Otra cosa que me gustaría, si no es demasiado pedir, es que los hombres se abstengan de opinar o querer dar cátedra castigando la violación grupal y, en su lugar, miren para adentro y se fijen si no encubrieron alguna vez a un amigo, si no dejaron pasar cosas, si no son parte de.
lo de hoy es un espanto y un recordatorio tremendamente doloroso de una vulnerabilidad injusta: no hay un lugar ni un horario en el que estemos seguras.