Nos escriben en privado:
“Abogados, en Venezuela🇻🇪no existe una cantidad tan enorme de rescatistas⛑️como la que aparece en el vídeo,👇todos son MILITARES DISFRAZADOS de rescatistas⛑️para un acto político.
Nosotros nos limitamos a salvar vidas, no somos políticos y debemos reconocer con mucha humildad que salvamos pocas vidas porque la mayoría fueron rescatados por sus familiares, vecinos y voluntarios.
Llegamos tarde, el gobierno no nos dejaba pasar, y la mayoría venimos desde el interior.
Está es la SEXTA6️⃣VEZ que el gobierno convoca a los Rescatistas⛑️a un acto político,👇y es la sexta vez que nos negamos a participar, ninguno de los que realmente salvamos algunas pocas vidas asistió al acto político, que terminó en un brindis🥂en pleno luto nacional.
Fuimos SUPLANTADOS en el acto político del gobierno por MILITARES DISFRAZADOS de RESCATISTAS⛑️ 👇
Si realmente existe un héroe en esta tragedia fue el pueblo a quien el gobierno abandonó”
La exmagistrada del TSJ de Venezuela, @BlancaRosaMrmo1, llamó a crear asambleas ciudadanas locales en todo el país. Para preparar a la ciudadanía ante una futura movilización nacional en las calles
@GastonLevar@AREA58_Vzla
#MISERABLES El chavismo es tan inhumano, que #Argentina por instrucciones del presidente @JMilei desplegó de forma generosa ayuda humanitaria frente a la tragedia de #Vargas, atendieron a miles de compatriotas con mística y profesionalismo y el régimen mantiene secuestrado al abogado argentino Germán Gulliani por capricho de Diosdado y @delcyrodriguezv.
Tiene razón Jorge Arreaza: las elecciones de Chávez sí deberían estudiarse en las universidades... pero en las facultades de Criminología, Ciberseguridad, historias de las dictaduras venezolanas, como el crimen toma el poder del Estado.
Como caso de estudio sobre el uso de recursos públicos para financiar campañas, presión a empleados del Estado para participar en actos políticos, persecución contra opositores y violaciones a los derechos humanos.
En definitiva, los casos de Chávez, Maduro y ahora Delcy Rodríguez sí merecen estudiarse. Y, debería, si se comprueban responsabilidades por estos delitos, juzgarse en los tribunales.
Es un error postergar la justicia por razones de recuperación económica o por la impostergable reparacion del tejido social venezolano entre otras metas prioritarias. Sucede que ninguna tarea es ajena a la justicia, ella es un valor transversal a todas… https://t.co/SeYAUqqj8N
Si Maduro y Jorge Rodríguez ejecutaron un fraude electoral para mantenerse en el poder, difícilmente habrían podido hacerlo sin la complicidad de Vladimir Padrino López.
Traicionar el juramento militar para desconocer la voluntad del pueblo y usar las armas de la República en favor de unos inescrupulosos representa una de las peores formas de deshonrar el uniforme.
Su permanencia durante años al frente del Ministerio de la Defensa y, ahora, en un cargo político bajo el gobierno de Delcy Rodríguez, solo busca protegerlo por ser uno de sus principales cómplices.
Venezuela may have a legal right to access its own reserves. Delcy Rodríguez does not have a moral right to spend them in the dark.
That is the distinction the IMF appears determined to blur.
The money under discussion is not a conventional rescue package. There is no serious reform program, no austerity framework, no restructuring of the institutions that helped bankrupt the country. Venezuela would simply exchange a portion of its accumulated Special Drawing Rights for hard currency, turning blocked reserve assets into roughly $346 million for earthquake recovery.
On paper, the purpose is unobjectionable: housing, infrastructure, hospitals, water, power, and public services.
On paper, Venezuela has had many excellent plans.
The problem is not whether the reserves belong to the Venezuelan state. They do. The problem is whether the people controlling that state can be trusted with hundreds of millions of dollars that can be moved quickly, awarded through opaque contracts, and hidden behind the familiar language of emergency relief.
They cannot.
Venezuela’s modern history is a record of public wealth converted into private power. Oil revenues vanished. State companies were hollowed out. Infrastructure collapsed while connected officials prospered. Contracts went to insiders, accounts disappeared from public view, and ordinary Venezuelans were told to endure another sacrifice for the revolution.
Now the same political class wants the world to believe that earthquake money will be different because the word “humanitarian” appears on the paperwork.
Why?
Who will control the accounts? Who will select the contractors? Will the names of beneficial owners be disclosed? Will every disbursement be published? Will independent auditors be permitted to trace the money from the IMF transaction to the actual road, hospital, apartment block, or electrical substation?
Those are not technical details. They are the entire issue.
Delcy Rodríguez calls access to the reserves a sovereign right. Fine. Sovereignty also carries responsibility. It is not a blank check, a secrecy doctrine, or a shield against scrutiny. A government that demands control over national assets must also account for how those assets are used.
The IMF should require segregated accounts, public tenders, named contractors, independent audits, milestone-based disbursements, and direct verification of completed work. No verification, no additional release. No public accounting, no legitimacy.
The earthquake victims need houses, clean water, functioning hospitals, and restored power. They do not need another fund laundered through political loyalists while the international community congratulates itself for acting quickly.
Venezuela’s reserves belong to the Venezuelan people.
That is precisely why Delcy Rodríguez should not be allowed to spend them without witnesses.
🚨🇺🇸🪖🇻🇪 Carlos Quintero Cuevas debe ser expuesto ante Venezuela y el mundo. Pocas personas han causado tanto daño desde las sombras: durante años ha tenido acceso a la sala de máquinas del sistema electoral, allí donde se manipula, se oculta y se secuestra la voluntad de millones de venezolanos. Está sancionado y señalado internacionalmente por corrupción electoral. Es una de las figuras más oscuras y peligrosas del aparato que nos robó el derecho a elegir. Estados Unidos, ustedes ya lo sancionaron y lo identificaron como una pieza de la corrupción electoral: búsquenlo, llévenselo. ¡Ni protección ni impunidad: extradición, juicio y cárcel!
Después de que @realDonaldTrump revelara los fraudes electorales en Venezuela, todo es de una esquizofrenia total.
Los propios responsables (hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello) desde hace 6 meses son los “representantes y gobernantes” de Trump en Venezuela.
Los roba gallinas cuidando el gallinero.
Fin de mundo.
El chavismo siempre fue una maquinaria criminal de fraude electoral sistematizado.
El sistema "perfecto" que defiende Delcy Rodríguez siempre arrojaba resultados alterados en la madrugada, buscando que la mayor cantidad de venezolanos ya estuviera en sus casas y dormida para mermar las protestas.
Con altos jefes militares y policiales corruptos, junto a colectivos armados, listos para la represión y con licencia para matar.
𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐚í𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢ó 𝐚 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐮𝐞𝐛𝐚
Las revelaciones presentadas por el presidente Trump iluminan una historia que Venezuela debe mirar completa: la de María Corina Machado y sus más de veinte años dedicados a preparar un país capaz de proteger la verdad de su voto.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Independientemente de las noticias que continúen sucediéndose, de las medidas que adopte Washington, de los documentos que aún puedan ser desclasificados, de las conversaciones que se anuncien o de los interlocutores circunstancialmente convocados a una mesa, no quiero que esta hora pase sin rendir tributo a María Corina Machado.
Lo hago por aquello que ya nadie puede arrebatarle, cualquiera que sea el desenlace de las próximas semanas: haber dedicado más de veinte años a la defensa del voto; haber recorrido el país cuando el desaliento parecía una humedad instalada en las paredes; haber reunido voluntades que llevaban demasiado tiempo viviendo de espaldas unas a otras; y haber conducido a Venezuela, junto a Edmundo González Urrutia, hacia una victoria electoral que pudo ser preservada, examinada y mostrada acta por acta ante el mundo.
Las declaraciones del presidente Donald Trump y la decisión de su administración de hacer públicos documentos de inteligencia han colocado bajo una luz nueva la prolongada degradación del sistema electoral venezolano. La Casa Blanca afirmó que la CIA había recibido información sobre un plan específico del gobierno de Nicolás Maduro para alterar digitalmente resultados electorales en 2020 mediante procedimientos concebidos para eludir las auditorías convencionales. Al divulgar esos informes, el presidente Trump ha abierto un espacio de transparencia que fortalece la discusión sobre la seguridad electoral y sobre las garantías que deberán acompañar cualquier proceso futuro en Venezuela.
El documento desclasificado reúne inteligencia seleccionada entre 2004 y 2020 acerca del interés del gobierno venezolano y de sus capacidades potenciales para manipular sistemas electrónicos. El propio informe incorpora cautelas analíticas que fortalecen su utilidad: distingue entre capacidades técnicamente posibles, planes reportados y alteraciones efectivamente comprobadas, y reconoce que algunas hipótesis no contaron con evidencia concluyente. El expediente, leído con rigor, muestra que el problema venezolano jamás estuvo limitado a una máquina, pues abarcaba el control del árbitro, el registro, las auditorías, la transmisión, la totalización y la publicación de resultados.
Dentro de ese nuevo marco, el trabajo desarrollado por María Corina Machado desde Súmate, la organización ciudadana de defensa electoral que cofundó en 2002, adquiere una profundidad todavía mayor. Al crearla, escogió un territorio político que parecía demasiado árido para producir liderazgo: el territorio de los procedimientos. Allí casi nunca hay balcones, himnos ni ovaciones; hay reglamentos, registros, centros de votación, cuadernos, testigos, auditorías, transmisiones y actas. Sin embargo, las autocracias contemporáneas suelen instalarse precisamente en esa letra menuda, porque han aprendido que resulta menos costoso conservar la escenografía de una elección que abolirla, siempre que puedan controlar las puertas por las cuales debe atravesar la voluntad ciudadana.
Mucho antes de que el mundo dirigiera su atención hacia María Corina, ella trabajaba en la formación de ciudadanos capaces de comprender el proceso completo y de observar aquello que el poder prefería mantener fuera del alcance público. Vista desde la distancia, aquella labor revela que su trayectoria política comenzó menos en el estruendo de la campaña que en la disciplina casi monástica de estudiar cómo una voluntad colectiva se convierte en un resultado verificable.
Ella se preparó para 2024 durante veinte años, examinando cada proceso controvertido como quien arma un expediente judicial cuya sentencia puede tardar una generación. Aprendió que una anomalía aislada suele ser explicada, que cien anomalías dispersas pueden ser desestimadas y que únicamente la documentación sistemática permite descubrir el dibujo escondido bajo todas ellas. Su liderazgo se formó en la paciencia del investigador, en la minuciosidad del ingeniero y en la memoria de quien sabe que el poder depende, muchas veces, de la fatiga de los demás.
Las sociedades sometidas durante demasiado tiempo desarrollan una psicología particular: empiezan a considerar inútil el esfuerzo antes incluso de intentarlo. Esa indefensión aprendida, estudiada durante décadas por la psicología, hace que la persona abandone la búsqueda de una salida porque las experiencias anteriores le han enseñado que ninguna acción modifica el desenlace. En Venezuela, cada elección cuestionada añadía una capa a esa convicción paralizante. María Corina comprendió que para recuperar la participación era necesario devolverle al ciudadano una sensación concreta de eficacia: una tarea que pudiera cumplir, una mesa que pudiera vigilar, un acta que pudiera proteger, una verdad cuya supervivencia dependiera también de sus manos.
El Premio Nobel de la Paz de 2025 reconoció su trabajo sostenido en favor de los derechos democráticos y de una transición pacífica. Aquel galardón otorgó solemnidad internacional a una obra cuya hondura millones de venezolanos conocían desde mucho antes, pues su liderazgo había sido labrado entre persecuciones, carreteras recorridas, colaboradores encarcelados, separación familiar y una obstinación casi mineral por devolverle significado al voto.
Cuando le impidieron inscribir su candidatura después de haber ganado ampliamente las primarias opositoras, María Corina tomó una de esas decisiones que revelan la categoría histórica de un dirigente: respaldó a Edmundo González Urrutia y puso al servicio de su candidatura la inmensa energía ciudadana reunida alrededor de su propio nombre. Había conquistado el derecho político a encabezar aquella elección y, frente al cerrojo institucional, convirtió ese capital personal en una empresa nacional. La autoridad que había ganado para sí terminó transformada en protección para la candidatura de otro.
Juntos lograron organizar un país desgarrado por el empobrecimiento, la persecución y el destierro. Miles de voluntarios fueron preparados para vigilar los centros, acompañar a los electores, permanecer durante el escrutinio, recibir las actas, fotografiarlas y ponerlas a salvo. La enorme desventaja material fue compensada mediante una estructura humana extendida por el territorio, hecha de ciudadanos comunes que aceptaron responsabilidades extraordinarias y comprendieron que aquella noche la elección no terminaría al depositar el voto.
Deténgase un instante en esa escena, porque allí vive la dimensión más conmovedora de lo ocurrido. En miles de centros electorales, bajo luces fatigadas y después de horas de tensión, alguna mano sostuvo un teléfono frente a una tira de papel térmico. Quizás pertenecía a una maestra, a un estudiante, a un comerciante, a una madre que llevaba años sin abrazar al hijo emigrado o a un hombre que había visto marcharse a toda su familia. Aquella persona fotografiaba nombres, cifras, porcentajes, firmas y sellos; en realidad, sostenía entre los dedos una pequeña porción de soberanía nacional.
𝐋𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢é𝐧 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐞𝐥 𝐯𝐨𝐭𝐨 𝐲 𝐞𝐥 𝐚𝐜𝐭𝐚.
María Corina organizó al país para impedirlo. La esperanza, tan vulnerable cuando depende únicamente del ánimo, adquirió cuerpo documental; la voluntad ciudadana pudo viajar desde una escuela rural hasta los archivos del mundo, mientras la victoria quedaba protegida por miles de personas que probablemente nunca llegarían a conocerse. El Centro Carter informó que los testigos opositores reunieron actas correspondientes a aproximadamente el 80 % de las mesas y que esos documentos mostraban a Edmundo González Urrutia con cerca del 67 % de los votos. La organización concluyó, además, que la elección no cumplió los estándares internacionales de integridad y que la negativa del Consejo Nacional Electoral a publicar los resultados desglosados por mesa constituía una grave vulneración de los principios electorales.
Esa fue la inteligencia decisiva de la operación: María Corina convirtió la movilización en cadena de custodia. Durante años se había pedido a los venezolanos que confiaran en denuncias difíciles de demostrar ante un Estado que monopolizaba la información; el 28 de julio, en cambio, la ciudadanía resguardó los comprobantes emitidos por las propias máquinas y consiguió que la verdad electoral sobreviviera fuera del recinto donde pretendían encerrarla.
La experiencia venezolana demostró que incluso un Estado capturado puede encontrar un límite cuando los ciudadanos aprenden a multiplicar los ojos, las manos y los archivos.
Ella convirtió el coraje venezolano en estructura; conectó al testigo de una mesa remota con el técnico que recibía el acta, al ciudadano dentro del país con quien seguía el escrutinio desde el exilio, y a millones de personas dispersas con una tarea común que cabía en un papel.
Pagó por ello un precio inmenso. La persecución judicial, la inhabilitación, el encarcelamiento de colaboradores, las amenazas, la clandestinidad y la separación de su familia acompañaron un itinerario capaz de doblegar a casi cualquiera. Sin embargo, su idea del futuro continuó incluyendo escuelas, prosperidad, instituciones, inversiones, familias reunidas y el regreso de los hijos, como si cada palabra fuera colocando desde ahora una viga de la República que todavía debemos reconstruir.
La información desclasificada ofrece una base más amplia para comprender los riesgos acumulados y para diseñar una reconstrucción electoral profunda, capaz de asegurar que las futuras decisiones de los venezolanos sean respetadas, auditadas y verificadas.
El documento de la CIA contiene numerosos nombres tachados, de modo que atribuir identidades a esas franjas negras excedería lo que la evidencia permite sostener. La trayectoria pública de Jorge Rodríguez, en cambio, puede examinarse sin especulaciones: presidió el Consejo Nacional Electoral, ocupó posteriormente la Vicepresidencia y distintos ministerios, dirigió estructuras políticas del chavismo y fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2018 como integrante del círculo de poder de Nicolás Maduro.
Ante semejante experiencia histórica, el país requiere mucho más que una renovación cosmética. Venezuela necesita un Consejo Nacional Electoral enteramente independiente, un Tribunal Supremo de Justicia recuperado para el derecho, un registro que devuelva a millones de emigrados su condición de ciudadanos políticos, auditorías accesibles, observación internacional plena, medios libres, candidatos sin proscripciones y resultados publicados mesa por mesa. Cualquier fórmula que conserve intacta la vieja maquinaria dejará abierta la posibilidad de repetir el despojo.
Rendir tributo a María Corina no exige convertirla en estatua ni sustraerla del debate propio de toda democracia. Exige reconocer la proporción exacta de su obra y evitar que la rapidez de los acontecimientos diluya su autoría entre quienes aparecieron cuando el trabajo esencial ya estaba hecho. Ella cohesionó un país entrenado durante años para desconfiar, cedió su candidatura sin entregar el mandato, organizó una elección bajo condiciones brutales y dejó a Venezuela la prueba material de su voluntad.
Mire otra vez aquella acta sostenida bajo la luz de un teléfono. Allí convergían la experiencia de Súmate, las heridas de 2004, las auditorías estudiadas, los testigos preparados, los exiliados atentos desde lejos y una mujer que se negó durante veinte años a concederle al poder el derecho de decidir, en secreto, qué había ocurrido dentro de las urnas. Aquel papel fue mucho más que un resultado: se convirtió en el título de propiedad de los venezolanos sobre su propio porvenir.
Cualquiera que sea el curso de los acontecimientos, esa obra ya pertenece a la historia.
La verdad ya aprendió a defenderse.
🚨 ¡La ironía del régimen en su máxima expresión!
Recordemos cuando Jorge Rodríguez, con su sonrisita cínica de siempre, juraba por VTV que las actas “estaban escaneadas y disponibles en la página del CNE para todo el mundo”.
¿Y el 28 de julio? Ni por el carrizo se atrevió a repetir la payasada.
Ahora nos toca reírnos nosotros… y pronto, y a carcajadas.
Paciencia, que la verdad siempre llega. 🇻🇪😂
#Venezuela #Fraude28J #JorgeRodriguez
Carlos Quintero debe salir del CNE.
Desde su ingreso al Consejo Nacional Electoral, el general Carlos Quintero ha sido una pieza clave de la estructura que controló y operó el sistema electoral al servicio del régimen. Su ascenso, desde militar activo hasta rector del CNE, estuvo respaldado por el chavismo, que lo promovió y protegió durante años.
Ahora que comienzan las mesas técnicas para la conformación de un nuevo CNE, su permanencia es incompatible con cualquier intento de recuperar la confianza en el árbitro electoral. No puede hablarse de renovación mientras quienes formaron parte del sistema anterior sigan ocupando posiciones de poder.
Hace cuatro meses anunciaron con bombos y platillos una página de “transparencia” para monitorear la plata que les entra.
No han hecho ninguna actualización desde el 13 de marzo ni permiten ninguna contraloría.
¿Ahora ellos quiere administrar el dinero para reconstruir La Guaira?
Han robado por 27 años y van a seguir robando mientras estén en Miraflores.
Por eso se tienen que ir del poder.
Uno como reportero puede pensar lo que quiera de Trump, tener todas las filias y fobias que desee, pero negar y menospreciar lo que los documentos de la CIA y la inteligencia desclasificados ayer demuestran de Rusia, China, Venezuela, etc. es ser un papanatas como periodista.
Maduro no es tan sofisticado para esto, el que conoce todos los pormenores de los fraudes electorales es Jorge Rodríguez y su hermana Delcy.
Jorge fue presidente del CNE en 2003 y Smarmatic llega a Venezuela en 2004 con la "tecnología digital electoral".
Maduro es solo la cabeza visible, los arquitectos de este ataque a la democracia estadounidense son Jorge y Delcy Rodríguez.
Marco Rubio necesita a María Corina Machado.
Incluso más que María Corina a Marco Rubio.
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Una conversación con @oppenheimera
Sobre EEUU y el futuro de Venezuela.
Democracia o cleptocracia.
@SecRubio@MariaCorinaYA
🇻🇪🗳️Trump acaba de revelar que la CIA llevaba años documentando la capacidad del régimen chavista para manipular elecciones mediante sistemas electrónicos.
El informe desclasificado recoge planes atribuidos al aparato de Chávez y Maduro para alterar resultados, sustituir datos reales por cifras manipuladas y hacerlo sin dejar rastros detectables en una auditoría convencional. También señala la implicación directa de organismos de inteligencia venezolanos y sus vínculos con la tecnología electoral.
La conclusión política es demoledora: el régimen del que hoy forma parte Delcy Rodríguez no solo persiguió a la oposición y controló las instituciones, sino que desarrolló herramientas para condicionar el voto y perpetuarse en el poder.
En algunos comicios, el chavismo pudo imponerse mediante el control institucional, el boicot opositor y la cooptación, sin necesidad de alterar masivamente los votos.