If I’m dating you, I’m choosing all of you the parts you love, the parts you struggle with, and the parts you’re still working on. I’m not just here for the easy or perfect sides of you. When you truly love someone, you embrace the whole person, flaws and all.
Si necesitas algo, Marco está en la puerta. — Tiene que encontrar al autor de la escena de anoche antes de que vuelva a intentar algo más.
Tiene que acabar con él.—
Hm... Ya ha elegido bando. — Bromea, un poco al menos, mientras logra quitarse poco a poco el miedo de encima. O eso intenta, al menos.
No es fácil, en cuanto vuelve a verse sólo en la habitación todo vuelve de golpe. —
Este pequeño traidor no va a querer venir conmigo. — Sacude la cabeza poniéndose en pie y dirigiéndose a la puerta. Tiene que estirarse un poco para quitarse la incomodidad del asiento.—
— Ríe, un poquito y con vergüenza, pero bueno.
Asiente con suavidad, un par de veces. — Gracias, yo... Bueno, si quieres llevarte al gato... En fin. Lo que quieras. Es tu casa.
Soy el último mono en esta casa, nadie me apoya. — Bromea con acento italiano e incluso haciendo el clásico gesto de la mano.— En fin, te dejo descansar.
Ya te he dicho que se me ocurrirá algo, no vas a estar de gratis. Encima de que me robas al gato. —Mira al animal, dándole un empujoncito juguetón que se cobra con un arañazo.—
Quédate hoy en la cama y te recuperas, casi morir es agotador. — Se encoge otra vez de hombros, como si estuviese familiarizado con la experiencia.
Mira a Aldo, ladeando una sonrisita.—
— Aún siente pequeños pinchazos por el abdomen, como un recuerdo constante de que no debe fiarse ni de su sombra.
Sin embargo, le debe a él poder pensar en ello. — Gracias...
Ya veré si puedo confiar en ti. — Observa la vergüenza en su rostro. No cree que él se fiase del italiano si supiera... sobre su pasado.—
Solo puedo ofrecerte lo que ves aquí. / E vendetta, se vuoi./
Yo soy la nobleza. — Murmura, con cierta vergüenza, desviando la mirada.
Están siendo muchas cosas que no sabe encajar. Se pellizca el puente de la nariz. — No sé qué... Voy a hacer ahora.
— No busca consuelo sino, más bien, respuestas.
Inspira, siempre pensó que era prescindible, pero no así. — Ya... Supongo que un estorbo menos para la corona...
— Y, de pronto, como si la realidad le hubiese dado de golpe, vuelve a buscar su mirada. — Pero no lo hiciste.
— Prácticamente lo único que puede ofrecerle es venganza.
Mantiene la mirada puesta en él, si hay algo que no sabe hacer es consolar, no se le da bien y siempre acaba haciendo el ridículo.—
A tu hermano solo le importa el poder y por el motivo que sea ha decidido que... eres+
— Siente que todo su mundo se ha descolocado y no sabe cómo recomponerlo. Ni siquiera sabe como colocarlo aunque sea a medias.
Inspira. — No... No lo entiendo.
Ya lo ha mandado. Alguien tuvo que... Manipular mi copa. — Murmura, encogiendose un poco de hombros.
Su mirada se posa en él, en ese gesto tan sutil. —
Si ya lo sabe le tocará venir o mandar a alguien, estaré preparado. — Sabe que la situación puede salirse de control enseguida, que va a tener que andar con mil ojos. Pero no es algo que no haga de normal.
Estrecha otra vez su brazo, un poquito.—
— ¿Lo pensará? Su hermano no es tonto, vaya que no. Frunce un pcpo el ceño, se siente tan abrumado que la cabeza le da vueltas constantemente.
Quizá pueda pasar... Desapercibido unos días pero sabe que William se acabará enterando si es que no lo sabe ya. — ¿Y... Si ya lo sabe?
— Asiente también, como si acabasen de cerrar un acuerdo.— Hasta que sepamos lo que hacer, lo mejor será que te quedes aquí... ahora pensará que estás muerto, así que por el momento estás a salvo.
— Puede quedarse allí, en la casa del hombre que iba a acabar con él pero no lo hizo ¿Por qué? Aún no lo sabe.
Asiente con suavidad, porque le parece la mejor opción, la única de hecho. — No sé cómo voy... No sé. William... Dios.
Lo sé. — De repente sabe que no se ha equivocado.
No suele ser el motivo de calma de nadie, de hecho cuando le ven aparecer siempre hay silencio y miedo palpable en el ambiente.— Puedes quedarte aquí.
— En medio de todas las vueltas que da su cabeza, en medio del miedo y de la sensación de opresión de su pecho, aparece él.
El gesto es sutil, pero le obliga a buscar su procedencia, a alzar la cabeza encontrándose con su mirada. — Mi hermano...
— Coge el teléfono para apartarlo y se acerca un poco más a él. Despacio apoya la diestra sobre su rodilla, mirándolo detenidamente y hablándole en voz muy baja.— Respira.
— Nada cambia el hecho de que su propio hermano quiera matarlo.
Coge aire, o lo intenta, no está seguro. Se estira del cuello de la camisa con la que se acostó la noche anterior y que llevaba en el avión.
Cierra los ojos con fuerza. — Joder... Joder.
— Detiene el audio por él. Sabe que no va a poder con ese temblor de manos.
Se incorpora y coge la bandeja con cuidado, quitándosela de encima para que no le resulte más agobiante todavía la situación.
Sobran las palabras, tampoco hay nada que pueda decir.—
— Es la voz de su hermano.
Casi siente que va a vomitar de nuevo, aunque ahora si que identifica el motivo a la perfección.
Le tiemblan las manos cuando intenta parar ese audio porque no sabe si sigue pudiendo con ello. El corazón le va a mil y siente, por un segundo,»
— Saca el móvil con un pequeño suspiro y busca el archivo.
No le cuesta mucho ya que es medianamente reciente, así que lo reproduce y deja el teléfono sobre la cama.
Las dos voces se escuchan, la suya y la de su hermano.—
Las necesito. — Porque no es que desconfíe de él, después de todo le salvó. Pero necesita confirmarlo, necesita estar muy seguro porque una cosa es creer que alguien ha atentado contra su vida, lo cual ya es difícil de digerir, y otra que ese alguien sea su sangre. —