“Un grupo de hackers "regala a España" los datos de 70.000 agentes del espionaje marroquí en plena crisis de Ceuta.”
Lo que queremos es que nos regalen la relación de todos los españoles que actúan en beneficio de Marruecos.
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Esto era en 1999, en 2026 los herederos siguen de juerga en el Rocío.
Más de 27 años de parranda. Desde la mayor de las envidias insanas doy desde aquí mi reconocimiento 🫡
Héroes!!
"Por qué los españoles que había sido el pueblo más religioso del mundo sé pusieron a odiar a Dios? lo fácil es echar la culpa al comunismo pero la culpa la tuvo la montaña de injusticias contra el pobre de una derecha rapaz"
Juan Manuel de Prada
El 22 de agosto de 1989, Juan Pablo II visitó Covadonga. Admirado por la Santa Cueva, exclamó: «¡Qué hermoso sitio!» y se arrodilló para rezar ante la Virgen. Describió Covadonga como la “esencia, altar mayor, latido de España y una de las primeras piedras de la Europa cristiana”
Las "razas malditas" de España (IV): los vaqueiros de alzada.
En el suelo de la nave central de la iglesia parroquial de San Martín de Luiña, en el concejo asturiano de Cudillero, una hilera de piedras transversales talladas en el XVIII corta la planta del edificio. Sobre la primera, grabado con cincel: NO PASAN DE AQUI A OIR MISA LOS BAQUEROS. Sigue intacta, y cualquiera la pisa a la entrada del templo y marcaba el límite hasta el cual los vaqueiros podían acercarse al altar. La parte delantera, con asiento, era para los 'xaldos', la gente de las aldeas y los vaqueiros se quedaban detrás, junto a la puerta. Aurelio de Llano, en un testimonio recogido en Luarca en 1930, dejó constancia de que en Santa Eulalia una baranda de madera separaba todavía hasta unas décadas atrás al vaqueiro del aldeano, y de que en el cementerio se enterraba a unos y otros aparte. Eran católicos los dos.
El rótulo razas malditas procede de la Histoire des races maudites de la France et de l'Espagne de Francisque Michel (París, 1847), y como en los casos anteriores va entre comillas porque ni hay raza ni hay maldición. Hay un grupo social asturiano especializado en ganadería bovina trashumante de larga distancia, cristiano y romance, cuya marginación se explica por la lógica económica del que se mueve frente al que se queda.
"Vaqueiro", en realidad, es exónimo. Ellos se llamaban a sí mismos vaqueros o vaquerus. El sintagma "vaqueiros de alzada" lo acuñó Jovellanos en su carta novena a Antonio Ponz, de 1793: vaqueiros porque vivían del ganado vacuno, y "de alzada porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas". La casa entera arriba en primavera y abajo en otoño. La realidad social es muy anterior al término: la primera mención aparece entre 1433 y 1435, en un recibo del conde de Luna a un grupo vaqueiro en ruta hacia Laciana.
La tradición decimonónica les atribuyó orígenes godos arrianos, mozárabes, bereberes, judíos, mongoles y gitanos, según el autor y según el siglo. Jovellanos ya advertía en el XVIII que los aldeanos echaban mano de cualquier procedencia infame para justificar el desprecio. La antropología del XX, en particular el trabajo de campo de María Cátedra Tomás entre 1970 y 1975, ha establecido que los vaqueiros son asturianos altomedievales especializados en ganadería trashumante de larga distancia entre los siglos IX y XIII, sobre la red de brañas y bustos ya documentada en la cartulación asturleonesa. Apellidos como Feito, Parrondo, Sirgo, Gayo, Berdasco o Calzón los identifican aún hoy en el occidente.
No pagaban diezmo en la parroquia de la marina en verano, ni en la del puerto en invierno, lo que enfrentaba al cura párroco con el grupo entero. Sin empadronamiento fijo, escapaban a quintas y repartos concejiles, lo que enfrentaba al vecindario. Pleitos por pastos, matrimonios entre vaqueiro y xaldo vetados hasta el siglo XX, vasos de cuerno en las tabernas y la estratificación operaba dentro del propio grupo: Uría Ríu documentó que en San Miguel de Villardeveyo, en Llanera, los Sirgo vaqueros se sentaban en lugar preferente respecto al resto porque eran hidalgos.
Las Cortes de Cádiz abolieron en 1812 la estructura formal de discriminación pero la social siguió. La trashumancia familiar entera empieza a desaparecer en los años cincuenta del siglo XX, cuando las pistas forestales rompen el aislamiento secular. La inscripción de San Martín de Luiña sigue allí.
Fotografía: una boda vaqueira en la actualidad.
Bibliografía recomendada:
– María Cátedra Tomás, Vaqueiros y pescadores: dos modos de vida, Akal, Madrid, 1979. Etnografía de campo, 1970-1975.
– Juan Uría Ríu, Los vaqueiros de alzada y otros estudios, Diputación de Oviedo, 1976.
– Gaspar Melchor de Jovellanos, Carta novena a don Antonio Ponz (1793), en Cartas del viaje de Asturias, KRK, Oviedo, 2003. Acuña el término.
"Si hay que hablar de reinas, y casi me debería poner de pie, hay que hablar de la reina más grande de la Historia de la humanidad, hay que hablar de la figura política más importante de la historia de España que no es un hombre. No es Carlos V, no es Felipe II. La figura política más grande es Su Católica Majestad, es Isabel."
D. Daniel Gómez Aragonés @Dgomezaragones presentando su libro "Reinas Godas".
El mismo pseudoargumento orteguiano de siempre: que es absurdo categorizar como un mismo proceso histórico a algo que dura 8 siglos y que tiene antibajos, reduciendo la idea de "recuperación" medieval a una mera ideología en su sentido más peyorativo +
En Asturias, Cantabria y el País Vasco casi todo el mundo era noble.
Suena raro dicho así, pero el censo de Castilla de 1591 analizado por Annie Molinié-Bertrand en edición del INE de 1985 lo deja claro. En la Merindad de Trasmiera, en la actual Cantabria, el 85,9% de los vecinos eran hidalgos. En Asturias el 75,9%. En Vizcaya la hidalguía era universal por el Fuero Nuevo de 1526, confirmada por provisión real de 30 de enero de 1590, y en Guipúzcoa lo mismo desde la sentencia del Consejo Real de 3 de febrero de 1608. Todos los vizcaínos y guipuzcoanos nacían nobles. Álava quedaba fuera del sistema de hidalguía universal, con un 25% de población hidalga. En Navarra tampoco se aplicaba el régimen vasco. La media nacional estaba en el 10%. En Córdoba y Madrid rondaba el 1%.
Cantabria todavía subió más con el tiempo. A mediados del siglo XVIII rozaba el 90% y en Castro Urdiales se llegó al 97,5%.
En esas zonas del norte ser hidalgo no tenía nada que ver con la imagen que hoy asociamos a la nobleza. El hidalgo asturiano, cántabro o vizcaíno era un campesino con apellido. Vivía en una casa de piedra con hórreo y trabajaba sus cuatro fincas para sacar adelante a la familia. En lo jurídico era noble, y los padrones lo distinguían del pechero, del que pagaba los tributos.
La concentración hidalga del norte tiene raíces históricas, demográficas y jurídicas entrelazadas. El norte peninsular nunca fue conquistado por los musulmanes. Asturias, Cantabria y Vasconia fueron los núcleos desde los que arranca la Reconquista tras Covadonga en el 722, y la tradición jurídica consideraba a sus habitantes descendientes directos de los godos que resistieron, y por tanto nobles por sangre. El terreno, pobre y de minifundio, con tierras difíciles donde el trabajo agrícola apenas daba para mantener a la familia, empujaba hacia esa condición porque la hidalguía colectiva permitía a sus habitantes participar en las empresas militares, administrativas y coloniales de la monarquía sin el estigma del trabajo manual. Los fueros medievales del norte reconocían además la condición hidalga con criterios flexibles, y el Fuero Nuevo de Vizcaya de 1526 la hizo universal por escrito.
El resultado fue una anomalía estadística sin paralelo en Europa. Felipe II mandó hacer recuentos fiscales en el siglo XVI y sus corregidores reportaron que de Asturias y Cantabria no se podía sacar apenas dinero, porque casi todos alegaban hidalguía y estaban exentos del pecho. La administración tuvo que buscar otras fórmulas fiscales para esos territorios.
Lo más determinante fue el efecto migratorio. Hidalgo pobre con apellido en tierra estrecha es hidalgo que emigra. Buena parte de los conquistadores, exploradores y altos funcionarios del imperio español vinieron del norte cantábrico. Juan Sebastián Elcano era vasco de Guetaria. Andrés de Urdaneta, vasco de Ordizia. Miguel López de Legazpi, vasco de Zumárraga. Pedro Menéndez de Avilés, asturiano. Las redes comerciales con América tuvieron alta proporción de capital cántabro y vasco. Las casas de indianos que llenan hoy Asturias y Cantabria son el rastro material de ese fenómeno.
La hidalguía colectiva del norte funcionó como trampolín. El hidalgo pobre de un valle asturiano no podía trabajar con las manos sin perder la condición, pero sí podía irse a América, al ejército o a la administración colonial con rango de noble. Y el imperio necesitaba cuadros.
Cuando en el siglo XVIII Carlos III empieza a erosionar el sistema con el llamado desmoche de hidalgos, más de trescientas mil personas pierden la condición entre 1768 y 1797. Las Cortes de Cádiz en 1812 y las reformas liberales del XIX acaban con los privilegios nobiliarios. El régimen jurídico se fue por el camino que se fueron las demás estructuras del Antiguo Régimen, pero la identidad que dejó tras de sí sigue viva hoy en los apellidos del norte, en las casonas blasonadas de los valles y en el orgullo de pueblos que nunca pagaron pecho al rey.
El discurso de León XIV en Yaundé marca un giro doctrinal-pastoral significativo.
El paradigma migracionista que ha dominado el discurso eclesial europeo durante las últimas décadas presentaba la migración como derecho humanitario casi incuestionable y la oposición a ella como falta de caridad, a pesar de que ya Francisco afirmaba que los Estados tienen derecho a establecer sus políticas migratorias.
León XIV invierte la perspectiva al hablar a los propios jóvenes africanos en su tierra, presenta la migración como tentación que conviene resistir y reivindica el deber de servir al país de origen.
Esto reconecta con la doctrina social católica tradicional sobre el arraigo comunitario y el salario familiar, que defendía que el desarrollo humano integral se da en el propio entorno cultural y nacional, no en el desarraigo.
El discurso identifica además dos problemas bien vinculados, la corrupción de las élites locales y la fuga de cerebros, que se retroalimentan. La emigración masiva de los jóvenes más formados consolida la corrupción al vaciar a los países de origen de los actores capaces de combatirla, y a la vez beneficia al capital de los países de destino que recibe mano de obra cualificada sin haber pagado su formación. Es el mismo análisis estructural que hace décadas formulan tanto la doctrina social católica como el análisis marxista clásico. Que llegue ahora desde el magisterio papal en territorio africano cambia el marco del debate.
Durante décadas España pudo llegar a Asia por el Pacífico, pero nadie sabía cómo volver, y sin ruta de regreso no había imperio global posible. Sería Andrés de Urdaneta quien resolvió ese problema, y con ello transformó el Pacífico en un océano navegable. Esto merece un hilo: