—Titi... ¿De qué pavo hablas? El único pavo que conozco es el que meto al horno por navidad... Y... No te diré «bro»... —por qué le diría así, de todas formas.
—¿Cómo que «bro»? Ya estoy mayor para que me digas así —RODAR OJOS DRAMÁTICAMENTE—. Puesss... Esa es mi graduación. ¿Por qué te crees que parezco el «Rickycarapolla» ese?
Cierra los párpados ante las dulces caricias que Mikael le otorga en el rostro. No son suficientes... Quiere más. Muchas más.
—Es curioso que entonces hayamos estado más cerca de lo que cualquiera pueda imaginar... —pausa—. Es caprichoso, el destino.
Acaricia, con suavidad, (»)
lo adora de esta forma.
Asciende los dedos sobre la tupida anatomía y traza cada pliegue y forma. Está... Simplemente encandilado.
—Te adoro, Mikael...
Sus labios besan los del hombre. Besos melifluos, llenos de amor... Pero siempre bajo la etiqueta de la amistad. ¿Debían (»)