Está bien cambiar. Está bien dejar atrás a quienes ya no caminan a tu ritmo. Está bien no volver a lugares que ya te quedan chicos. Está bien soltar viejas versiones de ti que ya no eres. No es retroceso: es evolución. Dejar atrás lo que ya no va contigo es un acto de amor propio.
Hay quien confunde diálogo con monólogo, solicitar con exigir, razonar con amenazar, ser uno mismo con ser insoportable y sensualidad o modernidad con vulgaridad.