Quisieron venderme la idea de que Dios solo se encuentra en una iglesia. Pero yo lo conocí en mi soledad, en mis miedos, en mi sufrimiento, pero también en mis procesos, en mis logros y en mis triunfos.
Le escribí a una amiga muy cercana, a quien incluso invité a mi graduación, después de dos meses sin hablar, para saber qué tal estaba y decirle que la extrañaba
Me respondió que no me consideraba su amigo
No lloré, pero desde entonces llevo media hora mirando la pared