La gente subestima cuánta sinceridad puede haber en una conversación en una plaza, en una noche fría y vacía, donde lo único que hay son dos corazones llenos de angustias y una caja de cigarros.
Este fin de semana solo estuvo en mi cabeza el autosabotaje: te susurra, se vuelve hábito y termina devorándolo todo. Normalizar, destruirte en silencio, perderte de a poco. No es normal vivir en guerra cada día. Y cuando lo entendí, sentí que ya me había consumido entera.