Me encontré esta foto en mi Facebook; es un rescatista israelí que estaba ayudando en la zona de avenida Álvaro Obregón cuando ocurrió el sismo de 2017.
Ed Sheeran’s band just walked off the tour and so did the openers. They wanted a political statement more than they wanted to play. Fine. Sheeran still has a stadium full of people who paid to hear songs. That’s what a true artist does. He puts the entertainment of others ahead of anything else, including activism.
Sheeran already said kids come to his shows for music, not a forum. That still holds, even more so now. Macklemore used Sheeran’s stage as a rally. Venues said they’d cancel dates. The promoter pulled him. Now the rest of the bill is quitting to prove a point. That’s their right, but it isn’t bravery. It’s leaving the guy who sells the tickets. It’s abandoning your job to satisfy your political propaganda.
Sheeran made music his priority. That’s why people show up. A band that would rather walk than play can book its own gig, if they can find one. Sheeran will find musicians who want to work and give fans the enjoyment of a song. That’s the point of going to a concert.
He aquí los hechos. Acompáñenme en este recuento para después llegar al análisis.
Había una vez, hace unas semanas y en un lugar muy cercano —México—, una convocatoria a una marcha nacional para el primero de agosto, con el objetivo de proteger la soberanía del país, supuestamente violada por el despojo del agua que estaría haciendo Israel en Chihuahua y por los contratos que ha firmado el gobierno estatal con empresas israelíes.
Una marcha “por Palestina”, “contra Israel”, “antisionista”, “en defensa de la integridad de México, como no se ha hecho con Palestina”, “si lo hacen en Gaza, lo harán en tu casa” y con todas las consignas de antemano conocidas en cualquier marcha que involucre a Israel, Palestina, Gaza y Medio Oriente.
Una marcha convocada para el mismo día, con las mismas peticiones, en por lo menos 26 ciudades del país: desde la CDMX, Monterrey y Guadalajara —lugares típicos de marchas anti-cualquier-cosa— hasta ciudades más pequeñas como Tepic, Matamoros y Tlaxcala.
La marcha —más bien, la convocatoria de la marcha— ha creado tal ruido que personajes, influencers y medios, tanto de derecha como de izquierda, la empezaron a promocionar. Creo que es el único punto de encuentro entre la izquierda rancia y la derecha añeja.
Pero bueno, esta no es la novedad. Es una señal de los tiempos.
Hace un par de días, sin embargo, la tuerca giró de una manera inesperada: tres organizaciones propalestinas nacionales se deslindaron completamente de la marcha.
Uno pensaría que, si es una marcha propalestina, las organizaciones propalestinas estarían incluidas o tomadas en cuenta.
Pero no.
Estas organizaciones no sólo se deslindaron, sino que recalcaron NO conocer quién está detrás de la marcha. Uno pensaría que, bueno, estas tres organizaciones no la organizaron, pero se conocen entre ellas y sabrán quién la convoca.
Pero no. No tienen idea.
Al revisar todos los anuncios y comunicados que convocan —NO a quienes simplemente los reproducen—, queda claro que no hay un convocante expreso, claro ni identificable.
Y he ahí la pregunta esencial: ¿qui��n convoca a la marcha?
Porque firma es fondo.
La respuesta se da con otra pregunta: ¿quién gana y qué gana con convocar una marcha de esta magnitud a nivel nacional?
Y ojo: no estamos hablando de cuál va a ser la presencia real en cada una de las más de 20 marchas. Probablemente, como en los últimos eventos de esta naturaleza, haya eyaculación precoz.
Lo que llama la atención es quién quiere hacer esta cantidad de ruido.
Hay una movilización nacional de coordinación poco transparente, varias organizaciones propalestinas se deslindaron y es legítimo preguntar quién la organiza y con qué finalidad.
Mi hipótesis no nace únicamente de que nadie firme la convocatoria, sino de una suma de indicios: la coordinación simultánea en decenas de ciudades; la uniformidad gráfica y discursiva de los materiales; la rapidez con la que ciertas cuentas comenzaron a difundirlos; la logística y la capacidad de movilización necesarios para articular un llamado nacional.
Ninguno de estos elementos, aislado, prueba la hipótesis. Pero juntos forman un patrón
Este es el modus operandi favorito del gobierno en turno (o de sus operadores en la calle): hechos tan manipulados que darían risa, difundidos al máximo, utilizados con fines políticos.
Con este ruido matan tres pájaros de un tiro.
Primero, le pegan, mediática y políticamente, a una de las pocas gobernadoras de oposición que hay en el país: Maru Campos, en Chihuahua, quien, dicho sea de paso, ya explicó su versión detrás de las “acusaciones”, para quien quiera escucharla detrás del ruido.
Una gobernadora que se ha enfrentado a Palacio Nacional en temas de seguridad y narcotráfico, y a quien tienen tachada de “traición a la patria”. Agregarle la acusación velada de “vendepatrias” —o vendeagua de la patria— no les viene mal.
Chihuahua, además, es un estado que va a tener elecciones el próximo año y que sería la joya de la corona entre los estados fronterizos con Estados Unidos. Hoy Morena no controla tres de los seis, dos de los cuales tendrán elecciones el próximo año, que Morena quiere sí o sí ganar.
Segundo, el ruido de la marcha desvía la atención de los verdaderos problemas del país. ¿Dónde est��n las marchas nacionales por las personas asesinadas y colgadas en la vía pública en Zacatecas? ¿Por las responsabilidades de Rocha Moya? ¿Por La Barredora? ¿Por la ausencia casi total de un sistema de salud digno, ya no digamos del nivel de Dinamarca, simplemente digno?
Acabado el Mundial, se necesita otro distractor nacional.
Y, tercero, es el modus operandi típico de Morena: la polarización como manera de gobierno; la polarización como fuente de la eterna juventud política; la polarización como sello de la casa; la polarización como el juego del mago que distrae la mirada para esconder la moneda.
¿Son marchas orgánicas de la sociedad civil? Lo dudo. No porque la sociedad civil no se pueda organizar —lo ha hecho y ojalá lo hiciera más—, sino porque el modo, el tema y la forma son exactamente los utilizados por el gobierno.
Pero, parafraseando el dicho, la culpa no es del guinda, sino del que lo hace su compadre.
El poder puede impulsar la polarización, pero la ciudadanía es responsable de no reproducirla acríticamente.
Morena puede aventar la piedra para matar tres pájaros de un tiro, pero los culpables seremos nosotros si no somos lo suficientemente pensantes, congruentes e inteligentes para no estar en el blanco.