Creo que he visto tantos horrores ya y gente que en su mísera vida ha sabido una mierda de mi país opinando con la maldita raja del culo, que llegué a un punto en que casi me desensibilicé. Llega un punto en el que el dolor te entumece y uno se disocia como mecanismo de defensa.
También hice este tweet a inicios de año y también lo sigo sosteniendo a mitad de año, excepto por la parte de ser “casi gracioso”, ya ni eso. La experiencia venezolana es simplemente insólita, catastrófica, dolorosa y distópica.
Pensando en cómo nunca me quité la banderita del nickname desde 2024 aunque nadie nos parara bolas; no era solo para indicar de dónde vengo, sino una minúscula forma de protesta, una declaración permanente de “hey, aunque nos olviden, aún seguimos en guerra.”