LA NATURALEZA NO ES UNA PLAGA. LO QUE FALLA ES NUESTRA FORMA DE ENTENDERLA.
Resulta curioso cómo cambia el discurso según quién desempeñe cada función en el monte. Cuando el ganado doméstico consume vegetación, hablamos de prevención de incendios y de conservación del paisaje. Pero cuando lo hacen los herbívoros silvestres, enseguida aparecen las etiquetas de sobrepoblación, plaga y la exigencia de abatirlos mediante la caza.
Y cuando hablamos del lobo ibérico (Canis lupus signatus), el único gran depredador terrestre capaz de contribuir a regular naturalmente esas poblaciones, también se le convierte en enemigo y se reclama su eliminación.
¿De verdad queremos montes equilibrados o solamente una naturaleza que se comporte según nuestros intereses?
Los herbívoros cumplen una función ecológica, los grandes depredadores cumplen otra y la ganadería extensiva también puede contribuir al mantenimiento del paisaje. No son piezas enfrentadas por naturaleza: son elementos que, bien entendidos, forman parte de un sistema complejo en el que cada especie desempeña su papel.
El problema aparece cuando pretendemos decidir qué animales sobran sin considerar las consecuencias de alterar las relaciones entre ellos. Reducimos poblaciones de herbívoros porque supuestamente son demasiados, perseguimos a sus depredadores naturales y después nos sorprendemos cuando los ecosistemas pierden equilibrio. Intervenimos una y otra vez para corregir los efectos de nuestras propias decisiones, sin cuestionar el origen del problema.
La prevención de incendios necesita planificación, aprovechamiento responsable de los recursos, actividad ganadera bien planteada y conservación de la biodiversidad. No basta con defender una especie cuando nos resulta útil y perseguirla cuando deja de convenirnos.
La naturaleza no necesita que exterminemos todo aquello que nos incomoda. Necesita que dejemos de romper los mecanismos que la mantienen viva.
Porque un monte sano no es un monte sin lobos, sin ciervos, sin corzos ni sin ganado. Es un territorio donde la actividad humana respeta los límites ecológicos y donde cada especie puede cumplir su función.
El verdadero problema no es que la naturaleza tenga demasiadas piezas. Es que nos empeñemos en decidir cuáles deben desaparecer para que todo encaje en nuestros intereses.
Vaya! Mira que ya ni me extraña, aunque es un escándalo esto 👉🏽 El juez archiva la causa de los pozos de la Casa de Alba junto a Doñana https://t.co/aQD3RAf3sW
La Generalitat Valenciana autoriza la caza y muerte de 10.000 Zorros al año, según indica el Grup d’Estudi i Protecció dels Rapinyaires, ésto neutraliza el papel ecológico fundamental que tiene el raposo como regulador natural de los ecosistema
https://t.co/MiaPQMLnDT
“SI NO QUIERES LOBOS, NO QUIERO TU QUESO NI TU CARNE”
Puede resultar incómodo. Puede molestar. Pero hay debates que necesitan dejar de envolverse en eufemismos.
Si no quieres lobos en el territorio, si pretendes reducir su población hasta dejarla en el número que consideras “aceptable”, si cada manada es vista como un problema y cada lobo como un animal prescindible, entonces hay algo que debemos cuestionar:
¿Qué clase de naturaleza queremos conservar?
Porque el monte no es propiedad exclusiva de nadie.
El territorio no puede convertirse en un espacio donde las especies salvajes solo puedan existir mientras no incomoden a determinados intereses.
Y en Asturias, este debate adquiere una dimensión especialmente preocupante.
El @GobAsturias vuelve a apostar por el control letal del lobo y ha anunciado actuaciones que podrían terminar con la muerte de hasta 67 lobos a partir de septiembre.
67.
No son 67 cifras en un documento administrativo.
Son 67 animales.
67 individuos que pueden ser eliminados deliberadamente de una población que ya está sometida a fragmentación, mortalidad y otras amenazas.
Pero hay algo todavía más preocupante.
Para justificar las actuaciones letales contra el lobo, la @MRuralAsturias , con @Marcelotineo al frente, se apoya en unos datos poblacionales que han sido objeto de fuertes cuestionamientos.
Censos inflados que, como mínimo, deberían ser sometidos a una revisión científica independiente y rigurosa.
Porque si se parte de una población artificialmente sobredimensionada, el resultado es perverso: cuantos más lobos aparecen sobre el papel, más fácil resulta presentar su eliminación como una actuación asumible.
Primero se infla la cifra. Después se utiliza esa cifra para justificar la muerte.
Y así se construye un relato administrativo en el que matar lobos parece una decisión técnica inevitable.
Pero la ciencia no puede funcionar al revés.
Los datos deberían servir para proteger y gestionar correctamente las poblaciones, no para fabricar el margen necesario para eliminarlas.
Por eso la pregunta es inevitable:
¿Cuántos lobos hay realmente en Asturias?
Y, sobre todo:
¿Qué garantías existen de que las cifras utilizadas para justificar estas actuaciones reflejan fielmente la realidad?
Porque gestionar una especie protegida o amenazada exige rigor.
Exige transparencia.
Exige metodología científica.
Y exige que las decisiones de matar animales no se apoyen en cifras cuestionadas, infladas o sobredimensionadas.
El lobo no es una anomalía.
No es una especie invasora.
No es un elemento ajeno al paisaje.
Es naturaleza. Es patrimonio natural. Es parte del ecosistema.
Y su presencia no debería depender de la voluntad política de turno.
Lo verdaderamente preocupante es que la muerte de lobos pueda terminar normalizándose como una herramienta ordinaria de gestión.
Hoy son 67.
Mañana pueden ser más.
Y cuando aceptamos que eliminar animales salvajes es una solución válida cada vez que generan conflicto, el límite deja de marcarlo la ciencia y empieza a marcarlo la conveniencia.
Eso no es conservación.
Es adaptar la naturaleza a nuestras preferencias.
Queremos territorios vivos.
Queremos ecosistemas funcionales.
Queremos biodiversidad.
Y queremos que el lobo siga formando parte de ellos.
No queremos un monte vacío de grandes depredadores para que resulte más cómodo.
Queremos un territorio donde la fauna salvaje tenga derecho a existir.
Porque el lobo no necesita que lo toleremos cuando nos conviene.
Necesita que dejemos de tratar su existencia como un problema que debe resolverse a tiros.
Por eso, ante los 67 lobos que podrían morir a partir de septiembre, la pregunta no es cuántos estamos dispuestos a perder.
La pregunta es:
¿CUÁNTOS LOBOS TIENE QUE MORIR PARA QUE ENTENDAMOS QUE ESTO NO ES CONSERVACIÓN?
🐺 67 lobos. 67 vidas. Una decisión política.
Tus negacionistas de cabecera nunca defraudan 👉🏽 Vox descartó este verano aplicar un tratamiento antiincendios en la Devesa del Saler que ha arrasado el fuego https://t.co/r5zXDvEGKf
Cuando en un incendio forestal de apenas 30 ha se moviliza a la #UME, el dispositivo Valenciano de Emergencias ha tocado fondo definitivamente.
Con pena, comprobamos en el #IFValencia una nueva muestra de lo que llevamos años denunciando y demandando:
(Abrimos HILO):
El fuego no siempre es una catástrofe ecológica pero, para entender qué representa realmente un incendio , debemos saber de ecología.
Marc Castellnou (@incendi) nos cuenta cómo mirar a un bosque quemado. Puedes ver el cortometraje entero en: https://t.co/OL0l8bvG7M
Un artículo de opinión de Luis Navarro, catedrático de Botánica de la Universidad de Vigo, en el que expresa una crítica muy dura hacia determinados discursos sobre los incendios forestales y la gestión del monte. El título, deliberadamente provocador, busca denunciar lo que considera simplificaciones y desinformación en el debate público.
No hacen falta más consignas ni más eslóganes. Los incendios forestales no se combaten con relatos simplistas, sino con conocimiento, gestión ecológica y políticas basadas en la evidencia.
Reducir el debate a "limpiar el monte" o convertir cada verano en una guerra ideológica solo sirve para ocultar las verdaderas causas y retrasar las soluciones.
Los bosques son ecosistemas complejos, no terrenos abandonados a la espera de una excavadora. Proteger su biodiversidad, recuperar los usos compatibles del territorio, prevenir las igniciones y gestionar el paisaje con criterios científicos es mucho más eficaz que alimentar mitos.
Menos propaganda. Más ciencia. Más conservación.
👉🏻A la mierda! Váyanse ustedes a la mierda.
https://t.co/1AjLbMrlAV
Buenos días. Está circulando esta tabla por redes. Todos los datos de esa tabla (menos los de una estación), son falsos.
Había observatorios que ni existían en 1951.
#Fake#Falso#Bulo#Mentira#Desinformación
Gracias Franco por llenar nuestros montes de monocultivos de pinos propensos a los incendios, que acidifican los suelos y contribuyen a la desertificación y desaparición de especies autóctonas 🤩. Sois subnormales, de verdad.
🔴“No dejan limpiar el monte” dicen los expertos del Tik tok y los buleros de la fachosfera: la realidad a simple vista y explicada por alguien del campo, en este video.👇🏼
El mal llamado matorral es un ecosistema clave para la biodiversidad. Lejos de ser un terreno improductivo, ofrece refugio y alimento a numerosas especies, protege el suelo, favorece la infiltración del agua, captura carbono y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.
La ley no permite limpiar el bosque. Falso.
Los ecologistas no quieren que se limpie el bosque. Falso.
Todo está en la ley de 2003.
Greenpeace lo explica aquí: https://t.co/Wk5YeecEl9