Mañana se viene un partido bravo. Y justo por eso vale la pena hacer una pausa.
Hace no mucho, la cosa entre el equipo y la afición estaba fría. Incluso en Estados Unidos, donde México juega como en casa, hubo partidos con entradas bastante flojas. No había ilusión.
Hoy la cosa pinta diferente.
Más allá de los resultados, Javier Aguirre logró algo que no sale en las estadísticas, volvió a unir al grupo y a reconciliar a la selección con su gente. Y eso, es un logro gigante.
Este equipo también ha respondido en la cancha, volvió a competir, recuperó protagonismo y llegó a este Mundial con un grupo sólido e invicto en la primera fase.
Aguirre tiene ese don de levantar equipos que parecen perdidos. Ya lo había hecho antes y lo volvió a hacer.
El “¿y si sí?” corre el riesgo de convertirse en el nuevo “sí se puede”, el nuevo “échale ganas”, ese atajo que muchas veces usamos para evitar ver las cosas con objetividad.
Reconozcamos dónde estamos parados, valorar el camino recorrido y, desde ahí sonreír.
La ilusión no tiene por qué estar peleada con la objetividad. De hecho, cuando nace de ella, suele ser mucho más fuerte.
Hola, soy Tomy, ayer fui perseguida por una jauría de perros. Tenía mucho miedo, me metí a una casa y una señora me ofreció refugio.
Desde anoche me dieron un espacio seguro para mi solita, me acompañaron el sueño, me ofrecieron agua y comida.
Tengo un poco de miedo cuando