Son salvajes, incumplen las reglas y cuando se les castiga reaccionan como bestias que creen estar por encima del bien y del mal. Si echáis la vista atrás todos los partidos que pierden los acaban igual, fuera de sí, completamente desquiciados.
Definitivamente, Affengruber juega con smoking. Llamar al alcalde para anunciar su fichaje tocando el piano parecía exagerado. Pero realmente lo debería haber recibido tocando el órgano de Santa María. Súper clase.